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01-15-2003, 05:08 AM
EL SODALITIUM CHRISTIANAE VITAE (SCV): UNA SECTA FANÁTICA POR LOS CUATRO COSTADOS
ACERCAMIENTO PSICO-FILOSÓFICO AL PENSAMIENTO SECTARIO DE FIGARI
Por Jose Maúrtua
J_maurtua@yahoo.com
He podido recibir, a modo de generoso donativo, una buena cantidad de libros de la Secta SCV de parte de un muy amable periodista de quien me abstendré de dar su nombre a menos que él me lo permita. ¡Muchas gracias por ello! Esto me permite analizar con mayor detalle el comportamiento de la secta. Lo que sigue es un análisis a través de los textos, en este caso de “Misión y Fraternidad” de Luis Fernando Figari, líder de esta secta .
1) EL LÍDER DE LA SECTA CONOCE A DIOS, SU PLAN Y SU PEDAGOGIA
A continuación vamos a analizar varios de los rasgos de secta fanática que posee el Sodalitium Cristianae Vitae a través de las páginas de uno de sus textos escrito en 1983 por Figari. Podemos notar que el líder habla de la dinámica de la pedagogía de Dios.
Analizando la primera frase: “Un año más ha transcurrido y como los diez anteriores ha estado signado con la dinámica de la pedagogía de Dios”- Misión Y Fraternidad, p.3
Contiene tres proposiciones:
Dios existe (1)
Dios tiene una pedagogía (2)
Figari conoce esa pedagogía (3)
Sobre la afirmación uno es un asunto noumenico, está más allá de la experiencia si dios existiera, no podríamos comprobarlo porque es un asunto que no es verificable. No es comprobable. El dichoso Sr. Figari dice que “hay una Pedagogía de Dios”. ¿Y cómo sabe si nadie puede verificar a Dios? El dice saberlo con el mayor desparpajo. Como puede saber que Dios tiene una pedagogía, ello implicaría que él conoce lo que no se puede conocer y solo él y los de su grupo de “iluminados” que están cerca de dicha pedagogía. Solo así en la lógica del fanático “iluminado” por ideas que solo él tiene afirma tajantemente que van diez años con la dinámica de la pedagogía de Dios.
2) FIGARI, COMO TODO FANÁTICO, “VATICINA” EL RECHAZO DE LA SOCIEDAD O SEA “DE LOS OTROS QUE NO SON DEL MUNDO DIVINO” Y QUE NOS CALUMNIAN “PORQUE NO NOS ENTIENDEN”.
Todo fanático suele anteponer el parche antes de que salga el chupo. Y les dice a los seguidores ya fanatizados y por fanatizar que “ellos van a ser calumniados”. Y sacraliza sus palabra alegando que es “una promesa del Sr. Jesús”. Figari no es la excepción.
A renglón seguido en la página 3 se cubre las espaldas afirmando: “También en este nuevo período que culminamos podemos sentir vibrante la promesa del Señor Jesús:
“Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros (Mt 5, 11-12)”.
Este es un mecanismo psicológico. Si nos critican, no importa. Ustedes están bien. Lo dice “la palabra de Dios”, el fanático así da visos de divinidad a cualquier crítica y más bien fortalece la creencia ciega en el líder y la secta. Es sumamente sencillo. El líder fanático, sabe que va a ser criticado y entonces ya se prepara con un “ataque”, la palabra de “la Biblia” o la “Santa Palabra”. Queda entonces como los mártires mal comprendidos y da un aire de martirologio al fanatismo de la secta.
3) DIVISION DE LA REALIDAD EN “LOS BUENOS”: LOS DE LA SECTA, Y LOS MALOS: EL RESTO Y LOS CRITICOS.
Como todo buen fanático Figari divide la realidad en dos esferas: El Sodalitium como el verdadero mundo: el de los buenos. El mundo de los críticos o los que no son del mundo sagrado: es el mundo malo.
Toda secta recurre a la sacralización de su comportamiento y la profanación de los críticos. Nosotros los buenos, ellos los malos. La realidad no puede ser compleja y libre; por el contrario la realidad se divide en ellos y los otros. Punto.
Y así lo afirma cuando escribe: “La animadversión de aquellos que son del “mundo” y viven según sus cánones no debe ser nunca motivo de perturbación (nuevamente pone el parche antes del chupo) para nosotros, menos aún de sorpresa”. Y lo refuerza con la siguiente frase: “la hostilidad de un cierto mundo no es mala señal, todo lo contrario”.
Divide de allí a los críticos. Los bienintencionados (católicos que no se creen su rollo) y los no católicos que no los “comprenden”. Y a los últimos (afirma Figari) “nunca se les debe prestar oídos” (p.5). Con eso cierra toda discusión. Como todo fanático sólo cabe el diálogo con los afines, con los que le pueden hacer críticas más sólidas, no hay que conversar.
4) El SODALITIUM COMO EL OPUS DEI ES UNA SECTA SADO MASOQUISTA Y EL MASOQUISMO ES UTIL PARA OLVIDAR .
Las palabras de Figari así lo atestiguan: En la página 5 anuncia: “Cuando se presenta alguna situación en que somos perseguidos por nuestra adhesión al Divino Plan (¿cuál es ese? Habría que preguntarle al iluminado), debemos sentirnos invitados a vivir la mortificacion y la paciencia.
5) EL FUNDAMENTO DEL SODALITIUM ES LA RUPTURA DE LA FAMILIA
Figari es consciente de que va a destruir familias con el accionar de su secta fanática, por eso advierte, a los que ya están adentro y no antes: “la hostilidad del mundo es un factor con el que la comunidad ...tiene que contar a la hora de llevar a cabo su misión. De hecho las vocaciones se han encontrado frecuentemente con la hostilidad inicial de la propia familia (por qué será, no?) por lo incomprensible que resulta este género de vida. Las desavenencias familiares han lacerado el corazón de no pocos”.
Aquí Figari está reconociendo que su "misión" va a llevar a la incomprensión de la famlia del miembro que ha sido robotizado por su secta y para darle un carácter de importancia le llama a esto "cnbtradicción sagrada", una "sagrada señal".
Así Figari en p. 6 afirma: “Las contradicciones por el servicio del plan de Dios son una señal”. (p.6). Con esta frase pretende dar carácter divino al sufrimiento de la familia afectada y hacerle creer al capturado cerebral que es parte del “Plan Divino” y no sospeche que es parte del Plan de la Secta.
6) EL SODALITIUM ROBOTIZA NO SOLO INDIVIDUOS, TAMBIEN MATRIMONIOS
Para estos fanáticos el matrimonio no es un asunto de la pareja sino un asunto de un “Plan Divino”, plan divino que resulta siendo el plan de la secta sin lugar a dudas.
Es decir no sólo se contenta con arruinar la vida de la persona sino de los casados. (¡Qué cosa tan aberrante!)
Figari así, afirma: “Como laicos llamados a la santidad en el matrimonio, constituyen una presencia dialogal y de testimonio en un mundo que tanto lo necesita”. Es decir, la pareja debe “dar testimonio” de su “santidad” al “mundo”. No olvidemos que el mundo es el del Sodalitium según el fanático Figari. Y deben dialogar sólo con los miembros de la secta. Los demás serán olvidados (así lo dijo Figari). O sea, ya casados siguen el Plan de la Secta para la secta.
7) SCV ES UNA SECTA ASCETICA QUE NO DICE SUS INTENCIONES DESDE EL PRINCIPIO ESTO LA HACE INESCRUPULOSA..
Por lo que sabemos, los muchachos y muchachas reclutados por el Sodalitium no se les dice: “Oye, sabes que?: Estás de acuerdo con llevar una vida de renuncia al mundo normal, o sea, una vida ascética?”. El Sodalitium como otras sectas no recluta gente preguntándole si desea llevar una vida ascética; sino que manipula voluntades cuando los jóvenes están en etapa adolescente y crean las coyunturas para irlos insertando. Esto se le llama captación para la secta. Por ello, como toda secta, es una institución miserable sin escrúpulos porque engaña en su operar.
Cuando ya están adentro les dicen: Figari p.11: “La concreción de la vocación fraternal en comunidades de vida en común, su creciente maduración bajo la guía de María y la dirección y estilo que apuntan, son realidades que nos llenan de regocijo, entre otras causas porque en ellas se descubren ecos de las comunidades primitivas, de la fraternidad de los cenobios, de las numerosas formas de vida asociativa que el espíritu santo ha suscitado a través de los siglos”.
Aquí se ve el carácter típicamente medieval de la secta. Pretende ser como las comunidades de monjes. Pero así no se presentan a los jóvenes, insisto. A nadie le dicen ¿Quieres vivir como hace mil años laborando y orando en una comunidad de San Bartolo como lo hicieron San Fulano o San Sutano? No, lo hacen porque se quedarían sin gente y prefieren recurrir a métodos psicológicos manipulatorios “más efectivos”.
Conclusiones:
1) El Sodalitium Christianae Vitae es un secta fanática, retrógrada, en la que impera el masoquismo y el sadismo y es cerrada a las críticas, porque las críticas, según su líder, hay que ignorarlas y olvidarlas.
2) El Sodalitium posee en su operatividad los mismos mecanismos que cualquier secta a nivel mundial. Usan incluso el sadomasoquismo como terapia.
3) El Sodalitium tiene a la destrucción de la familia básica, o cualquier variante, como objetivo primordial para poder captar adeptos.
4) El Sodalitium es una secta peligrosa, destructiva e inescrupulosa. Se recomienda a los padres de familia tener cuidado con esta secta.
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01-15-2003, 05:39 AM
Pedro Salinas
MATEO, CAPITULO DIEZ
Este año (2002) publicó "Mateo Diez", novela que parece inspirarse en su experiencia personal en el Sodalitium Christianae Vitae. Pedro Salinas, el multifacético periodista y analista político, se anima en esta entrevista a dar su opinión y testimonio sobre el SCV. Salinas fue un sodálite y cuenta aquí su accidentado paso por la polémica organización.
Entrevista Miguel Ángel Cárdenas
Había leído el artículo sobre el Sodalitium que publicamos la semana pasada. Y le había parecido "bueno, recoge un testimonio que no se puede soslayar". Su libro "Mateo Diez" retrata a un personaje con ese nombre que se involucra con la secta ultramontana La Milicia de María Duce, fundada por José Hernando Ferrari. Pedro Salinas fue parte del Sodalitium Chstianae Vitae durante toda una década (79-89) y cuenta que Luis Fernando Figari había establecido como emblema desde esa época el texto bíblico de Mateo, capítulo 10, que dice: "No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará".
La novela fue un exorcismo, comenta. Pero no tengo nada visceral contra el SCV, precisa. Aunque -pregunta en voz alta- ¿cómo puede existir una organización religiosa que te haya hecho dormir en las escaleras, que te haya quemado los brazos para probar tu fe, o que te haya obligado a nadar en la madrugada hacia una isla a más de 400 metros con el frío, la neblina y en la oscuridad?
-¿Cómo te vinculaste con el SCV?
-Yo estaba en el colegio San Agustín, tenía problemas en mi casa, problemas de conducta en el colegio y estaba a punto de que me expulsaran. Los conocí por medio de Jaime Baertl y Luis Cappeleti que entraron al departamento de OBE para organizar un retiro de confirmación.
-¿Qué te llevó a unirte a ellos?
-El retiro más que un fin de semana para rezar o reflexionar en torno a citas bíblicas, tenía un cariz bastante psicologista. Las dinámicas de grupo apuntaban a trabajos de introspección, a cuestionamientos de ti mismo y de tu entorno amical, que hacía que tú emplazaras a los amigos que no te caían bien. A su vez todos los que formaban un subgrupo de trabajo te decían en tu cara tus defectos. Tú sentías que descubrías un mundo nuevo, que te conocías. Paralelo a ello, los organizadores del retiro se te acercaban para decirte: ëoye, tú eres un tipo de primera, te he estado observando, tienes muchas cualidades, capacidades, eres un líder, con gente como tú podríamos incluso cambiar el mundoí. Y tú a esa edad sientes que levantando las manos puedes tocar el cielo, te levantan el ego y te embarcas en la cosa romántica, idealista. Te atrapa.
-En tu libro se narran sobrecogedores abusos y humillaciones de gente con defectos físicos, con debilidad de carácter.
-Le quitaría el encanto a la novela si digo que todo es realidad, yo sigo sosteniendo que es ficción. Pero mi experiencia personal en San Bartolo fue bastante cruel, dura, los momentos de soledad son terribles y el rigor y la disciplina fueron sumamente crueles e insoportables. No sólo por los ejercicios, si entras a una escuela militar vas a pasar por esto. Pero hay detalles personales que sí te afectan. Cuando violaban tu correspondencia y te entregaban abiertas las cartas de tus padres o tus amigos. O cuando tus diarios personales eran "estudiados" por superiores y no podías enfrentárteles porque la obediencia llegaba a niveles enfermizos.
-¿Perdías tu individualidad?
-Uno de los capítulos del reglamento de la comunidad era: "el espíritu individualista es muerte para la comunidad". Significaba que no podías tener ideas propias, que no podías tener sentimientos distintos a los del resto. Todos teníamos que vestirnos igual: camisa celeste con botoncitos, pantalones azules, zapatos negros, cortes de pelo igual. Había uniformidad de pensamiento, de sentimiento y de acción, una fábrica de robots.
-¿Qué te llevó a rebelarte después de todo?
-Yo detestaba pedir permiso para todo, hasta para comprar en la bodega, no poder leer periódicos, no escuchar la radio, ver Tv.
Habían lecturas ërecomendadasí y si te interesaban otras tenías que pedir permiso. Si tú ingresas a una de estas comunidades estás optando por el celibato de por vida. Una de las cosas que te decían era que el casado no era un sodálite de verdad, era de segunda categoría, era parte de la tropa, los verdaderos sodálites eran los que vivían en las comunidades. Te alimentaban la vocación guerrera, además el adoctrinamiento físico es para neutralizar la libido (...) El Sodalitium de alguna manera te expropia parte de lo más valioso que has tenido, que es tu adolescencia. Y eso no lo vas a recuperar nunca más.
-¿Y la relación con tu familia también fue castrante como denunciaron los padres la semana pasada?
-Fue traumática. Una vez mi madre me va a visitar y no me encuentra. Recién cuando ella se va, yo me entero de que había estado allí y simplemente no me quisieron avisar. De pronto en el momento que eres un fanático lo entiendes porque vives bajo la lógica del capítulo 10 de Mateo que es brutal. Figari nos explicaba que a los ojos del mundo nosotros parecemos marcianos, inhumanos de repente, pero bajo la lógica de Dios nos acercamos a él. Con mi generación en San Bartolo se experimentó mucho porque sobre la base de nosotros se construirían los pisos siguientes. No sé si seguirán los maltratos allí, (...) No es tanto un ëlavado de cerebroí lo que hacen, sino que el alejamiento de tu familia es gradual, más sofisticado. El alejarte afectivamente de tu entorno más cercano era una manera de negarte o renunciar a ti mismo, de matar al hombre normal que anidaba en ti y dar lugar a un hombre nuevo, con una desaprensión respecto de emociones y afectos, que te hacía más recio, de un acero distinto al resto. En todos los casos, el único que nunca se destetó fue el propio Figari que siempre vivió en la casa de su padre.
-¿Puedes describir a Figari?
-No es un tipo carismático. Te cae mal con sus comentarios sarcásticos, razón por la cual tiene un perfil bajo, y dirige todo desde Santa Clara frente al hotel El Pueblo. Son otros quienes le dan un rostro más cordial a la organización, sus alfiles. Sin esto no se explicaría su crecimiento, en su momento eran sólo 50 personas. Siempre se buscó el culto a su personalidad, lo veías como a un gurú, un casi dios. Es un tipo inteligente, articulado, monotemático absolutamente, le encanta el juego del psicologismo, tratar de adivinar lo que estás pensando, hacer sentir mal para ver cómo reaccionas y medirte, su juego favorito (...) Tengo amigos que fueron a la casa de Figari y se sorprendieron de encontrar casetes de marchas nazis. A mí una vez me prestó sus casetes de marchas españolas carlistas, requetés y húngaras por una semana.
-¿Qué tan cierto es que se trata de una organización ultraconservadora?
-El SCV surgió en los 70s con las batallas ideológicas entre las derechas e izquierdas dentro de la Iglesia. Este es el contexto histórico en que nace. Y libra batallas importantes que luego son reconocidas por obispos de la región y por Roma más adelante. En ese entonces el Opus y el SCV mantenían una rivalidad, imagino que por el público objetivo al cual se dirigían, el público AB, y por lo tanto competían, pero tengo la impresión de que eso ha cambiado bastante (...) Es una organización vertical absoluta, la pirámide es autoritaria y fundamentalista, la democracia ni siquiera es una referencia válida. Es un organismo sectario de naturaleza fascista (...) Tienen una espiritualidad mariana bastante fuerte y marcada. Pero hay otras cosas que han marcado el carácter marcial que tiene la agrupación, por ejemplo José Antonio Primo de Rivera (fascita español), el capitán Corneliu Codreanu (fascista rumano), entre otros. Hace 20 años tenían esa condición cuasi fascista que se veía reflejada en las misas con estos grandes estandartes, antorchas, emblemas, logos con espadas flamígeras empuñadas por manos guerreras, cantos guerreros. Cuando las misas se trasladaron de la capilla del Colegio Champagnat en un segundo piso a 2 de Mayo en Miraflores, la gente pasaba y decía: ¡estos son neonazis!.
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01-15-2003, 02:52 PM
Una mirada a la ética sodálite
MITAD MONJE,
MITAD SOLDADO
Por: Marco A. Huaco P.(*)
Este artículo no pretende examinar en profundidad la ética religiosa del hermético Sodalitium Christianae Vitae (SCV) ni describir la ética existente de sus movimientos y organizaciones de línea públicos tales como el Movimiento de Vida Cristiana, sino adelantar un análisis que permita entender racional y objetivamente la conducta de los jóvenes “laicos consagrados” que integran este movimiento. Debemos aclarar que con la palabra “ética” no nos referimos a una moral honesta sino a un tipo de saber que orienta y guía la vida práctica de las personas (A. Cortina). En base a lo recogido por La República y lo testimoniado por ex miembros del SCV como el joven Enrique Escardó Steck de la revista Gente, el conocido periodista Pedro Salinas y personas anónimas que aportaron sus impresiones a través de un foro de debate en la Internet podemos sacar en limpio algunas inquietantes reflexiones.
El proceso de admisión más o menos regular al SCV consistiría en un año de aspirantado el cual es un tiempo de prueba sin mayores compromisos, seguido de un año en que los jóvenes ingresan a la etapa de probandos en los que se “profundiza la espiritualidad sodálite” seguido de cuatro etapas sucesivas como “inscritos”, una de consagración temporal y la final, de profesión perpetua. Los aspirantes provienen generalmente de clases sociales altas y son seleccionados a través de retiros espirituales, actividades juveniles sociales, o durante las últimas etapas de la vida escolar. Durante los primeros dos años de internamiento se prohíbe leer periódicos, escuchar radio o ver televisión y se habitúa a los participantes al acatamiento incondicional de órdenes absurdas impartidas por los guías superiores que son parte permanente del entrenamiento para la vida consagrada y están dirigidas a quebrar la voluntad individual y prepararla para la disponibilidad absoluta. En las comunidades de internos se debe pedir permiso para todo. La voz del Superior es la voz de Dios, quien se puede equivocar pero a quien se debe ineluctablemente obedecer. En ese sentido, la ‘disciplina física’ que sin eufemismos es propiamente violencia física, no está necesariamente ligada a criterios de premio-castigo sino que son parte inseparable de la preparación espiritual de cualquier aspirante. Los sodálites creen que la disciplina física es un medio de convertirse en un aguerrido soldado de Cristo y de la Iglesia. Para tal efecto, practican actos de mortificación del cuerpo dirigidos al sometimiento de la psiquis, la voluntad, los sentimientos y los deseos personales (“la carne”) que constantemente pugnan por entorpecer la entrega total y absoluta del aspirante a la causa de Cristo y de María. Como Pedro Salinas le hace decir a Luis Fernando Figari, fundador del movimiento, en su novela ‘Mateo Diez’: “Hay que sacarse la mierda para aprender la humildad”; “...tenemos que adoptar ante la vida, en cada uno de nuestros actos, una actitud de cambio permanente, de sacrificio. Se trata de encontrar el sentido ascético y militar de la vida. A fin de cuentas, se trata de ser soldado de una causa justa. En la vida todos tenemos una misión que cumplir y tenemos que estar a la altura de esa responsabilidad”.
El slogan “mitad monje, mitad soldado” que Salinas adjudica al SCV no está tan alejado de la realidad como las denuncias y testimonios de ex miembros pueden revelar. Lo fundamental en dicha novela no es pura ficción como el autor manifiesta quizás por estrategia legal. Coincidentemente, la descripción de algunos de los castigos físicos recibidos por el imaginario Mateo Diez relatados en el sádico capítulo “El dolor es ilusión” son copia de lo denunciado por Enrique Escardó en 05 columnas consecutivas publicadas durante noviembre de 2000 en la revista Gente, como por ejemplo el relato de cómo lo obligaron a comerse cinco raciones de arroz con leche, ketchup y pimienta, o “cómo me hicieron lavar un water y antes de pasar el sarro me obligaron a lavarme la cara con esa agua”. El objetivo es obtener una persona absolutamente sumisa en disposición física, emotiva y psicológica. Como en el falangismo fascista, el Sodálite entiende que “lo religioso y lo militar son los dos únicos modos enteros y serios de entender la vida” (pág.209). Y no es casual: efectivamente la vida militar introduce orden, disciplina y sentido diarios en la persona, como la vida monástica, pero a costo de tornarla totalmente dependiente. Esta disciplina físico-mental incluye el que los líderes saboteen el contacto de los padres y sus hijos internos, el someter a los jóvenes a constantes y diversas “terapias” de agresión psicológica y a maltratos físicos extremos como los relatados ampliamente en Mateo Diez y en las denuncias de padres de familia como los esposos Guillén y Alt, y de ex sodálites como Salinas, Cisneros y Escardó. El reportaje de La República ha demostrado que dichas técnicas coercitivas continúan dentro del movimiento pues –por ejemplo- a los jóvenes aún se les obliga a hacer ejercicios o lanzarse al mar de madrugada. Y no es extraño que, como el joven Franz Guillén, los jóvenes internos en el movimiento defiendan su condición cautiva y reclamen como una violación de su libertad religiosa el cuestionamiento a su modus vivendi. Lo absurdo, lo irracional y lo inexplicable encuentra su racionalidad y su lógica en el pensamiento religioso pues éste es omniexplicativo por naturaleza. Llevado a extremos fundamentalistas, cualquier atrocidad puede ser justificada y explicada por la propia víctima, como demuestran los casos de pederastia, prostitución y esclavitud de las sectas destructivas.
Hay una constante referencia al ascetismo como instrumento o medio de encontrarle un sentido a la vida que finalmente redundará en la salvación de la persona. El ascetismo es un medio de realización personal: “empezaba a sentir que la vida consagrada me imponía demasiadas limitaciones, que los sacrificios eran inmensos. Sin embargo, a la vez pensaba que me podían dar también infinitas posibilidades de realización personal”. Esto explica lo que aparece como inexplicable a simple vista: el que los jóvenes acepten este régimen de violencia física y psicológica como un medio de alcanzar la salvación personal. A la base de esta opción, está la convicción de que la vida es corta y vale la pena vivirla lo más plenamente posible, siendo que la plenitud está asociada a la renuncia absoluta al propio yo. Por ello en la obra Mateo Diez se le dice al aspirante: “Nuestra lucha es una lucha para dar sentido a la vida” (pág.133; donde hay un “manifiesto ético” sumamente importante respecto a lo que implica para la vida de un joven sodálite pertenecer al grupo ). Las preguntas que durante la etapa de internado se ve obligado a responderse el aspirante son: ¿qué es lo que más temo?. ¿qué es lo más importante?, ¿qué hace la vida más plena?, ¿qué quiero hacer con mi vida?. Esta introspección conduce a la identificación de todo aquello que les impide alcanzar la santidad, la perfección personal, aquello que les impide morir al “hombre viejo” y resolver sus problemas personales (“El combate es interior. No sólo hay que ceñir la espada con valentía,...donde hay que sobresalir es en la lucha espiritual”, pág. 95).
El tiempo de internado es un tiempo para matar el hombre viejo y resolver los problemas emocionales. Por eso, la amenaza de expulsión o separación del régimen del internado implica prácticamente la amenaza de perder la oportunidad de encontrar el sentido a la vida y con ello la salvación del alma. Es demostrativo de esto el que sistemáticamente todos aquellos que han abandonado el movimiento por una u otra razón testimonian haber pasado por una etapa depresiva lindante con tendencias suicidas al sentirse desestructurados fuera de la vida comunitaria. Escardó escribió: “Todavía era menor de edad y ya me estaban comprometiendo con votos que debería renovar cada año. Si me salía, como pasó al final, mi destino inminente, según ellos, sería el infierno –sin posibilidad de salvación–, tal como me lo dijeron cuando, al final, estuve luchando por irme de allí. Y no saben todo lo que me costó salirme luego de que lograran, en varios años de lavado cerebral, que mi mundo estuviera centrado en ellos. Irme significaba que, a mis 19 años, me quedaba sin futuro, sin ideología, sin amigos, sin dios, condenado al infierno, etc.” La célebre frase antropológica del “hacerse nada para llegar a ser el todo” es plenamente aplicable al SCV, de allí su apego al capítulo 10 del evangelio según Mateo que invita a perder la propia vida para poder salvarla.
Refuerza el carácter beligerante y agresivo de la agrupación el fomento del machismo que les lleva a sostener que las “Agregaciones Marianas pretenden ser escuelas de santidad y no de cucufatería ni de pietismos afeminados” o que “ser cristiano es sólo para hombres y no para mediocres”. En armonía con ello, el supuesto himno de la milicia es combativo y militar: predominan verbos de acción contundente tales como “conquistar”, “pelear”, “vencer”, “luchar”, etc.. La vida comunitaria es esencial. No cuenta el individuo, sino la comunidad. Un individuo temeroso o dubitativo es una amenaza a la comunidad: “cuando alguien introduce el pesimismo, el derrotismo fomenta el desaliento, perjudica a la Causa y a su comunidad. El que murmura y fomenta la desobediencia, colabora con el Maligno”. El Fundador (L.F. Figari) señala sobre el canto como elemento de integración colectiva que es “la voz potente de nuestra comunidad mílite que reza fervorosamente unida en un solo pensamiento y un solo corazón”. Mediante el canto, se manifiesta el estado interior y se eleva. La interrelación con el otro sexo es algo prohibido por el SCV. Sus miembros sólo pueden ser hombres y célibes pues –como se dice en documentos del Opus Dei- “el matrimonio es para la tropa y no para el estado mayor”. Se considera que los sodálites periféricos con vocación matrimonial (los del Movimiento de Vida Cristiana) son gente que no ha llegado al ideal y que el sodálite pleno es el célibe. La máxima “no hay imposibles, hay incapaces” es muy ilustrativa al respecto.
Como apreciamos, el fundamento de esta vida religiosa es un dualismo dicotómico entre el cuerpo y el alma, según el cual el cuerpo es el gran adversario de la vida espiritual y al que hay que someter para obtener la salvación. En líneas generales y de manera tentativa podemos decir que para el Sodalitium Christianae Vitae la salvación pasaría por encontrarle sentido a la vida; que el sentido de la vida se encuentra al negarse uno mismo y autorreducirse a la nada en aras de llegar a ser parte del todo. Se llega a la salvación y se obtiene el pleno sentido de la vida propia mediante la obediencia absoluta y la negación a sí mismo, esta negación se exterioriza mediante la renuncia física (castigos corporales) y la renuncia espiritual (gustos, emociones y sentimientos naturales). La realización propia se hace mediante la fusión del yo en la comunidad de modo que la organización viene a ser como el “yo transfigurado” de muchos individuos a la vez. Al mismo tiempo, en la espiritualidad sodálite la organización es “Cristo” mismo, pues en ella se obtiene la salvación y fuera de ella la perdición. La santidad es un medio y un resultado de obtener la salvación. La salvación es algo que los sodálites obtienen, no algo que reciben, por ello podemos decir que es “meritocrática”. Un motivo fundamental se halla en el pensamiento de que sólo vale la pena vivir la vida y disfrutar la juventud a plenitud y que ésta consiste en la renuncia absoluta.
En una próxima entrega analizaremos el tema desde una perspectiva jurídica. Mientras tanto, nos parece que la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de la República haría bien en dejar de hacerse de la vista gorda y solicitar explicaciones a la Iglesia Católica sobre este ‘peculiar’ movimiento eclesial.
(*) Alumno de la Maestría en Ciencias de la Religión de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Anonymous
01-15-2003, 06:36 PM
Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
hmujica@bigfoot.com
14-2-2002
El Sodalitium en crisis
Hay sectas cuyo accionar provoca un profundo daño en la sociedad, lo cual aún no ha sido materia del estudio imprescindible de quienes se jactan de “analistas” y “exégetas” de la realidad social. Por el flagrante desconocimiento del problema sectario en el Perú tenemos la obligación de promover el abordaje de esta problemática entre los periodistas, sociólogos, antropólogos, médicos, psiquiatras, psicólogos, abogados y demás profesionales involucrados y comprometidos con el desarrollo democrático del país y dispuestos a condenar cualquier acto que viole los derechos humanos de toda persona y, en especial, su derecho a la libertad de consciencia.
Este trabajo, producto de múltiples horas de trabajo en Lima, Arequipa y otras partes del país y Latinoamérica pretende cumplir un papel pedagógico al denunciar al Sodalitium Christianae Vitae, grupo fascista por convicción y temperamento, y su cancerosa acción al interior de la sociedad peruana. Puédese discrepar de él, de pronto suscita opiniones violentamente contrarias, pero lo que sí va a ser imposible es ignorarlo.
Pocos meses atrás en El totalitarismo católico en el Perú, tesis que en su edición príncipe incluyó menciones a las baladronadas que acostumbra impulsar el Sodalitium, denunciamos cómo, a partir del Concordato, vínculo internacional no sancionado por ningún Congreso, la Iglesia Católica vive a expensas del no pago de tributos y además de los miles de dólares que sus principales funcionarios se embolsican cada mes, sin trabajar, sin merecerlo y en una constante expoliación del pueblo peruano, que no tiene cuando terminar porque se hace en nombre de una “fe” tradicional y que en realidad ha constituido la continuación de un robo que ya supera los 500 años de permanencia insolente en el país. Este mismo Concordato es el que, amparando a la Iglesia Católica, favorece legalmente el expansionismo sodálite y es el que utiliza esta secta para proteger sus inversiones.
Lea pues, amigo lector, estas procelosas páginas con ojos críticos, compulse fuentes, acuda a testimonios, revise materiales, proponga una refutación científica, orgánica. A una idea se la combate con otra. Al sectarismo difundido por el Sodalitium le denunciamos en la comisión de múltiples actividades que son fácilmente comprobables en diarios y publicaciones. A las sectas hay que enfrentarlas con decisión y valentía indómitas. El fanático sabe que cuando tiene a adversarios de ese jaez sólo tiene una opción: luchar o morir. Y puedo anunciar, sin jactancia, pero premunido de la verdad verdadera, que habemos muchos dispuestos a erradicar la presencia de estos disociadores y su prédica retrógrada, exaltadora de principios antidemocráticos y profundamente racistas.
La importancia de la secta destructiva Sodalitium Christianae Vitae en la vida nacional no puede soslayarse más. Sus desproporcionadas expectativas de crecimiento afectan directamente nuestros derechos constitucionales y humanos y amenazan la integridad de nuestras familias. Hoy, primer aniversario de la muerte de Germán Doig Klinge, Ex-Vicario General del Sodalitium, sale a luz este escrito. En él hacemos una revisión de los acontecimientos acaecidos durante los últimos dos años y avizoramos con optimismo y con convicción detener la agresividad y radicalidad de este grupo fanático que tanto dolor social ha venido causando en el Perú y en varios otros países durante las últimas tres décadas.
Evolución sectaria
En un análisis de la evolución histórica de las sectas se ve que todas siguen un proceso de crecimiento relativamente semejante que se puede sistematizar en tres fases: nacimiento, consolidación y transformación.
En la primera etapa el grupo surge a instancias de un conjunto de circunstancias culturales, sociales y religiosas que generan una cantidad de ansiedades y expectativas insatisfechas en un sector de la población. La pequeña comunidad se agrupa en torno a la figura de un líder que elabora no tanto la doctrina cuanto directivas concretas en orden a obrar e insertarse en el conjunto de la sociedad. En este período la secta está básicamente devorada por su ansia de expansión y utiliza abierta e indiscriminadamente las técnicas de control mental.
En la segunda etapa el grupo, luego que probablemente ha entrado en colisión no sólo con otras confesiones religiosas sino también con distintos ámbitos o instituciones del orden social en que se desarrolla, comienza a buscar caminos que le permitan orientar las irregularidades o excentricidades que el apasionamiento de la primera fase hubiera podido generar, y que puedan haber sido causa de que hayan perdido aceptación social; hay una preocupación clara por no generar conflictos y el buscar la estabilidad interna del grupo. Esta etapa se da generalmente después de la desaparición del líder o fundador, verificándose simultáneamente una flexibilización de los aspectos más detonantes o extravagantes de su doctrina y una búsqueda de mayor coherencia conceptual.
La tercera fase, la de transformación, es una especie de lavado de cara de la secta, de su imagen pública. Se busca cuidadosamente que la opinión ciudadana olvide, y los nuevos adherentes ignoren, que se trata verdaderamente de una secta y que se acepte que es una iglesia honorable, en paridad con las iglesias históricas. Es muy posible que los adherentes no sepan completamente el origen e historia primera del grupo, la que se intenta disolver en alguna profundidad histórica. En lo que se refiere a la metodología que emplean, su fanatismo e intransigencia son morigerados, y la exposición de su mensaje se hace más suave, educada y socialmente aceptable.
En pecado concebidos
Teniendo este esquema como referencia podríamos decir que el Sodalitium Christianae Vitae se encuentra actualmente en una etapa de crisis entre la primera y la segunda fase de su proceso de crecimiento. Podría entenderse que el proceso de la consolidación está en curso pero la tercera fase, la transformación, requerida para que esta entidad sea socialmente aceptada tendrá que esperar aún un tiempo históricamente largo, si es que sobrevive a su fanatismo.
Aunque esta organización radical, que podría calificarse como el Opus Dei peruano o criollo, es parte integrante de la Iglesia Católica y goza de todas las ventajas políticas, legales y económicas que ello conlleva, es evidente que ese crecimiento desenfrenado de las últimas tres décadas ha generado demasiadas fricciones con el entorno social.
Algo impresionante del accionar del Sodalitium es la eficaz metodología de control mental aplicada sobre sus adeptos, técnica más conocida como “lavado de cerebro”, la que ejercen consciente e impunemente con la bendición y complacencia de la mayoría de autoridades eclesiales, a sabiendas que cometen un flagrante delito contra la libertad de consciencia de los jóvenes peruanos llamando a eso muy eufemísticamente “levantar vocaciones religiosas”.
El Sodalitium comparte un tenebroso origen fascista con otra secta de ultraderecha: Tradición, Familia y Propiedad (TFP). La sucursal peruana de la TFP, de origen brasileño, fue fundada por Francisco Tudela y Luis Fernando Figari. Los miembros de la TFP se confiesan católicos pero lo cierto es que la Iglesia Católica los ha condenado más de una vez. En Venezuela la cancillería y el ministerio de Justicia ordenaron su disolución y prohibieron a sus líderes abandonar el país porque se comprobaron numerosas denuncias por "atentar contra la vida familiar y lavarles el cerebro a sus miembros"; el presbítero Amador Merino Gómez señaló que TFP "incurre en desviaciones y manipulaciones de la doctrina de la iglesia y el culto". En otros países, además, mantiene contacto con partidos y facciones de extrema derecha neonazi europeas, entre ellas, la peligrosa "Fundación Familia Española". Eso es decir, por lo menos, que TFP es una secta de cuño fascista.
Alrededor de 1973, aparece en la Pontificia Universidad Católica y en la Universidad Peruana Cayetano Heredia el grupo de derecha radical "Dios y Patria". En el 74, varias facciones de este movimiento se independizan y toman otros nombres: la facción política se denominó "Confederación de Juventudes", y la de índole religiosa "Sodalitium Christianae Vitae". Luis Fernando Figari pertenecía a esta última. En esos inicios las publicaciones de Figari compartían formato y logotipos con las de TFP lo que evidencia sus vínculos totalitarios y fascistas y sus objetivos comunes.
Actualmente el Sodalitium tiene un enclave en Colombia, en una zona de actividad guerrillera, en donde TFP anteriormente tuvo una infame participación financiando a mercenarios para luchar contra las FARC, las mismas que hace un año secuestraran a un sacerdote sodálite y lo dejaron sospechosamente libre a los dos días sin que se hablase absolutamente nada de algún pago de rescate.
En el camino recorrido desde su nacimiento el avasallante Sodalitium ha dejado mutiladas muchas dignas familias, muchos hijos con personalidades alteradas, muchos destinos y estudios profesionales truncados, muchas mentes secuestradas, muchas propiedades perdidas, muchas economías destruidas, mucha rabia no expresada, mucho odio contenido y mucho, demasiado dolor. Aunque debemos ser amplios y considerar muchas otras causales para que alguien se integre a una secta, no en vano, en este caso específico, la mayoría de sus líderes provienen de familias disfuncionales con padres divorciados o muertos, hogares destruidos o fracturados. Parece que los líderes del Sodalitium quisieran tomarse su revancha con la sociedad.
Indiferencia social
Sería natural ante estas injusticias y atropellos esperar una fuerte, contundente y vigorosa réplica social. Pero el panorama es diferente. Los abogados, por ejemplo, con honrosas excepciones, no han querido intervenir aduciendo que las víctimas son jóvenes mayores de edad, usando el pretexto de la ausencia de legislación pertinente o alegando que así como hay drogas legales (tabaco y alcohol) en nuestro medio también hay sectas legales (las protegidas por la religión oficial); los médicos han soslayado hasta hace poco el trasfondo psicológico y psiquiátrico de la manipulación mental en el ámbito religioso y/o sectario y sus graves implicancias en la salud pública; los organismos defensores de los derechos humanos y sus psicoterapeutas prefieren tratar el tema de violencia política y dejar de lado el problema de la violencia mental en el sectarismo; otras iglesias no católicas evitan la confrontación señalando que el problema es espiritual y que, en algún momento, la lucha se dará igualmente en ese plano espiritual; los periodistas de investigación también tienen sus preferencias ya definidas, quisieran que se les entregue el material ya digerido y pretenden, vía testimonio, exponer a las familias afectadas denunciantes como carne de cañón.
En medio de esta indiferencia social siempre se han levantado solitarias y valientes voces de protesta que no han sido escuchadas y sólo han logrado la proverbial respuesta a la mayoría de denuncias que llegan hasta las autoridades de la poderosa e impune Iglesia Católica: el silencio absoluto.
La muerte del delfín: un cataclismo
Ante este sombrío panorama, un hecho totalmente fortuito impactó brutalmente en la estructura de la fortaleza sodálite. Ese hecho no fue un evento programado, estudiado, ni planificado en respuesta a las agresiones sociales de este grupo destructivo. El 13 de febrero de 2001 el súbito fallecimiento de Germán Doig Klinge tuvo el efecto de una catástrofe difícil de comprender y de asimilar para unas mentes que están programadas -los comportamientos de las sectas son eventos totalmente predecibles-.
Doig tenía la misión de suceder a Luis Fernando Figari. Era su mano derecha, era el delfín, era el príncipe de la secta, era el Vicario General del Sodalitium. El era quien ofrecía el pecho, sacaba la cara y le prestaba la careta académica e intelectual a la secta mientras el fundador Luis Fernando Figari escribía solitario y en las sombras sus enrevesados opúsculos y retorcidos discursos (que siempre atacan a la razón y ensalzan la irracionalidad) y se ocultaba indiferente en su fortaleza o búnker de Granja Azul para no escuchar los reclamos sociales.
Con toda seguridad muchas familias peruanas no recibieron con tristeza la noticia de la muerte de Doig. Fue casi como sentir la mano de Dios ante tanta injusticia y tanta impotencia. Más que un “tránsito” al más allá esto pudo llamarse un “despeñadero”. De nada valieron las pomposas misas fúnebres cada tres horas durante el velatorio. Ese ceremonial solamente hacía recordar a los miembros de la secta de los israelitas de Ezequiel Ataucusi cuando esperaban absurdamente la resurrección de su líder que yacía muerto en una urna de cristal.
Para el grupo sectario la muerte de Doig fue un evento cataclísmico. Esta muerte parece haber afectado internamente la estructura sodálite casi tanto como el impacto de los aviones suicidas en las torres del World Trade Center de New York City. Los impactos no fueron ni en los cimientos ni en la cúspide de los edificios pero los efectos deletéreos fueron matemáticamente efectivos y demoledores. Lo mismo sucedió en la estructura del Sodalitium. No desapareció el verdadero y venerado líder -Figari- (que hubiese sido santificado) ni tampoco la masa de obnubilados seguidores. Sin embargo, la estampida consecuente a este evento específico era de esperar. Los efectos de una muerte como la de Doig no pudieron haberse calculado, planificado ni dirigido mejor si hubiese intervenido una inteligencia externa.
La respuesta organizada
Sin embargo, muy aparte de este “providencial” hecho fortuito que nadie pudo sospechar ni pronosticar, de acuerdo a lo previsto por la evolución histórica de las sectas, en estos últimos meses por fin se estaba dando a conocer públicamente la expresión organizada de la sociedad afectada. El Sodalitium había sido criticado directamente por diversas vías, prensa escrita, volantes anónimos, comunicación persona-persona entre padres de familia afectados y permanentes comunicaciones electrónicas por internet.
Creció la conciencia social en círculos religiosos, asociaciones de padres de familia, centros educativos, centros universitarios, colegios profesionales, sociólogos, periodistas, investigadores sociales, historiadores, filósofos, antropólogos, psicólogos, médicos, psiquiatras y también instituciones vinculadas a la observación de los derechos humanos, libertad de conciencia y lucha antisectaria.
La indignación contra el Sodalitium estaba llegando a lo que se denomina en física el estado de “masa crítica” justo antes de provocar una inevitable reacción en cadena. Aunque la reacción aún era indefinida también era esperanzadora. Se requirió el apoyo de organizaciones de consulta y asesores profesionales no peruanos. La cruzada era y es internacional, como lo es el Sodalitium. La magnitud de la amenaza ameritaba una gran respuesta. Posiciones radicales exigen respuestas radicales.
El primer campanazo contra el Sodalitium fue dado por José Enrique Escardó Steck, director de la revista Gente y ex miembro de la secta en noviembre del 2000. Su desgarrador relato, en varios capítulos, de las torturas a que fue sometido en San Bartolo fue acallado amenazadoramente por la intolerancia y el poder del Sodalitium. Lamentablemente, el juvenil lenguaje autosuficiente, irreverente e inadecuado que usó en sus artículos de “El quinto pie del gato” fue el principal disuasivo que hundió la denuncia en un aparente descrédito, solamente comprendido por las familias afectadas. Sin embargo, un año después en noviembre del 2001, sus argumentos fueron plenamente recogidos por Cecilia Valenzuela y Diego Fernández Stoll de Entrelíneas de Canal N y ampliados por valientes contribuciones de otros ex miembros, padres de familia, el psicólogo Jorge Bruce y de muchas otras personas y familias que cautamente permanecieron en el anonimato para proteger a sus hijos cautivos en la secta. La denuncia fue publicada generosamente en internet en la página web de www.agenciaperu.com de donde logró difundirse con profusión a nivel nacional e internacional. Una de las principales cajas de resonancia de esta noticia fue la página web "Sectas del Nuevo Milenio”, del conocido crítico argentino Alfredo Silleta, que transcribió literalmente las entrevistas en la red.
Por otro lado, independientemente, salió a luz en enero del 2002 El totalitarismo católico en el Perú, tesis del autor de estas líneas, sobre la actitud sociopolítica de la cúpula católica peruana, el Opus Dei y el Sodalitium, que incluyó una serie de denuncias con argumentos probatorios sobre los atropellos cometidos por este último grupo en asociación con el Banco Santander Central Hispano contra Fernando Gerdt Tudela para apoderarse de su inmueble de 1700 m2 mediante un pagaré falsificado. Gerdt también alzó su voz de denuncia en Canal 4 ATV de Arequipa y en el programa de Cecilia Valenzuela sin poder ser refutado ni acallado. Lo felizmente trascendental de este trabajo de análisis fue el reconocimiento que recibió de Pepe Rodríguez de Barcelona, España, psicólogo, investigador, sociólogo, erudito autor de varios importantes libros y asesor para varios gobiernos europeos sobre asuntos sectarios, quien ofreció su auspicio para publicar este escrito en su prestigiosa página web www.pepe-rodriguez.com en la sección cuyo acceso directo es el siguiente: y desde donde hoy alcanza ya difusión planetaria.
El Sodalitium, como el soberbio e insolente instituto secular que es, también ha comenzado a chocar con el mismo clero. Un claro ejemplo es lo sucedido en enero del 2002 en el Centro de Educación Especial para Niños Ciegos Nuestra Sra. del Pilar de Arequipa. Desde meses atrás los sodálites habían empezado gestiones no muy sanas destinadas a hacerse del local que las madres franciscanas abandonarían en pocos meses. A pesar que éste pertenece al Estado iniciaron gestiones para su transferencia al Sodalitium y para ello se valieron de una copia de la minuta de la propiedad a cargo de las franciscanas y que autenticaron notarialmente al estilo en que hacen las cosas estos delincuentes: ¡entre gallos y medianoche! De manera que hasta poseían los planos de la habilitación urbana solicitados y obtenidos el 31-10- 2001 y con el registro de trámite documentario # 33607 de la Municipalidad Provincial de Arequipa y cuya solicitud fuera pedida por Haylin Tello Pinto, con DNI # 40412386 ante dicha entidad oficial.
Con el oficio No. 010-2002-MPA-C.2, dirigido por el Director de Asentamientos Humanos de la Municipalidad Provincial de Arequipa, señor Marcos Ortiz Carrera, se comunica en relación al expediente 33607 que de acuerdo al informe No. 714-2002-MPA-C.2-CU, de la Oficina de Control Urbano que el trámite debe ser presentado ante la Municipalidad Distrital de Yanahuara”. Ciertamente, las madres franciscanas quedaron ingratamente sorprendidas frente a semejante oficio que no estaba siquiera gestionado por ellas. Lo cierto es que hay funcionarios corruptos enmadejados en la urdimbre que tejen los sodálites para enajenar propiedades y hacerse de ellas.
Esperanza Medina, valiente mujer y gran educadora, Directora Regional de Educación de Arequipa, DREA, tuvo un enfrentamiento durísimo a viva voz y con la esténtorea gana de decir su verdad con el sacerdote católico y sodalicio -y por tanto fascista- Javier Len, en torno al destino de la infraestructura del Centro de Educación Especial Nuestra Sra. del Pilar. El prepotente Len ya había, con sus cómplices sodálites, hasta puesto una oficina en este inmenso local para apoderarse de él, hecho que parece, según todos los indicios haberse frustrado por la intercesión directa y valerosa de la Medina. De cualquier manera en esta oportunidad, los fascistas sodálites se quedaron con los crespos hechos porque ninguna de sus gestiones, todas subrepticias e ilegales, tuvieron éxito, porque la Medina se enfrentó abiertamente al designio mafioso que estos sujetos exhiben en Arequipa del modo más descarado. Me tocó advertir sobre la maniobra cuya historia completa es de acceso público en internet en ¡Arequipa: sodalicios fascistas con los crespos hechos! con el número 30052 de Yahoo Groups Chimú: lista cultural de peruanos alrededor del mundo.
El salvaje se mira en el espejo
Otro detalle que merece ser destacado es cómo el Sodalitium, que se autodenominaba un grupo que reclamaba y ejercía la radicalidad, que mediante Emilio Garreaud publicaba en la prensa con todo desparpajo que ellos son los llamados a ser signo de contradicción, que admitía abierta y orgullosamente que se les etiquetaba de fanáticos, que el Señor no ha venido a traer la paz sino la división, que ha venido a prender fuego en el mundo y que ojalá estuviera ardiendo, que si bien ello es doloroso también es necesario, que habrá violencia y no paz, que el joven debe dar muerte al hombre viejo, que la pareja -o la pareja y los hijos- deben “desplegarse” (desintegrarse-disgregarse-separarse) apostólicamente, que solamente se entrará en el reino de los cielos esforzándose con violencia... hoy se hunde en el silencio.
Ahora, ante la locura del ataque terrorista a Estados Unidos por parte de unos fanáticos religiosos, el Sodalitium inmediatamente ha acallado sus discursos fanatizados, habla de perdón y de paz, marca distancias con sus congéneres fundamentalistas islámicos temiendo ser estigmatizados con los mismos epítetos, y se cuida muy bien de ser señalado precisamente en estos momentos como un grupo religioso de intolerantes, destructivos y antisociales.
Un poco tarde.
Emilio Garreaud, paradójica e inexplicablemente Director del Instituto para el Matrimonio y la Familia (???) de la Universidad San Pablo, dice que el Sodalitium quiere convertir a este mundo de salvaje en humano y de humano en divino. Pero con su accionar lo que ha logrado hasta ahora... ¡es exactamente lo contrario!. Si la secta se mirase en el espejo vería a sus huestes como los talibanes peruanos: salvajes que van “a Dios rogando y con el mazo dando”.
La juventud consciente
Un elemento adicional gratificante ha sido el observar la respuesta de parte del alumnado del Instituto del Sur y de la Universidad San Pablo, bastiones del Sodalitium, quienes mediante un volante formulan una denuncia acerca de la corrupción de este grupo en el ámbito del Poder Judicial y en el aspecto económico financiero de la secta. Para ello han utilizado iconografía que alude al control mental que ejercen en los jóvenes y su agresión contra el núcleo familiar y presentan la fotografía del administrador de las cuentas de la organización en Arequipa, Javier Len Álvarez, llamándolo “mercader”.
El volante-denuncia tiene un mensaje de alerta: “Alumno: defiende tus derechos. Tú puedes ser la próxima víctima”. Al mencionar la consecución irregular de bienes inmuebles alude también indirectamente las palabras de Emilio Garreaud: “El donar nuestros bienes y nuestro tiempo (nuestra vida) por los más pobres (no a los más pobres) nos dará alegría”. Claro... ¡qué mayor alegría para el Sodalitium!
Y aunque inocentemente los alumnos piden la intervención del Arzobispado la denuncia constituye una seria y contundente prueba de la rebeldía en la clase estudiantil ante el dogmatismo fanático y de su alarma ante los abusos y la corrupción solapados por parte de este grupo totalitario que conoce perfectamente las ventajas que le ofrece el inefable Concordato al declararse parte integrante de la Iglesia Católica y organizarse y protegerse dentro de ella. No es casualidad que Figari, Doig y Garreaud, cabezas visibles del Sodalitium, también sean abogados de profesión y conociesen, por tanto, los oscuros laberintos leguleyos.
Normas laxas
Puede decirse con certeza que el Sodalitium tiene dentro de sí el germen de su autodestrucción. Su clandestina metodología de captación de adeptos es a todas luces ilícita y provoca en ellos reacciones violentas que conducen a que las víctimas desvaloricen a su propia familia en beneficio de la secta. Esto genera un gran rechazo social que la organización está, por ahora, preparada para resistir. Pero su crecimiento explosivo tiene necesariamente un límite natural. Esta forma de progresión es esencialmente antisocial e intolerable. Por cada adepto que el grupo capta también se gana de tres a cinco enemigos empezando por los miembros de la familia afectada. Si su crecimiento en adeptos es aritmético el de sus opositores es exponencial. Y si sus líderes no lo entienden así y no se moderan, al Sodalitium le queda poco tiempo de supervivencia.
Y por instinto de supervivencia la moderación se está dando. La laxitud y flexibilidad de las normas disciplinarias, el simulado mayor respeto a la inviolabilidad de la correspondencia de los adeptos (simulado porque los correos electrónicos de los adeptos van a un “inbox” corporativo antes de su emisión), la autorización para que algunos de sus adeptos incondicionales usen celular, la aparente disminución de los maltratos físicos a los confinados en San Bartolo, el permitir que algunos de sus miembros estudien carreras profesionales manteniéndose dentro de la organización, el aceptar con artificial alegría la visita de familiares de los adeptos en las casas de formación, el permitir al adepto realizar algunas visitas familiares sin una compañía vigilante son evidencias de que el Sodalitium quiere lograr aceptación social y estabilidad interna. Como dijo un adepto: “Aprendemos de nuestros errores”.
Los disidentes
Por otro lado, la salida el último año de conspicuos y representativos miembros del Sodalitium luego de varios años de permanencia dentro de la secta es otro síntoma inequívoco de su pérdida de influencia y de la disconformidad y desencanto de los miembros dentro de la organización. Es muy probable que la pérdida del intelectualoide Doig le haya restado carisma al grupo disminuyéndole el potencial creador de literatura pseudocientífica y anulando gran parte del atractivo para las generaciones captadas y las otras por captar. Fueron patéticos los casos de una promoción del Colegio Max Uhle en la que 8 de sus miembros se consagraron sodálites y el de otra promoción del Colegio Santa María en la que seis alumnos corrieron igual suerte. ¿Simple coincidencia? ¿Vocaciones de santidad? ¡No seamos ingenuos. Ya conocemos las técnicas de control mental!
Evidentemente, ante la falta de consciencia social y de información médica del problema sectario, muchos de estos ex miembros viven lo que en la secta sodálite llaman “vocación para el matrimonio” procreando más adeptos sin control de natalidad y continuando con el elogio a sus ex-captores en un estado de secta-dependencia que, al igual como sucede con el Síndrome de Estocolmo, solamente podrán superar con una rehabilitación psicológica cuya gran necesidad ignoran. Algunos nombres son Pedro Salinas Chacaltana, José Enrique Escardó Steck, Armando Llaza, Luis Fernando Odiaga Arispe, Verónica Bustamante Rey de Castro, los hermanos Antonio y Nicolás Ramírez Mejía, y más recientemente Andrés Orams Bustamante, Gustavo Cesti, Luis Graña, Juan Andrés Maura Pessagno y José Sam, entre muchos otros.
La figura y el destino del “fundador”
Finalmente, hay que prestar mucha atención a la figura del fundador. Se puede, sin problemas, hacer un paralelo entre Luis Fernando Figari y Vladimiro Montesinos: Son dos personajes coincidentes. Existen sorprendentes similitudes en sus personalidades megalómanas, su influencia marcadamente inhibitoria, su narcisismo maligno, su carácter de tipo autoritario, sus tendencias sadomasoquistas, su personalidad paranoide, su carencia de todo sentido moral y de consciencia, su creencia de ser dueños de la verdad absoluta, su pretensión de ejercer un poder superior, su figura perversa, fanática, intolerante y frustrada, su verborrea y aparente erudición en los temas que abordan.
Llama poderosamente la atención cómo un cuestionado y oscuro personaje que no es sacerdote -un simple laico- puede congregar y presidir en eventos religiosos sodálites a gran parte de la jerarquía del clero peruano, latinoamericano y a veces romano, constituirse en el anfitrión y en el orador central, ser reconocido y venerado por las autoridades eclesiásticas católicas y merecer un trato cordial, deferente y casi familiar de parte del actual cardenal del Perú Juan Luis Cipriani.
Lo mismo sucedió con Vladimiro Montesinos -un simple ex capitán y despreciable traidor a la patria- y la cúpula militar a la cual él dominaba y utilizaba para sus fines protervos; Montesinos recibió magnos honores por parte de las Fuerzas Armadas del Perú, las cuales manejó a su antojo y las aprovechó para apropiarse de los recursos económicos del país en su beneficio. Por otro lado recibió un trato tolerante y extremadamente preferencial del ex presidente Fujimori.
¿Será que Figari conoce demasiado bien de la corrupción de la Iglesia Católica y utiliza esos elementos y esa información para ventaja particular de su organización? ¿Será Figari otro “humilde” y oculto super-asesor de la alta jerarquía clerical? ¿Terminarán también por cansarse de tanto abuso los adeptos o los religiosos de base que en un inicio aparentan actuar como sus incondicionales? ¿Así como ambos personajes han tenido como objetivos el hacerse de poder y de dinero, tendrán Figari y Montesinos un final común? ¿Acabarán ambos sujetos en una celda de alta seguridad?
La salud del fundador no es de las óptimas y debe preverse su desaparición a no muy largo plazo, pero sentarnos tranquilos a esperar otro hecho fortuito e ignorar los recursos de Figari sería un grave error. Confiar pasivamente en el desarrollo de la historia natural de la secta también. Sin embargo, a pesar de la frustrante indiferencia social, ante la andanada de evidencias que se dan, tenemos la convicción de que la razón y la justicia se impondrán sobre el fanatismo.
Ya lo dijo César Hildebrandt, en un genial, premonitor y crudo editorial:
“Detrás de toda dictadura hay, en el fondo, una apropiación ilícita” (-y el totalitarismo sodálite se apodera de las mentes de nuestros hijos-). En efecto, cada sátrapa que en el mundo ha sido -de izquierda o de derecha- ha creído siempre que el mundo donde nació le pertenece y que sus prójimos nacieron para súbditos y su propia voz sólo para dar órdenes. ¿De dónde vienen esa visión demente y esa voracidad? ¿Cómo se puede ser tan ridículo? ¿De qué fibra están hechos esos egos elefantiásicos? Primero se promete el paraíso. Después se apela al infierno para construir el paraíso. Y como se apela al infierno, los enemigos, que nunca fueron pocos, aumentan. Y como aumentan, crece el infierno. Y al crecer el infierno la hostilidad amenaza al tirano cada vez más. Por lo que ya no es posible salir en paz del poder que se capturó como a una presa.”.
“Al final -como le pasó a Franco, como le sucedió a Pinochet- el sátrapa creerá que su obra es inamovible y su contrato social insuperable. ¡Pobres diablos! Lo primero que les pasa cuando mueren es que hay un suspiro de alivio. Luego viene el olvido sañudo y el justiprecio. Y ellos que se creían mega valores, terminan costando lo que fueron, abortos de la voluntad, casos psiquiátricos, un surtido de vicios. Todos terminan, metafóricamente, en aquel palacio patriarcal donde las vacas se pasean entre cortinas desgarradas. Todos tienen un Macondo en el alma y una bananera en el designio. En resumen, no hay nada peor que alguien que se tome demasiado en serio. De allí al crimen solo media una utopía, un sueño de felicidad para los otros, un carisma.”
Anonymous
01-15-2003, 06:39 PM
El Sodalitum está infiltrando al Ministerio de Salud
MASA PERU.- Ayer 4 de diciembre del 2002, en el Programa “La Hora N” de Jaime de Althaus, se denunció con nombres y apellidos a quienes a nombre de la secta destructiva del Sodalitium están infiltrando puestos clave del Ministerio de Salud. Esta organización ha logrado que varios de sus miembros fanáticos sean nombrados en cargos de decisión por el solo hecho y el dudoso mérito de ser miembros del grupo sectario.
No importa que estos individuos no tengan la experiencia necesaria en la carrera médica, que tengan antecedentes de haber trabajado en cuestionados programas de salud del fujimorismo, que recién tengan apenas unos años de egresados o que se estén iniciando en alguna posta de atención primaria. Lo que realmente importa es que estos funcionarios pseudo-científicos estén parametrados mentalmente y programados según los designios de la Teología de la Reconciliación del tenebroso Luis Fernando Figari.
No debe sorprender que suceda esto si el médico y asesor de la Conferencia Epìscopal Peruana es el Premier Luis Solari, si el Vicepresidente del Colegio Médico del Perú es el profesor de filosofía del Seminario Santo Toribio de Mogrovejo y también médico internista Patrick Wagner Grau, también presidente del Comité de Etica del CMP, promotor de los cursos de Bioética para los médicos jóvenes a nivel nacional y amigo personal del secuestrador de adolescentes Figari, si el Director Regional de Salud de Arequipa, Braulio Cuba Corrido, es un asalariado del corrupto cura sodálite Javier Len y trabaja dando cursos en la Universidad sectaria San Pablo y abriendo postas médicas para la secta en Pueblos Jóvenes proporcionando serumistas obligatorios y gratis, y si el actual Ministro de Salud Fernando Carbone es un gran allegado a la organización sodálite si no miembro activo.
Jaime de Althaus ha nombrado sin ambages a los siguientes sujetos: FERNANDO LLANOS, nombrado desde agosto del 2001 como Director del Instituto Nacional de Salud Pública por el solo hecho de ser miembro del Sodalitium. EVO SALAZAR, nombrado desde hace tres meses como Director de los Programas de Salud por el gran mérito de ser sectario sodálite. CARLOS CONTRERAS, promovido a la importante Dirección General de Promoción de la Salud también por el derecho que le otorga el ser zombi-sodálite. LUIS QUIROZ, médico sodálite recién egresado trabajador de la posta de Jesús María ha pasado a ser en agosto del 2001 Asesor del Despacho Vice-ministerial y desde hace poco Jefe del Gabinete de Asesores del Despacho Ministerial.
¿Qué gana el Sodalitium infiltrando el Ministerio de Salud con estos fanáticos religiosos? Los resultados los tenemos a la vista. Se rechazan contribuciones de países desarrollados destinados para la salud reproductiva de mujeres pobres del Perú por un valor de 24 millones de dólares. Se realizan criminales campañas públicas de desinformación sobre la seguridad de condón apenas un día antes del Día Mundial del SIDA. Se afirma que no existe el concepto del aborto terapéutico y se manipula su legislación en el Congreso de la República. Se sataniza la clonación y la ingeniería genética conculcándose así los derechos humanos de los enfermos que ven en la investigación científica y el progreso de esta tecnología la cura para enfermedades tan devastadoras como la diabetes.
La lucha entre la irracionalidad y la ciencia se está dando en el terreno de la medicina peruana y en especial del Ministerio de Salud en estos precisos momentos. La presencia de lo más radical, cavernario y talibanesco del dogmatismo católico representado por el Opus Dei y más aún, por el Sodalitium Christianae Vitae, se está dejando sentir en todos los despachos del edificio de la Avenida Salaverry. Los sueños de opio de la secta sodálite la están conduciendo a intentar copar todas las instancias del poder en nuestra nación. La comunidad pensante debe estar advertida. Si no actuamos pronto vamos camino al totalitarismo del mundo orwelliano descrito otra vez y recientemente en la película “1984 “.
Anonymous
01-24-2003, 05:36 AM
Por MARIO VARGAS LLOSA
"EL INTEGRISMO RELIGIOSO ME PRODUCE ESCALOFRIOS"
Wittgenstein en Máncora
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¿Qué hacen, pues, a dónde van los jovencitos de la burguesía peruana que padecen crisis de sensibilidad y se descubren inquietudes espirituales? A las organizaciones católicas integristas, que los reclutan por docenas,desde el colegio.
Es otro de los impresionantes fenómenos sociales de los últimos años en el Perú: el Robustecimiento de instituciones como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo o el Sodalicio de la Vida Cristiana (una creación peruana), que no sólo muestran un dinamismo misionero creciente, sino que parecen haber arrinconado en iniciativas y poder, dentro de la Iglesia, a los llamados cristianos de izquierda, antaño tan nfluyentes.
Confesaré rápidamente que la disyuntiva que se les presenta a las chicas y los chicos de la clase media peruana -el `éxtasis' o el integrismo religioso- me produce escalofríos.
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Como pez en el agua, Vargas Llosa refresca la llegada del 2003 cotejando la vida de Wittgenstein con playeras libertades juveniles.
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EL Fishing Club de Cabo Blanco, en el extremo norte del Perú, que Hemingway hizo famoso en los años cincuenta cuando venía a estas costas a pescar merlines gigantes, es ahora un local en ruinas, descuajeringado y saaqueado, pero Mercedes y Pablo Córdoba, que le servían los tragos, están todavía aquí, medio siglo más viejos y llenos de recuerdos y fotos que se tomaron con aquel insaciable aventurero y escribidor.
Hemingway no reconocería el mar de Cabo Blanco, ahora saturado de plataformas de pozos petroleros, aunque las olas sigan siendo tan blancas y ruidosas, el agua tan azul y las arenas tan doradas. Tampoco reconocería Máncora, unos kilómetros más al norte, que era entonces una minúscula aldea de pescadores, y es ahora un balneario de muchas playas, decenas de decenas de bungalows, hoteles, residencias, albergues, bares, pensiones, restaurantes, donde, en estas fiestas de fin de año, comparecen por millares los jóvenes de las clases medias y altas del Perú. Algunos han venido en avión, vía Tumbes o Piura, otros en camionetas y automóviles, y muchos en los ómnibus que enlazan los mil y pico de kilómetros que nos separan de Lima en una larga noche de viaje a través del desierto.
Wittgenstein da luces en el sol norteño.
Dije jóvenes y debí decir niños, pues muchos de estas muchachas y muchachos parecen estar todavía en el colegio. Es uno de los más notables cambios entre esta generación y las anteriores: la libertad de que gozan los adolescentes. Ahora viajan solos y en patotas, chicos y chicas mezclados, y deciden sus conductas y toman iniciativas con una soberanía precoz, que sus mayores no se atreven a cuestionar, porque saben que sería inútil. Fueron los amantes del surf, los tablistas, los que crearon la Máncora actual -un ejemplo más de que los países crecen cuando el Estado duerme y la sociedad civil puede actuar sin interferencias burocráticas-, pues en estos parajes se encuentran olas para correr tan extendidas y tan grandes que no tienen nada que envidiar a las de Hawaii, Australia o Tahití. La `tabla' es uno de los símbolos identitarios de esta promoción privilegiada y hedonista, con la música trance , la indiferencia política, la falta de ideales, el sexo libre y, por supuesto, la droga. El alcohol, en cambio, no tanto; sobre todo los jóvenes que consumen `éxtasis' lo evitan, pues, por lo visto, puede producir `un mal viaje'. `En las fiestas más bacanes, donde se rolea bien, sólo se toma agua y mucha', me explica un mozalbete asombrado de mi ignorancia en estos temas. Él mismo me informa que, además del `éxtasis', algo caro, la cocaína y la marihuana tienen precios muy aceptables, `al alcance de los jóvenes'. Me dice también que, aunque de esos tres estimulantes hay una abundante producción nacional, es preferible comprar los productos importados `pues los nacionales suelen estar bambeados' (¡falsificados!). Habla con una naturalidad tan extraordinaria que no me atrevo a preguntarle si ha oído alguna vez decir por ahí que el consumo de estas cosas está severamente prohibido por las leyes peruanas. Se hubiera reído de mí a carcajadas, pensando que soy todavía más viejo y más tonto de lo que parezco.
"Es simpático y sano que estos jóvenes y casi niños sean tan libres, y viajen, y se acuesten y desacuesten entre ellos... Lo de la droga, en cambio, no lo veo tan claro.
No todos estos millares de adolescentes vienen a drogarse a Máncora, claro está. Muchos vienen a correr olas, a bucear, a pescar, o simplemente a bañarse y pasarla bien en estas playas paradisíacas donde cada crepúsculo es una fiesta de luces y fuegos milagrosa. Pero la droga es un ingrediente central de su cultura y no verlo, o no quererlo admitir, es jugar al avestruz y no entender a la nueva generación.
Es simpático y sano que estos jóvenes y casi niños sean tan libres, y viajen, y se acuesten y desacuesten entre ellos con una facilidad que era impensable hace veinte años. Lo de la droga, en cambio, no lo veo tan claro. Conozco demasiados casos de jóvenes destrozados por ella para aceptar la teoría de que, en la mayoría de los casos, es anodina, y, por lo demás, más benigna que el tabaco y el alcohol. En todo caso, es evidente, que aísla y sume a sus usuarios en un estado de pasividad y desinterés por el entorno que puede llamarse egoísta y destructivo, y, asimismo, que es uno de los síntomas más evidentes de la decadencia de una clase social.
Cuando yo era adolescente, muchos jóvenes privilegiados, como éstos de Máncora, que sentían, de pronto, disgusto de su medio y tomaban conciencia de la ceguera y la ineptitud de sus mayores para haber hecho del Perú un país menos injusto, sin los horrendos contrastes económicos, culturales y sociales que luce, abrazaban la revolución: se hacían marxistas, maoístas, trotskistas. Pero hoy las ideologías han caído en la bancarrota total y sus escasos supervivientes, cuando no se reciclan en la social democracia, son unas figuras anacrónicas, patéticas, que sólo despiertan compasión. ¿Qué hacen, pues, a dónde van los jovencitos de la burguesía peruana que padecen crisis de sensibilidad y se descubren inquietudes espirituales? A las organizaciones católicas integristas, que los reclutan por docenas, desde el colegio. Es otro de los impresionantes fenómenos sociales de los últimos años en el Perú: el robustecimiento de instituciones como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo o el Sodalicio de la Vida Cristiana (una creación peruana), que no sólo muestran un dinamismo misionero creciente, sino que parecen haber arrinconado en iniciativas y poder, dentro de la Iglesia, a los llamados cristianos de izquierda, antaño tan influyentes. Confesaré rápidamente que la disyuntiva que se les presenta a las chicas y los chicos de la clase media peruana -el `éxtasis' o el integrismo religioso- me produce escalofríos.
Mario Vargas Llosa vacaciona en la paradisíaca playa de Máncora junto al pintor Fernando de Szyszlo.
¿Qué hubiera dicho de todo esto el filósofo Ludwig Wittgenstein? Me lo pregunto, en estos días de sol, mar y calor, de Máncora, mientras leo la excelente biografía que le ha dedicado Ray Monk (Anagrama), y descubro, en sus páginas, que este príncipe de la lógica y de las matemáticas debió ser una persona irresistible. Genial, sin duda, pero intratable y feroz, sobre todo con sus colegas y amigos que lo admiraban y querían, y que se desvivieron por ayudarlo, como Bertrand Russell o John Maynard Keynes. Ciertamente que él no hubiera aprobado el hedonismo, ni el materialismo, ni la frívola levedad de vida de estos jóvenes ansiosos de gozar a toda costa (y a costa de todo), ávidos de bienes materiales. No. Él pertenecía a una de las familias más ricas de Europa y renunció a toda su cuantiosa fortuna, para vivir con austeridad monacal. Fue jardinero de conventos, trabajador industrial, mandadero de laboratorio, e intentó, seriamente, dejar su cátedra de filosofía de Cambridge para irse a trabajar como obrero mecánico en Rusia. Siempre creyó que el trabajo manual dignificaba y que, en cambio, en el quehacer intelectual, sobre todo en su versión académica, había algo irreal y, por lo tanto, despreciable. Pero, pese a estas ideas, él fue un intelectual en grado extremo y dejó una obra que sigue fermentando en los claustros universitarios de medio mundo, en tanto que esos brillantísimos alumnos de sus cursos, a los que él convencía de que renunciaran a la filosofía y se hicieran campesinos u obreros -fue el caso de su amante Francis Skinner- terminaron casi todos muy mal.
En este bellísimo lugar que es Máncora, Ludwig Wittgenstein hubiera sentido repulsión, horror, rodeado de estos bellos adolescentes que cultivan sus cuerpos y son sensuales, alegres, superficiales, frívolos y que, en su gran mayoría, ni siquiera desprecian la cultura pues no se han enterado que existe. Pero tampoco hubiera aprobado esas vocaciones que despierta y aprovecha el integrismo católico, pese a la religiosidad profunda que marcó su vida, y, acaso, también su obra (él creía que sí, pero no lo aceptan los filósofos). Su cristianismo no fue nunca gregario ni institucional, sino una forja solitaria, un esfuerzo individual para reprimir en su vida todo lo que no fuera coherente con su particular tabla de valores, según la cual era preciso vivir con total sobriedad y modestia, desdeñoso del éxito, pero permitía golpear a los alumnos torpes (lo hizo, cuando era maestro de escuela en Austria) y humillar públicamente a los colegas menos talentosos que él (casi todos, a su juicio).
La biografía de Ludwig Wittgenstein me ha fascinado, pero, al mismo tiempo, me ha quitado totalmente las ganas de hacer el esfuerzo de meterle el diente al Tractatus lógico-filosófico o a las Investigaciones filosóficas. Algo parecido a lo que me ocurre con esta rutilante muchedumbre de jóvenes que han convertido el antaño pueblecito de pescadores de Máncora en una avanzada de Miami Beach o de Montego Bay: fascinantes, sí, pero qué suerte haber tenido una juventud menos dorada, más gris, más inocente y problemática.
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© Mario Vargas Llosa, 2003.
Anonymous
01-24-2003, 02:17 PM
LA DESTRUCTIVIDAD DEL SODALITIUM
CITAS BÍBLICAS DE USO DEL SCV PARA
DESTRUIR LA AUTOESTIMA DEL CAPTADO
Por José Maúrtua
J_maurtua@yahoo.com
Las sectas fanáticas mantienen un discurso que posee como peculiaridad el ser "cerrados", es decir, que en su propio discurso se encierra en un mundo predispuesto por los líderes de la secta. Y la secta se escuda en ciertas frases, es decir, se encarama para protegerse de las críticas y se retroalimenta.
I) El discurso cerrado del mundo de la secta y los oídos sordos a la crítica
Esto lo citamos en el artículo anterior "El SCV una secta fanática por los cuatro costados". Cuando Figari advierte en "Misión y Fraternidad" página 3, Memoria del Superior General del Sodalitium Christianae Vitae, 1982 a sus seguidores "ellos van a ser calumniados". Y para apoyar dicho punto cita al evangelista Mateo en su versículo V, 11-12: "Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros (Mt 5, 11-12)".
II) La auto-negación de la persona en el SCV usando citas bíblicas
Pero ésta no es la única característica. Otra de las características es que el discurso fanático tiende a la destrucción de la persona en tanto individuo autónomo. Se logra dicha meta mediante la repetición de la auto negación de la persona usando frases bíblicas como Lucas 17,10. Así Figari afirma en Fidelidad y Comunión (1980), p.4, "Pero con todo, a pesar de fructíferos resultados y esperanzadoras promesas, no podemos dejar de repetirnos, lo que en la disciplina evangélica hemos aprendido y cita a LC 17, 10: Siervo inútil soy de mi Señor".
Imagínense, estimados lectores, a una persona repitiéndose a diario que es siervo y encima que es un siervo inútil. Puede usted imaginar la repercusión que eso tiene en una psiquis joven o incluso adulta. Esto atenta contra todas las normas mínimas elementales de respeto a la persona humana. Si uno está en esa orden según Figari, debe dedicarse a auto-ningunearse como un siervo y además como un siervo inútil. Esto es atentatorio contra la dignidad de las personas porque aunque lo afirme de un supuesto Dios, si uno se repite esto a diario, podría tener las siguientes lógicas consecuencias :
1) No me hago responsable de mis actos porque solo "soy un siervo inútil del Señor"
2) No valgo nada, porque "soy un siervo inútil del Señor"
Esta sola frase reduce la autonomía del hombre libre a la categoría de siervo. Y baja la auto estima de la persona a grados de absoluta manipulación por un otro. Cuando uno tiene la estima tan baja es fácilmente manejable. Esta es la consecuencia más peligrosa de todo esto. Uno se dedica a obedecer como siervo y con la moral personal muy abajo. Esta frase es usada así por el SCV y por Figari, para la destrucción del individuo y su reducción a la nada. Propende una santidad basada en la destrucción de la autoestima y en buena cuenta de la persona.
III) El sadomasoquismo en el SCV y la “Pedagogía de la alegría-dolor, dolor-alegría”
Analicemos. Determinismo, sadomasoquismo son elementos habituales en el discurso de los miembros directivos de las sectas, lo analizamos en un articulo anterior "Cipriani a través de Escrivá" en la secta Opus Dei hace ya algún tiempo, donde analizábamos que Escrivá (hoy santo de la iglesia católica) promovía que los miembros de su organización recurrieran al auto-flagelamiento corporal con silicio. En el SCV, el elemento sadomasoquista también está presente tanto en el discurso como en los actos que promueven entre sus seguidores capturados.
Veamos: Figari en "Fidelidad y Comunión", texto que data de 1980, y a modo de recuento (p.3): "Nueve años han transcurrido llenos de bendiciones del Altísimo. Nueve años en que a través de la vivencia de la Teología de la Cruz, de la pedagogía divina de la alegría-dolor, dolor-alegría, hemos venido siendo forjados por la Providencia"
El texto es bastante explícito pero creemos que el análisis es útil y nos ayudará a explicarnos con mayor alcance lo que afirma la secta SCV. Como todo alucinado el Sr. Figari, está seguro que los acontecimientos que le han sucedido a él y a la secta le han sido dictados, por un ser superior, y muchas bendiciones, las cuales Figari no explica en qué consisten, afirma se han plasmado. En la realidad sin justificación alguna salvo su “fe".
Explicación: Los fanáticos de todo calibre suelen atribuir a un designio misterioso y divino sobre los fenómenos que acontecen en la realidad. El análisis esta descartado para estos fanáticos. Todo fanático explica la realidad si es favorable a sus objetivos como dictada por un algo inexplicable y todo poderoso, que ha permitido en el mundo de los fenómenos, lo visible por los sentidos, que lo que "su fe y creencia le hacía creer" se manifiesta en la realidad debido a esa extraña asociación que ellos ejercen. Atribuyen lo bueno que les pueda haber sucedido a un tal "Altísimo".
Todo esto es muy absurdo. Sólo la palabra “altísimo” para la alusión a una supuesta divinidad es un despropósito. Se parte de conceptos espacio temporales. Si dios fuera espacio-temporal sería visible y fenoménico pero esto justamente anularía su carácter "divino" propio de lo extra natural (para nosotros inexistente) porque lo que hay es la naturaleza. Punto. Bien, los creyentes usan las dimensiones sacadas de la realidad concreta espacio temporal lo alto, sobre lo bajo. En latín el sufijo "ísimo" que el español y el italiano recogen implica la palabra "muy" o "en sumo grado". El Altísimo es "la creencia suya en dios". Hasta aquí, aunque se puede discrepar lógicamente, podríamos conceder que al individuo Figari, le da la gana de asumir creencias contra toda lógica. ¡Es su problema!
Figari atribuye por su creencia al supuesto altísimo "todas las bendiciones". Con esto cae en el punto de pensar la realidad como consecuencia de un ser extranatural, que es en lo que cae todo fanático y supersticioso. Pero de la consideración de su creencia privada pasa a otro nivel; el del "misterio". El misterio es lo que toda secta recurre para hacer creer a la gente, lo que no se puede creer por ser absurdo, inexplicable, etc. y que riñe con la lógica. Allí, menciona Figari a la "Teología de la Cruz "; Mas nos preguntamos ¿Qué es esto? ¿Cómo puede construirse una teología o un estudio de dios, a partir de un hombre muerto, ajusticiado en una cruz? Esto se basa en el adefesio lógico de la creencia en el hombre-dios. Argumento falaz que se ha discutido hasta la saciedad en otros artículos míos. Sólo sostengo que lo que muere no podría ser dios porque dios sería lo perfecto, eterno, más grande y entonces no puede ni nacer ni morir ni nada de eso.
Pero nos interesa especialmente lo que afirma llamar la pedagogía del la alegría-dolor, dolor-alegría. Y aquí viene a conformar la explicación a las actitudes de orden sadomasoquista denunciadas por ex miembros de la secta. ¿De qué se trata? Si uno busca las páginas de cualquier Historia de la Pedagogía, no vamos a encontrar una pedagogía de la alegría y el dolor. Esto es nada más y nada menos que la manipulación psicológica vista en sus efectos más palpables de producir alegría y dolor. ¿Se puede hacer pedagogía de esto?
Pensamos que lo que se lleva a cabo con nombre de Pedagogía no es otra cosa que una manipulación y adoctrinamiento. Es lo que se ha conocido como un conductismo brutal que ya se ha criticado por la psicología moderna. Esto viene a ser el hecho de premiar o castigar al educando es la peor manera de enseñanza. Esta es la pedagogía conductual de carácter sado- masoquista del dolor-alegría, alegría-dolor que maneja la secta SCV.
Esto encaja en los llamados "ejercicios", que terminan siendo torturas a un nivel práctico y acusaciones que se le han atribuido a la secta por valientes denunciantes quienes han acusado de haber sido víctimas de esta "pedagogía" cuando los hacían nadar en las aguas frías del balneario de San Bartolo colocándose piedras en la ropa de baño en horas de madrugada; de haber sido sometidos a tratos inhumanos y/o degradantes e inclusive de haber sufrido amenazas con arma punzo-cortante y/o quemaduras con velas encendidas, etc. Creemos que estas actitudes encajan perfectamente con lo que Figari denomina Pedagogía "alegría-dolor, dolor-alegría" mencionada por él mismo en su texto "Fidelidad y Comunión".
Desde aquí podemos afirmar que no existe algo así como una "Pedagogía" basada en las afecciones de la alegría y el dolor. Esto es lo más antipedagógico que pudiera existir. Vendría a ser un condicionamiento manipulatorio. Por lo tanto, afirmamos que ese señor Figari miente y engaña al referirse a la existencia de una "Pedagogía de la alegría y el dolor". No es científicamente comprobable ni postulable, a menos de que se trate de una manipulación sistemática de las psiques y mentes de jóvenes.
IV) Para la secta SCV, sus miembros "no son nada".
Parece no preocupar a muchos de los miembros de la secta SCV que para Figari ellos no son absolutamente nada. Esta es la realidad para el fanático Figari quien en la página 6 de su "Fidelidad y Comunión" reafirma su los sentimientos de auto-ninguneo y baja auto estima al afirmar la lejanía de la divinidad. No olvidemos que Figari ya manifestó que es útil repetirse: "Siervo inútil soy de mi Señor” y "El anhelo de ser puro con el Señor, de colaborar con él aun en lo más doloroso" Y cita Col, 1,24), página 6 de su libro Fidelidad y Comunión.
Pero ¿Quién es el “Señor" para este individuo? ¿Y qué es lo más doloroso? El individuo una vez autovapuleado con ser siervo inútil y poca cosa, acepta que debe colaborar con el Señor (esto puede ser cualquier cosa, porque lógicamente es una indeterminación, pueden ser los deseos de la secta SCV, lo que Figari quiera o cualquier cosa, al ser indeterminado es abierto). Ya está capacitado para "colaborar aún en lo más doloroso".
Como se puede observar son frases ambiguas del tipo de las que aparecen en un horóscopo, pero con el agravante que aquí hay un big brother que es la secta, se aplican a cualquier situación. Es como cuando en el horóscopo dice "Tendrás problemas en el trabajo". Y ¿cualquiera los tiene y eso hay siempre: por eso se atribuye validez al horóscopo. Aquí en cambio con frases abiertas llevan mediante el sentimiento autoflagelatorio a asumir actitudes negativas como "realizar lo más doloroso" (queda indeterminado que pueda ser", pero se presta a todo tipo de manipulación).
El adepto del SCV debe aceptar por otra parte que -para esto usa Isaías (55,7,9)- "debe aceptar humildemente que ni nuestra medida, ni nuestros planes, ni nuestros caminos, ni nuestros pensamientos son necesariamente los de dios". Esto es sumamente dañino para el adepto. Lo que debe aceptar es que no posee nada de sí mismo sino que lo único bueno viene de la secta lo demás no. ¿Será por eso que violan la correspondencia de los adeptos?
Los caminos del muchacho/a son malos (a priori), los de dios, buenos; en consecuencia, tú no puedes tener caminos propios (o sea, no pertenecientes a la secta). Los planes tuyos son malos (a priori), los de dios son buenos; en consecuencia, tú no debes tener planes propios (o sea, no diferentes a los de la secta). Tus pensamientos son malos (a priori), los de dios son buenos, en consecuencia, tú no debes tener pensamientos (diferentes a los de la secta). Porque dios es lo bueno y tú "un inútil siervo del Señor" (recuerde fragmento de Lucas).
Conclusiones
1. Este pequeño análisis muestra que la secta Sodalitium Christianae Vitae pretende la disolución de la persona en la absoluta nada, basándose para ello en textos bíblicos donde se le baja a la persona la autoestima a grados superlativos, apelando al ninguneo sistemático de la misma.
2. La secta SCV no descarta ni en el discurso ni en la práctica el uso del sadomasoquismo como instrumento de sumisión para sus adeptos. Lo demostramos con citas textuales tomadas de las mismas obras escritas de Figari.
3. La secta embauca a un público desinformado. Señala una pedagogía de la alegría y el dolor, la cual no se enseña en ningún centro de estudios serios de pedagogía, porque no es otra cosa que una apelación al masoquismo y al auto-flagelamiento.
4. Se recomienda a las personas y al público en general tomar nota de estas actitudes que son contrarias a la estima mínima elemental que toda persona debe tener para su salud psicológica.
5. Los directores de Colegios y Centros de estudios deben estar alertas con personajes (infiltrados de la sectas) que reclutan menores bajo la estrategia de los llamados "retiros espirituales". El material bibliográfico aludido en este trabajo circula entre los adeptos ya una vez dentro de la secta, no al inicio. El engaño es sumamente fácil. Menores y adolescentes tienen su psiquis aún no estabilizada y pueden ser presas fáciles de manipulación. Precaución es el objetivo.
Anonymous
07-11-2003, 05:23 PM
El Sodalicio es lo mejor que podria haberme pasado en la vida... Y solo es una secta para locos desquiciados enemigos de la
Iglesia y de todo lo que sea serio, valioso y generoso en el mundo...
Anonymous
07-17-2003, 04:35 AM
...es el serio, valioso y generoso ARGUMENTO de un sectario sodálite.
Anonymous
07-18-2003, 04:35 AM
De Huaco a Waco
La tragedia de Waco de abril de 1993 nos mueve al recuerdo de lo que una secta fanática puede hacer. David Koresh junto con sus seguidores davidianos, tras un asedio de 51 días por el FBI, murieron en las instalaciones de su sede en el complejo del Monte Carmelo. Entre ellos se encontraban antiguos Adventistas. Aún se estudia la responsabilidad de los implicados en la masacre. Pero siempre queda una duda: adonde conduce el accionar de las sectas y sus integrantes.
Marco Antonio Huaco Palomino, ministro de la iglesia ADVENTISTA DEL SEPTIMO DÍA, es un activista promotor de la “libertad religiosa”. ¿Cual libertad? La de su secta por supuesto. Entre otras acciones ha venido promoviendo la introducción de su secta en América Latina y sobre todo en el Perú. Para ello no duda en poner en tela de juicio a cualquier opositor. Y la Iglesia Católica es uno de sus blancos preferidos.
Entre sus recientes acciones políticas está el borrador del proyecto de ley que quiso presentar al Congreso de la República del Perú para eliminar el reconocimiento que la Constitución Peruana hace a la Iglesia Católica por su aporte a la cultura nacional. Mezquindad de un sectario que no piensa nada más que en sus intereses, que oculta su filiación religiosa escudándose en una Maestría en Ciencias Religiosas que aún no termina de cursar.
No extraña entonces que busque también desprestigiar al Sodalitium Christianae Vitae u otras instituciones pertenecientes a la Iglesia. En un alucinado artículo que el titula ”Mitad monje, mitad soldado” donde pretende dar “una mirada a la ética sodálite” y realizar un análisis de lo que se vive al interior de esa institución. Lógico sería pensar que sus fuentes son abundantes, directas y actualizadas. Pero lamentablemente la lógica no prima en esta secuela de universitarios actuales que dejan mucho interrogantes sobre la calidad de las Maestrías en el Perú. El panfletario escrito utiliza como fuentes a un periódico parcializado, el testimonio de un ex miembro abiertamente ateo, la novela (es decir ficción) de un periodista que ignora al Sodalitium cerca de veinte años, y ¡personas anónimas! Ningún testimonio o escrito del Sodalitium.
El confundido Huaco, alumno de la San Marcos, para hacer su estudio pone en boca del fundador del Sodalitium las palabras ¡de un personaje de la novela! Sin fuentes confiables no sabemos como hace una explicación del proceso de admisión y formación, de la obediencia y de la preparación espiritual, pero llega al absurdo al querer afirmar que lo escrito en la novela confirma las denuncias del esquizofrénico periodista José Enrique Escardó, quien se ha llamado a sí mismo el Anticristo. Más allá de la inspiración, Pedro Salinas no tardó en aclarar en la presentación de su libro a la que Huaco lo invitó que “toda novela es una gran mentira”. Al final lo que importa es vender. Y Huaco compró.
Crítico de la disciplina deportiva, del sano ejercicio y del carácter masculino, lo que confunde con la vida militar, Huaco insiste en las comparaciones extraídas de la ficción, sacando conclusiones por ejemplo de la natación matutina como si de extremo se tratase. Así arriban en erráticas conclusiones su visión de la ascética cristiana, el esfuerzo por alcanzar las virtudes, la legítima defensa del derecho a profesar la fe, la vida comunitaria, el celibato, e incluso el esfuerzo por alcanzar la santidad. La tradición católica de las congregaciones se ve así cuestionada por quien desde una visión sectaria busca desacreditar a quien no profesa su mismo credo. Intolerancia llevada al extremo, por quien se dice defensor de los derechos de libertad religiosa.
Un adventista que considera al Papa como el Anticristo, que vaticina la segunda venida de Cristo con fecha exacta, y con una estructura farisaica de normas para ser merecedores de la salvación, puede ser tolerado. Pero ello no le otorga el derecho a atropellar a personas e instituciones al hacer su proselitismo sectario en un país de mayoría religiosa católica y que ha visto surgir en sus tierras preciosos frutos de santidad. La libertad religiosa debe ser respetada. Más aún si esta preserva la religión de la mayoría de los peruanos.
De lo contrario un Huaco repetirá la tragedia de Waco.
Anonymous
07-19-2003, 04:00 PM
Las sectas son las que ESTAN AFUERA DE LA IGLESIA CATOLICA, no adentro:
Los movimientos en la Iglesia no son sectas, concluye un estudio científico
Numero monográfico publicado por la revista «Concilium»
ROMA, 15 julio 2003 (ZENIT.org).- ¿Están surgiendo sectas dentro de la Iglesia católica con los nuevos movimientos o comunidades? Un estudio interdisciplinar, presentado por el último número de la revista «Concilium», responde negativamente a la pregunta.
La investigación realizada por el Comité científico de la revista ha sido dirigida por el historiador Alberto Melloni y se ha realizado involucrando a expertos en historia, teología, derecho canónico y sociología.
Al presentar el resultado de la investigación monográfica, que lleva por título «Los movimientos en la Iglesia», el padre Rosino Gibellini, director de la revista, explica a los micrófonos de «Radio Vaticano» que no se puede aplicar el esquema que califica de sectas a los nuevos movimientos.
El sacerdote explica que la investigación se hizo después de constatar que con frecuencia al referirse incluso dentro de la Iglesia a las nuevas realidades eclesiales, con frecuencia hay personas que afirman: «sí, pero sois como una secta».
Las nuevas realidades eclesiales (muchas no se identifican con el término "movimiento") han surgido en particular tras el Concilio Vaticano II y hoy día reúnen a millones de católicos en todo el mundo. Entre ellas, algunas de las más conocidas son Focolares, Camino Neocatecumenal, Comunión y Liberación, Comunidad del Emmanuel, Regnum Christi, Comunidad de San Egidio, grupos de la Renovación Carismática, Movimiento de Vida Cristiana, etc.
El estudio, aclara el teólogo, demuestra que «los movimientos son organizaciones religiosas. No son sectas, pues ante todo tienen por referencia a la autoridad de la Iglesia, es más, se diría que tienen un hilo directo con la guía de la Iglesia». Además, aclara, ofrecen un servicio humano y «estas dos referencias hacen que no pueda hablarse de ellos como de sectas».
El estudio del teólogo Alexandre Ganoczy, aclara el director, muestra que una secta «es una forma eclesial opuesta y alternativa: "nosotros somos 'la' Iglesia". En la practica, el carácter eclesial de estos movimientos no es opositivo o exclusivo, y por tanto no se puede utilizar el concepto de secta».
«No se puede continuar con la mentalidad que descalifica a estos movimientos, pues deben ser evaluados con el metro de un contexto eclesial abierto ».
«"Concilium", sin una análisis ideologizado, ha mostrado que estos movimientos deben ser integrados en este contexto eclesial abierto. Cada uno ofrece por tanto su contribución. El proceso, además, es abierto».
Tras la investigación, el teólogo concluye: «Creo que estos movimientos traen una revitalización del tejido comunitario cristiano».
ZS03071507
Anonymous
07-19-2003, 07:42 PM
EL CREDO DEL DESCREIDO
Si pasa a tomarse una tacita de café en el Buho Rojo le puede salir gratis. Allí se congrega el más variopinto elenco de “pensadores”modernos. Lo que importa es decir cualquier cosa, porque la filosofía está abierta a todos, incluso a los indefensos niños. No se necesita ninguna preparación. Basta “filosofar” un poco y dejará al dueño de casa contento. Y satisfecho por la captura de un prosélito más.
Liderado por José Maúrtua, esta cafetería congrega a un grupete descreído de la sociedad limeña. Así nombres como Juan Donayre, Herbert Mujica, Manuel Humala, Pedro Flecha, Manuel Paz y Miño, Guillermo Pérez, Héctor Guillén, Ernesto Guevara, Luis Del Castillo, Raymundo Casas, Carmen Zavala y otra recatafila de agnósticos debaten sobre la inexistencia de Dios, la resurrección del marxismo, las creencias y cuanto tema pueda ser sazonado con un poco de música latinomericana. Integrantes del MOVIMIENTO PERUANO HUMANISTA ARRELIGIOSO estos filósofos de café apuntan sus baterías contra la Iglesia Católica en el Perú. Para ello la estrategia es la de asediar, atacar y rebajar a las personas e instituciones que la integran.
Así han sido vilipendiados por sus escritos instituciones como el colegio San Agustín, el colegio Maristas, el Presidente de la Conferencia Episcopal, el Arzobispo de Lima y otros obispos del Perú. No asombra tampoco que hayan dirigido sus ataques al Sodalitium y al Opus Dei. En sus enfebrecidas lecturas explícitamente no dudan en llamarla sectas por ser coherente con las prédicas del Evangelio. No en vano muchos de estos personajes integran también el MOVIMIENTO ANTISECTARIO PERÚ (MASA PERÚ).
Así por ejemplo el director del cafetín, José Maúrtua obnuvilado por el prisma de su propia filosofía atea descalifica a quien afirme que Dios existe, que tiene una pedagogía divina y que podemos conocerla. Llama fanático al que propone las bienaventuranzas como principio de vida, o que sugiere una distancia de las agresiones del mundo, o a quien ofrece las dificultades con paciencia y mortificación, o incluso por hablar de un Divino Plan. Para Maúrtua también resulta incomprensible una visión cristiana de la familia o del llamado a la santidad incluso en el matrimonio. Por consecuencia, todos los católicos son fanáticos por querer vivir según las enseñanzas de Jesucristo. Evidente miopía respecto de la vida cristiana para quien no cree en Dios.
Así también le repele la posibilidad de una ascética cristiana o de la vida comunitaria religiosa, lo que solo es posible, siempre según su prisma ideológico, si alguien ha sido manipulado. Probablemente haciendo uso de su “filosofía aplicada” sugiere unas disparatadas recomendaciones que solo pueden tener como origen una hepática reacción anticlerical.
Maúrtua no oculta su ignorancia exegética. Como cualquier fundamentalista prescinde del espíritu con que han sido escritos los Evangelios, y descalifica cualquier interpretación cristiana sacando del contexto sus contenidos, para terminar afirmándose en las frases absolutas. Tampoco oculta su rechazo a las enseñanzas evangélicas, las que le producen contorsiones emocionales que llegan a la irracionalidad. Aunque reconoce que tampoco confía en la razón como medio de comprensión.
Coincidentemente este es el procedimiento típico que ha dado origen a las sectas a lo largo de la historia, las cuales siempre ofrecen un nueva interpretación “más completa” que supera la anterior. Sectarios por excelencia llaman sectas a los demás. Así surgen los nuevos grupos mesiánicos, que tienen su verdad, su credo y sus desacuerdos con los demás. ¿Qué estará naciendo en el Buho Rojo? ¿Cuál lechuza será su augur? ¿Acaso una nueva revolución?
Por la salud y protección de la población mayoritariamente católica del Perú es necesario que las autoridades investiguen a este grupo de agresivos descreídos que promueven la violencia y la destrucción en sus escritos y que descalifican a personas e instituciones simplemente por el hecho de profesar la religión católica. Los derechos de libertad religiosa expuestos en la Constitución Peruana están siendo amenazados por el pensamiento sectario y los fundamentalismos de grupos como el del Buho Rojo (http://www.buhorojo.de/) Estemos atentos. Cuidemos que un nuevo sendero no esté naciendo destruyendo la democracia y la libertad en el Perú.
Anonymous
07-20-2003, 01:42 AM
Su Santidad
Papa Juan Pablo II
Ciudad del Vaticano
Vaticano
Excelentísimo Santo Padre,
Encomendándome a Dios, a nuestro Señor Jesucristo y a la Santísima Virgen María, me dirijo a Ud. muy respetuosamente, Santo Padre, para expresarle lo siguiente:
Soy un miembro de su grey, católico bautizado y profesante, educado en los principios de nuestra fe y nuestra iglesia por los Jesuitas del Colegio de San José en Arequipa, miembro de la Cruzada y la Congregación Mariana, cuya medalla de la Virgen me protege y ha protegido desde entonces, porque siempre la he portado en mi bolsillo desde que salí del colegio (imagen de la medalla), Virgen a la que encomiendo esta misiva también. Fui Excelencia de mi clase en todos mis años de estudio en el colegio, Promoción San Francisco Javier 1964, con padres que contribuyeron activamente a la Iglesia Católica en Arequipa, pues mi madre, la señora Rosa Tudela de Gerdt fue dirigente y motor del movimiento para la construcción del Seminario de San Jerónimo en esta ciudad, al conseguir fondos para dicha obra con su activa obra en el Movimiento de Vocaciones Sacerdotales, es decir, somos cristianos y católicos de una fe verdadera, profunda y basada en los verdaderos principios de nuestra religión.
Nunca creí que como católico, tendría que enfrentarme por mi supervivencia y la de mi familia, contra un movimiento que se dice pertenecer a la Iglesia Católica, el Sodalicio de Vida Cristiana, pero que actúa lejos de los mandatos de Cristo y la Iglesia, siendo ésta la razón por la que tengo que acudir a Ud. Santo Padre, pues en base a títulos nulos, comisión de delitos y un cúmulo de ilegalidades, el Sodalicio de Vida Cristiana, por intermedio de su Asociación Civil San Juan Bautista, con fecha 4 de julio del 2003, pretende lanzarme, a mi familia y a mis pertenencias de mi hogar, para consumar así un lucrativo “negocio” basado en el enriquecimiento ilícito en su favor.
Entiendo que un movimiento como el Sodalicio de Vida Cristiana, fundado y dirigido por el laico Luis Fernando Figari Rodrigo y que tiene un fuerte poder en la Iglesia y la Sociedad Peruanas, está sujeto también a la Doctrina, Mandamientos y Preceptos de la Iglesia y debe actuar frente a otros cristianos, como parte de la Iglesia Católica, pero creo que este no es el caso conmigo:
A) DE LOS HECHOS POR LOS QUE LOS CONOCEREIS:
El Sodalicio está pretendiendo desalojarme de mi hogar y el de mis hijos, en base a un pagaré adulterado, declarado nulo por sentencia ejecutoriada y consentida, en el que se han cometido delitos, en complicidad con un banco involucrado en corrupción y que tiene cientos de denuncias penal por haber adulterado todo tipo de títulos y documentos, el Banco Santander Central Hispano.[i]
Como consecuencia de la comisión de los delitos, la 2ª Fiscalía Provincial Penal de Arequipa, ordenó abrir proceso penal por los delitos de falsedad material e ideológica, defraudación y usura contra sus funcionarios y el propio banco como tercero civil responsable, proceso que tiene el Nº 3787-01 en el Sexto Juzgado Penal de Arequipa.[ii]
La persona que está detrás de todo esto, es el sacerdote del Sodalicio de Vida Cristiana, Javier Len Álvarez, pues él, en combinación con el banco, pidió y obtuvo meses antes del remate, poderes a su Consejo Directivo, en la Asociación Civil San Juan Bautista, del sodalicio de vida cristiana, para poder participar en el remate. ¿Cómo pudo saber si el remate ni siquiera en esa fecha había sido ordenado y por lo tanto tampoco era público tal hecho, sino es porque el banco se lo comunicó para que participe y además, le también proporcionó el dinero para participar en el mismo, pues Len presentó como “pago” un cheque sin fondos de dicho Banco, que, por la corrupción existente en el Poder Judicial del Perú, fue a pesar de todo válido? [iii]
Tanto verbalmente, como por cartas notariales a Fernando Figari y con copias al señor Nuncio y al Arzobispo, les comuniqué que debían desistirse de la compra en remate, porque no era lícita, y porque no era cristiano participar en un remate y que me dejasen arreglar la situación con el banco. La consecuencia, no fue otra que insistieran más en “la operación” y que el sacerdote del Sodalicio de Vida Cristiana, Javier Len Alvarez, indebidamente y como para amedrentarme, me denunciara 3 veces por una supuesta difamación. ¿Ante quién? Ante sus superiores jerárquicos en la Iglesia Católica, como ve Ud. Santo Padre, un comportamiento nada cristiano.[iv] No les importó nada y su única preocupación (Srs. Garreaud, Len y Giachetti, todos del sodalicio de vida cristiana) era perder el gran negocio que hacían y su dinero.
Como el sodalicio tiene y ejerce un fuerte poder económico, político y social, inclusive pagó con un cheque sin fondos, del mismo Banco Santander Central Hispano, de un tercero que no tenía nada que ver en el proceso, y que se cobró totalmente fuera de término, 8 y medio meses después, cuando la ley dispone un plazo perentorio de 3 días, todo ello gracias a la corrupción existente en el Fujimontesinismo y a las presiones ejercidas por el sodalicio ante el Poder Judicial.[v]
Como consecuencia de defender mis derechos y los principios cristianos que norman mi vida, ahora tengo 3 (tres) querellas por supuesta difamación, iniciados por el sacerdote sodalicio Javier Len Álvarez, con plena aprobación y respaldo de su plana mayor en Lima; uno de los cuales ya ha determinado no tengo ninguna culpabilidad.[vi]
En octubre del 2001, luego en Junio del 2002 y en Julio del 2002, los sodálites de la Asociación Civil San Juan Bautista, cuyo apoderado y representante es el sacerdote del sodalicio de vida cristiana Javier Len Alvarez, han pretendido lanzarme de mi hogar (esto es, sacarme a mi, a mi familia y a mis pertenencias de mi hogar, por la fuerza), contratando para ello a cientos de personas, lo cual está documentado por la prensa local, en videos y periódicos.[vii]
Olvidándose totalmente de los derechos fundamentales de la persona y de las más primitivas reglas de la convivencia en sociedad, los sodalicios de vida cristiana, por intermedio de su Asociación Civil San Juan Bautista, llegaron incluso a contratar a un miembro de inteligencia en actividad en el Ejército Peruano, para hacer seguimiento de mis actividades, las de mi familia e hijos, entregando “informes” diarios a los sodálites, a fin de que pudieran planear y efectuar más exitosamente el siguiente intento de lanzamiento. Esto que es inaudito, ha sido materia de comentarios televisivos, ha originado cambios en la jerarquía del Ejército y es hoy materia de una denuncia penal por terrorismo y violación de la intimidad que se ventila en la Sexta Fiscalía Penal, Expediente Nº 106-2002 y una denuncia penal por intimidación agraviada ante el Sétimo Juzgado Especializado en lo Penal, expediente Nº 58-2003. [viii]
Usan su poder y su dinero para torcer la justicia, influir en los medios de prensa, lo que ha originado innumerables quejas mías a la Corte Suprema de la República; demoras impresionantes en el desarrollo del proceso penal 3787-01 para que no haya una sentencia por los delitos, y en eso tanto el corruptor como el corrupto, tienen igual culpa.[ix]
Como miembro de la Congregación de María, desde que salí del Colegio San José, llevo siempre conmigo la imagen de la Virgen del Colegio, quien me ha venido protegiendo del sodalicio. Al sacerdote del sodalicio de vida cristiana, Len Álvarez le mostré la medalla de la virgen y le pedí que por su fe y por los principios del cristianismo no siguiera como cómplice del banco en una operación ilícita. Obviamente no le importó nada, se dice que es un sacerdote católico del sodalicio, pero el sacerdocio no es una sotana, sino un estado de vida y la práctica de los principios de Cristo y la iglesia, además, ya está en la Biblia, “Por su obras los conocereis”. Y en este caso, lo que pretende el sodalicio es obtener un enriquecimiento ilícito en mi contra y grandes ganancias con su “compra en remate” de mi casa, porque el tema de las ilegalidades y la corrupción no les interesó en lo más mínimo. Le dije a Len inclusive, que si alguien le vende un bien robado y él no lo sabe (lo cual no es el caso en mi proceso), y después se demuestra esto, tendría que devolver el bien, pero obviamente eso tampoco le importó un comino.
El “Superior General” del Sodalicio, Germán Mckenzie, demostrando todo lo opuesto los principios cristianos, y a sabiendas de que era falso y sólo para perjudicarme y ocasionarme grave daño moral, se ha referido a mi persona en la revista “Caretas”, la de mayor difusión nacional y con edición en el internet, como si fuese un delincuente al que se le va a leer una sentencia condenatoria. En consecuencia, se le ha abierto juicio penal por difamación, este sí con fundamentos reales, en el 5º Juzgado Penal, Causa Nº 1630-2003.[x]
No comprendo cómo, un movimiento de la Iglesia Católica, el denominado sodalicio de vida cristiana, puede pretender consumar los delitos del banco y con ello, como los romanos a los cristianos o como los fariseos a los cristianos, pretender despojarme de mi hogar. ¿O es que realmente y en esencia no es un movimiento laico de la Iglesia Católica Apostólica y Romana?
B) Antecedentes motivaciones
En el Código Canónico, la Iglesia ordena que los movimientos católicos no deben ostentar riqueza, pero el sodalicio de vida cristiana tiene propiedades que no aparecen a su nombre en los registros de la propiedad inmueble, en los mejores sitios, autos último modelo, viajan por las mejores líneas aéreas, etc.
En uso del sodalicio están muchas propiedades en Arequipa, pero, ninguna a su nombre y de ellas perciben alquiler.
El sodalicio usa, para proveerse de fondos, diversas asociaciones e instituciones, como la Asociación Civil San Juan Bautista que según sus estatutos es una “asociación sin fines de lucro”, y mal podría participar en remates judiciales, pero y por el contrario, tienen los siguientes negocios en Arequipa, libres de impuestos, compitiendo en el mercado con ciudadanos y corrientes que sí tienen que pagar impuestos y todo lo demás:
Universidad San Pablo
Instituto del Sur
Cementerio Parque de la Esperanza (el más caro de la ciudad)
Funeraria Santa María
Entre otras
Su motivación no parece ser la verdadera fe cristiana, sino el amasar inmenso poder económico y político, para convertirse probablemente en “los nuevos templarios” que dominen el mundo cristiano. Hasta tienen un símbolo diferente, no es la cruz de Cristo, sino uno propio que los diferencie, la cruz y el ancla. Esto es lo que probablemente mueve en realidad a los dirigentes sodalites, el negocio sodálite, y usan a los adolescentes y a sus padres (cuando pueden convencerlos de entrar en la “familia” sodálite), para que sean de por vida sus servidores “de buena fe”.
Esta ansia de derechismo ultramontano proviene de los antecedentes políticos fascistas de Figari y su lectura de textos sectarios.[xi]
NO hacen votos de pobreza [xii], viven muy bien con los negocios que hacen y con las donaciones que reciben.
Sus métodos de reclutamiento no son abiertos, seleccionan a sus candidatos en los mejores colegios, les hacen un trabajo de seguimiento y luego lavado cerebral, indisponiéndolos con sus familias, para que se integren luego a la “familia” sodálite.
Como sus objetivos son incrementar su patrimonio y su poder, el sodalicio ha gestado tomas de locales escolares, en las que el propio pueblo arequipeño ha salido en contra de Javier Len Alvarez como en el intento de apropiación del Colegio Pérez de Guereñu, [xiii]
Intento de apropiación del Instituto para Niños Ciegos Nuestra Señora del Pilar con documentos falsificados [xiv]
Llama poderosamente el tema de los adolescentes que ingresaron (fueron capturados) en su adolescencia al sodalicio y que luego de un proceso de lavado de cerebro (Franz Guillén (Arequipa), Kryssie Knowles (USA), Axel Alt (Argentina), Hermanas Palacio (Colombia), entre otros y de los pocos que se atreven a hablar) y que luego renuncian a sus familias, hermanos y padres.[xv]
El tema de adolescentes como Franz Guillén que piden garantías al Ministro del Interior del Perú contra sus padres, con el asesoramiento de los abogados del sodalicio, ¿qué se hizo con esos jóvenes y con sus mentes? [xvi]
Llama aún más la atención que el sodalicio de vida cristiana, en los Registros Públicos del Perú, no figuran como institución, no son personas jurídicas, pero mueven mucho dinero, usan propiedades, tienen “seminarios”, etc. [xvii]
Tampoco tienen teléfonos a su nombre en la Guía Telefónica, los que usan, no figuran allí.
Las casas o inmuebles desde donde operan, no tienen letreros que digan sodalicio de vida cristiana o su versión en latín Sodalitium Christiane Vitae, como se autodenominan.
La realidad es que tienen y manejan mucho dinero y pero no tienen nada a su nombre.
Inclusive, llegan al extremo de vender agua en el Cono Norte de Arequipa, con un camión donado de Alemania, en abierta competencia con camiones tanque particulares, que tienen que pagar impuestos e invertir en el vehículo. [xviii]
Peor aún, se niegan a si mismos, como Judas. Como la actuación de la Asociación Civil San Juan Bautista, fundada y manejada por el sodalicio de vida cristiana (entre sus fundadores estaba el hoy Obispo Sodálite José Antonio Eguren, persona quien le dió poderes a su colega sodálite Javier Len Alvarez para participar en el remate de mi propiedad), fue negada como parte del sodalicio de vida cristiana por el propio German Mckenzie (Superior General del sodalicio de vida cristiana) en carta notarial que me enviara con fecha 02 de enero del 2003, lo cual es falso y fue desvirtuado por otros sodálites en sus declaraciones en Radio Líder quienes declararon públicamente que dicha Asociación sí es parte del sodalicio. [xix]
Y, Santo Padre, ¿cómo puede hacerse todo esto en nombre de la Iglesia Católica Apostólica y Romana o de Cristo?, que condena la violencia, la mentira, el enriquecimiento ilícito, etc. etc., es decir el pecado.
Finalmente ¿El sodalicio es parte de la Iglesia o el sodalicio usa a la Iglesia para sus propios propósitos?
C) Denuncias
Denunciados por Pedro Salinas Chacaltana, ex-sodálite
Denunciados por José Enrique Escardó, ex-sodálite [xx]
Denunciados por Entrelíneas
Denunciados por Frecuencia Latina
Denunciados por Diario Dignidad (Lima) [xxi]
Denunciados por www.sectas.org.ar (Argentina)
Denunciados por www.agenciaperu.com (Lima)
Denunciados por Domingo del Diario La República (Lima) [xxii]
Denunciados por www.pepe-rodriguez.com (España)
Denunciados por FacNet International www.facnet.org (USA)
Denunciados por el Diario Pura Verdad (Lima) [xxiii]
Denunciados por el escritor MarioVargas Llosa (Caretas)
Denunciados por la familia Guillén Gross (Arequipa) [xxiv]
Denunciados por la familia Knowles (USA)
Denunciados por la familia Palacio (Colombia)
Denunciados por el suscrito, Fernando Gerdt
D) URGENCIA Y NECESIDAD DE ACTUAR DE LA IGLESIA: medidas correctivas
La actuación del sodalicio de vida cristiana en mi contra no sólo es en contra del Derecho Positivo, de mis Derechos Fundamentales y los de mi familia, sino en contra de la Ley Natural, los Mandamiento de la Ley de Dios y de la Iglesia.
Los mandamientos de la Ley de Dios son obligatorios para todos los católicos, pero, para los sodalicios, recordarles esta obligación por intermedio de sus superiores jerárquicos en la Iglesia Católica ha resultado en una denuncia por “difamación” en mi contra.
El sodalicio de vida cristiana, si es que en realidad es parte de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, no sólo no debe participar en remates, sino que peor aún, no pueden ser cómplices de delitos y todavía decirse ser cristianos, por tanto su participación va contra todos los principios y preceptos de la iglesia y es más, contra su propia esencia pues el fin no justifica los medios.
Es más, se pretende destruir mi familia y su futuro y esto es lo opuesto a lo que Ud. Santo Padre ha dicho en favor de la familia y en contra del crimen en RIJEKA, Croatia el domingo 8 de los corrientes. ¿Cómo puede entonces el sodalicio actuar en contra de la palabra de Ud., Santo Padre, para destruir mi familia y a favor del crimen?
Ud. Santo Padre que es el más cercano ser humano a Dios, no creo que vea con buenos ojos, ni pueda avalar la actuación del sodalicio en mi contra, pues su dios más parece ser el poder y el dinero, como los antiguos templarios que quieren imitar.
Como ya he sido indebidamente denunciado por el sacerdote sodálite Javier Len Alvarez por difamación al haber expresado como católico mis quejas contra él y el sodalicio en misivas enviada exclusivamente al Nuncio y al Arzobispo de esta diócesis, señalo expresamente que en esta comunicación, la hago de cristiano y católico a mi Santo Padre, como autoridad máxima de su iglesia, que es la Católica.
Espero que con su intervención Santo Padre, no se repita la historia de Boston, en la que no se atacó el problema sino hasta que este se convirtió en un escándalo público, porque, como consta de los procesos civiles que existen contra dicha Arquidiócesis, sólo se ocultó el problema, pasando de una parroquia a otra a los sacerdotes acusados y que cometieron pedofilia, lo cual no tiene que ver con la Iglesia en si, pero sí con las autoridades secundarias que no pudieron o no quisieron enfrentar o solucionar el tema. Que esto, no se repita con el sodalicio en el Perú y el mundo.
Tampoco creo que sea permisible la sistemática ocultación de la verdad por parte del sodalicio de vida cristiana, hacia la Iglesia Católica y hacia las personas que no saben lo que realmente significa ingresar a dicho movimiento.
Creo que este es un tema de conciencia, porque no sólo me afecta a mi, mi familia y mi futuro, sino que es un deber de conciencia el llamar su atención, Santo Padre, de cómo ciertos laicos usan el nombre de la iglesia para su propio beneficio y se olvidan de lo que realmente son los mandamientos divinos, las enseñazas de Cristo y los preceptos de la Iglesia, al adorar al vellocino de oro por encima de amor, respeto y obediencia a Dios, en desmedro de personas, familias e instituciones a las que lesionan en sus derechos fundamentales y/o su patrimonio.
Como a solicitud del sodalicio de vida cristiana, por intermedio de su Asociación Civil San Juan Bautista, liderada por el sacerdote sodálite Javier Len Alvarez se ha solicitado otro lanzamiento de mi persona, mis hijos y mi bienes de mi hogar, lanzamiento fijado para el 4 de julio del 2003, requiero de Ud., Santo Padre, su inmediata intervención para que tal atentado no se consume y se le ordene al sodalicio deshacer esta “operación” ilegal, ilegítima y nada cristiana.
Pido a Ud., Santo Pontífice, tomar medidas prontas y eficaces, porque una corrección de errores tardía podría traer consecuencias fatales e irreparables.
En Nombre de Dios y bajo el mismo espíritu de paz y conciliación por el cual Ud. viaja alrededor del mundo, pido a Ud. Su Santidad, su inmediata y efectiva intervención para que:
Se cancelen y terminen las acciones judiciales que el sodalicio de vida cristiana, por intermedio de su Asociación Civil San Juan Bautista y el sacerdote SCV Javier Len Alvarez, vienen efectuando en mi contra y que desistan definitivamente de este propósito y del lanzamiento solicitado por ellos para el 4 de julio del 2003.
Se garantice la vida, la integridad personal y la seguridad mía y de todos y cada uno de los miembros de mi familia y mi personal en el sentido que el sodalicio de vida cristiana, ni ninguno de sus adeptos pueda atentar contra nosotros (desde que ya hubo un intento de agresión que tuve que denunciar en la televisión nacional).
Se disponga que los hijos de las familias disconformes con el Sodalicio como son: Guillén Gross (Arequipa), Alt (Lima), Knowles (USA), Palacio (Colombia) y muchas más que reclaman a sus hijos, puedan regresar a sus hogares, con sus familias de sangre y sin ninguna limitación, es decir, sin la intromisión permanente de adeptos o dirigentes sodálites.
En NOMBRE DE DIOS Y EL DE MI FAMILIA SE LO PIDO, SU SANTIDAD, JUAN PABLO II.
En espera de su Paternal Protección y Justicia, quedo de Ud.
En Jesucristo y la Virgen María.
Fernando Gerdt Tudela
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[i] Según Resolución Nº 14-97 en el proceso 217-97 se declaró la nulidad del pagaré, sentencia que está firme hasta la fecha.
Dicho pagaré nulo se utilizó, por un Juez Suplente y en la época de la corrupción del Fujimontesinismo como si fuera válido y con ello se procedió a rematar ilegalmente mi hogar a favor de la Asociación Civil San Juan Bautista, del sodalicio.
[ii] Se adjunta copia de la Acusación Fiscal de fecha 8 de noviembre del 2001 y el Auto Apertorio del 26 de noviembre del 2001 del Sexto Juzgado Penal, Exp. 3787-2001.
[iii] Se adjunta copia de los poderes solicitados por Javier Len con fecha 17 de noviembre del 1999, mientras que el remate fue el 23 de noviembre del 2001, así como fotocopia del cheque del banco Santander con el que “pagó”.
[iv] Se adjuntan las tres cartas notariales, las mismas que no hacen más que criticar su actuación y hacerle reflexionar sobre lo que es un verdadero católico y los preceptos de los Mandamientos de la Ley de Dios y la Iglesia.
[v] Escrito de Queja al Presidente de la Corte Superior de Arequipa por irregularidades cometidas de fecha 11 de abril del 2003.
[vi] Procesos penales Nº 1156-2002, 3er Juzgado Penal, está para emitirse sentencia; Nº 3515-2002, Sexto Juzgado Penal, he sido absuelto y Javier Len Alvarez ha apelado; Nº 0154-2002, Sétimo Juzgado Penal, está para emitirse sentencia. Se adjuntan las respectivas demandas y contestaciones. El Sodalicio ha llegado al extremo de presentar testigos falsos (la testigo Benigna Peralta Cáceres declaró que le pidieron “el favor de declarar en mi contra”, pero no sabía nada) y falsificar documentos (un e-mail apócrifo que se me lo imputa), etc. etc., con tal de amedrentarme y tratar de torcer el brazo de la Justicia a su favor.
[vii] Se adjunta copia del periódico Dignidad del 18 de julio del 2002
[viii] Denuncia por terrorismo e intimidación agravada contra la Asociación Civil San Juan Bautista
[ix] Copias de 3 quejas al Organo de Control de la Magistratura
[x] Denuncia penal contra Germán Mckenzie Gonzales, Superior General de los sodalicios en el Perú
[xi] Diario Última Hora
[xii] Cita sobre el voto de pobreza en las declaraciones de Radio Líder
[xiii] Artículo publicado en el diario “El Correo” de fecha 10 de abril del 2002, con fotos mostrando pancartas de los pobladores del pueblo joven “Ciudad Blanca” contra el sodalicio y el sacerdote del sodalicio de vida cristiana, Javier Len Alvarez por tratar de apropiarse del colegio Pérez de Guereñu
[xiv] Denuncia sobre el Instituto de Ciegos, Señal de Alerta, Herbert Mujica
[xv] Documentación relativa.
[xvi] Dos cartas de la familia Guillén Gross
[xvii] Certificado negativo de Registro de Personas Jurídicas – Asociaciones, Registros Públicos de Arequipa
[xviii] Informe y fotos del camión
[xix] Carta Notarial a Germán Mckenzie y declaraciones del sodalicio en Radio Líder, parte pertinente
[xx] Revista Gente, artículos publicados
[xxi] Diario Dignidad de 11 de julio del 2002, 18 de julio del 2002
[xxii] Diario “La República”
[xxiii] Diario Pura Verdad de fecha 13 de mayo del 2003, página central y de fecha 18 de mayo del 2003 página central
[xxiv] Artículo de Revista Caretas, a nivel nacional
Anonymous
07-20-2003, 03:24 AM
El sodalitium no tiene argumentos válidos por si mismo para rebatir ninguno de los planteamientos presentados en este foro y menos los de la carta de Gerdt. Creo que su formación de lavado y parametrización de cerebros les impide pensar y actuar racionalmente y están haciendo mucho daño a los verderaderos creyentes y a la Iglesia Católica, por su manifiesta desobediencia a los preceptos y doctrina Cristianos. Más son sólo un grupejo de negociantes en la religión que se siente descubierto en sus propósitos... y en comparación con el número de verdaderos cristianos en el mundo, son verdaderamente insignificantes y pronto todo el mundo cristiano descubrirá lo que realmente son!
Anonymous
07-20-2003, 04:06 AM
Sí es cierto que son unos grandes negociantes, basta recordar las declaraciones del "Gerente del Cementerio Campo Fe" del sodalicio en el programa de Hildebrant, no pagan impuestos (por ser "sin fines de lucro") y sólo quieren albergar 1'000,000 de muertos (en un área de 1.5 mts2 y apilados uno encima de otro hasta un total de 13 muertos en ese 1.5 mts2) los que pagan entre US $ 1000 a US $ 9000 por tal privilegio. Ya quisiera cualquiera hacer este negocio de entre 1,000 y 9,000 MILLONES DE US DOLARES, libres de polvo y paja, es decir, evadiendo impuestos, porque no se diga que esto es "sin fines de lucro"....! ¡Mejor negocio no podría haber, no es verdad! (Y cuanto pierde el Estado en impuestos........, alguien se puso a pensar, ¡¡Señores de la SUNAT, ahí tienen un pez verdaderamente gordo!!)
Anonymous
07-20-2003, 11:59 PM
Intesante artículo que puede ayudar a conocer a algunos escritores en este foro:
EL CREDO DEL DESCREIDO
Si pasa a tomarse una tacita de café en el Buho Rojo le puede salir gratis. Allí se congrega el más variopinto elenco de “pensadores”modernos. Lo que importa es decir cualquier cosa, porque la filosofía está abierta a todos, incluso a los indefensos niños. No se necesita ninguna preparación. Basta “filosofar” un poco y dejará al dueño de casa contento. Y satisfecho por la captura de un prosélito más.
Liderado por José Maúrtua, esta cafetería congrega a un grupete descreído de la sociedad limeña. Así nombres como Juan Donayre, Herbert Mujica, Manuel Humala, Pedro Flecha, Manuel Paz y Miño, Guillermo Pérez, Héctor Guillén, Ernesto Guevara, Luis Del Castillo, Raymundo Casas, Carmen Zavala y otra recatafila de agnósticos debaten sobre la inexistencia de Dios, la resurrección del marxismo, las creencias y cuanto tema pueda ser sazonado con un poco de música latinomericana. Integrantes del MOVIMIENTO PERUANO HUMANISTA ARRELIGIOSO estos filósofos de café apuntan sus baterías contra la Iglesia Católica en el Perú. Para ello la estrategia es la de asediar, atacar y rebajar a las personas e instituciones que la integran.
Así han sido vilipendiados por sus escritos instituciones como el colegio San Agustín, el colegio Maristas, el Presidente de la Conferencia Episcopal, el Arzobispo de Lima y otros obispos del Perú. No asombra tampoco que hayan dirigido sus ataques al Sodalitium y al Opus Dei. En sus enfebrecidas lecturas explícitamente no dudan en llamarla sectas por ser coherente con las prédicas del Evangelio. No en vano muchos de estos personajes integran también el MOVIMIENTO ANTISECTARIO PERÚ (MASA PERÚ).
Así por ejemplo el director del cafetín, José Maúrtua obnuvilado por el prisma de su propia filosofía atea descalifica a quien afirme que Dios existe, que tiene una pedagogía divina y que podemos conocerla. Llama fanático al que propone las bienaventuranzas como principio de vida, o que sugiere una distancia de las agresiones del mundo, o a quien ofrece las dificultades con paciencia y mortificación, o incluso por hablar de un Divino Plan. Para Maúrtua también resulta incomprensible una visión cristiana de la familia o del llamado a la santidad incluso en el matrimonio. Por consecuencia, todos los católicos son fanáticos por querer vivir según las enseñanzas de Jesucristo. Evidente miopía respecto de la vida cristiana para quien no cree en Dios.
Así también le repele la posibilidad de una ascética cristiana o de la vida comunitaria religiosa, lo que solo es posible, siempre según su prisma ideológico, si alguien ha sido manipulado. Probablemente haciendo uso de su “filosofía aplicada” sugiere unas disparatadas recomendaciones que solo pueden tener como origen una hepática reacción anticlerical.
Maúrtua no oculta su ignorancia exegética. Como cualquier fundamentalista prescinde del espíritu con que han sido escritos los Evangelios, y descalifica cualquier interpretación cristiana sacando del contexto sus contenidos, para terminar afirmándose en las frases absolutas. Tampoco oculta su rechazo a las enseñanzas evangélicas, las que le producen contorsiones emocionales que llegan a la irracionalidad. Aunque reconoce que tampoco confía en la razón como medio de comprensión.
Coincidentemente este es el procedimiento típico que ha dado origen a las sectas a lo largo de la historia, las cuales siempre ofrecen un nueva interpretación “más completa” que supera la anterior. Sectarios por excelencia llaman sectas a los demás. Así surgen los nuevos grupos mesiánicos, que tienen su verdad, su credo y sus desacuerdos con los demás. ¿Qué estará naciendo en el Buho Rojo? ¿Cuál lechuza será su augur? ¿Acaso una nueva revolución?
Por la salud y protección de la población mayoritariamente católica del Perú es necesario que las autoridades investiguen a este grupo de agresivos descreídos que promueven la violencia y la destrucción en sus escritos y que descalifican a personas e instituciones simplemente por el hecho de profesar la religión católica. Los derechos de libertad religiosa expuestos en la Constitución Peruana están siendo amenazados por el pensamiento sectario y los fundamentalismos de grupos como el del Buho Rojo (http://www.buhorojo.de/) Estemos atentos. Cuidemos que un nuevo sendero no esté naciendo destruyendo la democracia y la libertad en el Perú.
Anonymous
07-21-2003, 03:18 PM
Aquí tenemos de primera mano el Credo del descreído. Aunque parece no ser el único decreído...
Mi credo ateo explicado y comentado.
Por Jose Maúrtua
I- Creo y afirmo que no hay dios alguno ...Porque no
es, no ha sido ni será ; no ha habido, hay o pudiera
haber una entidad que pudiera cumplir con atributos
llamados divinos. Mucho menos, por ello, existio ,
existe o existirá un humano con atributos divinos.
Todo lo que existe y no es creación del hombre es
natural. Nada existe que sea "sobrenatural".
Por ello personajes fantásticos : vírgenes con
atributos divinos o filodivinos, ángeles, arcángeles,
serafines, querubines, etc , si bien pueden ser
personajes de los libros de John Milton, son
inexistentes. Las jerarquías terrestres llamadas
"religiosas" principalmente la catolica conformada por
papas, obispos, arzobispos, curas, monaguillos, de
los catolicos son engañadores profesionales.
Los así llamados milagros no son otra cosa que
mentiras e invenciones de los mentirosos profesionales
laamados "religiosos". Los milagros especialmente de
origencatólico postulan lo antinatural; verbigracia:
hombres que vencen la fuerza de la gravedad del
planeta sin ayuda de máquinas, gente que levita o que
caminan por lagos y "vencen" a la naturaleza con sus
"poderes divinos" son inventos fantasticos y no
soportan lamenor prueba de verdad . Todo ello es falso
. Increible porque no es natural y es solo invencion
fantasiosa de los engañadores religiosos,
especialmente catolicos. Otras falsedades que no
resisten el menor analisis son las personas que
"resucitan" después de días de muertas.
Todas estas invenciones son mentiras y falsedades.
Quien postule divinidades por ello, engaña a los
demás humanos o en el mejor de los casos, falsea la
realidad. Este último caso el de la "falsación" de la
realidad es raro y es sólo una explicación tentativa a
casos patologicos o de ingenuidad individual aislados,
me refiero a casos de algunos alusinados individuos
como los anacoreta o ermitaño. (Gente enferma, por lo
general).
Esta gente es generalmente asocial y mientras se
mantenga asi no representa un peligro para la sociedad
siempre y cuando sigan en su montaña, su bosque o su
rincon con sus alusinasiones. Su contacto con la
sociedad es sin embargo, peligroso. Es preferible que
se queden en su montaña y su bosque.
La religion considerada organización es decir
realizando la accion de "religar" en torno a
falsedades no es "ingenua". Socialmente representa y
ha representado un comprtamiento de mafia. Todo
religioso es un mentiroso profesional y un
representante de una mafia activa en acto y en
`potencia. Estas organizaciones son proscribibles para
cualquier sociedad sana del planeta.
Las religiones no conciben su existencia alejados del
poder. Pretenden el poder y engañan con el poder del
sometido.
2.- Creo y afirmo que no ni hay dios y menos posee
atributos de "todo poderoso".
2.1 Primero, porque es inexistente.
Ya que de existir , tendría este que someterse él
mismo, a su poder y esto lo limitaría en su poder, por
lo tanto no seria todo poderoso sino que se limitaria
a si mismo . Es imposible algo semejante.Por lo tanto
es logicamente imposible.
2.2 Segundo, porque si existiera un tal dios
"todopoderoso", seria como el fetiche usado por todos
los engañadores de siempre, Iglesias todas, como lo
han impuesto durante siglos ; un pretexto para la
tiranía miserable que conlleva a arrasar pueblos,
dominarlos y someterlos; a todo lo que son
considerados "no poderosos", o sea los pueblos.
2.3 :_ Un algo así, como un dios "todo poderoso"
atenta contra una ética sana universalmente
postulable.
Por ello, plantear la creencia en un "dios todo
poderoso" es plantear un sometimiento en principio y a
priori a otros seres humanos y no humanos naturales.
Los dioses todos, son enemigos de la ética. La etica
es autonoma necesita libertad y todo dios niega la
libertad. Los dioses son enemigos de la libertad.
3.- Creo y afirmo que ni hay dioses "eternos" porque
ni existen como afirmo en 1 y 2 y que dichos fetiches
tienen solo duración determinada en tiempo y espacio
de cada cultura. No hay dios menos aun "dios eterno".
Primero porque, Si lo eterno fuese en algún sentido, o
hubiese algo "eterno" (que durase por siempre) no
tendría nada que ver con la invención de los
falsificadores profesionales llamados religiosos.
Ningún dios existe per se. Todos los dioses son
inventos de los engañadores profesionales y duran lo
que duran los falsificadores en cada cultura y sus
seguidores. Los dioses por lo tanto, están
determinados en espacio y tiempo y no son eternos. Son
por ello, los fetiches creados para dominar pueblos
determinados en épocas determinadas por engañadores
profesionales, generalmente de las clases dominantes.
4.- Creo y afirmo que no hay "misterios", porque los
misterios son contradicciones ex profeso, es decir,
son hechos por los engañadores profesionales
(religiosos) para imponer su poder y su organización.
Toda idea es posible de ser explicada mediante
argumentos racionales.
Todo es posible de ser explicado y entendido mediante
la razón y/o el sentido común.
No existe ningún "misterio" en al ámbito de las ideas.
Los "misterios" son solo los tapujos máximos
inventado por los engañadores profesionales, es decir,
por los religiosos, para cimentar su poder y para que
todos los demás se sometan a su poder.
Ejemplos de misterios, los son contradicciones y
flagrantes aberraciones contra la lógica elemental
como las siguientes: mujeres vírgenes que tienen
hijos; el padre, hijo y pájaro que son tres y uno al
mismo tiempo y se les atribuye origen divino siendo
uno y tres.(Flagrante imposibilidad Todos estos son
aberraciones para la mente sana.
Triquiñuelas de la mala intención.
Los misterios sólo se imponen por la violencia contra
la mente (autoritarismo, ámbito psíquico mediante
adoctrinamiento) forma de tortura mental, o a través
del asesinato y genocidio de pueblos y culturas
altamente civilizados (las culturas precolombinas e
Inca)mal llamadas "herejes" por los engañadores
profesionales y ejecutadas a través de la llamada
"extirpación de idolatrías".
La violencia a la razón del otro, la prepotencia y el
genocidio de otras culturas se ha sustentado los
llamados "misterio" cristianos, específicamente.
El misterio quiere decir "Tú no podrás entender por lo
tanto sométete a nuestra autoridad"
"Tu eres limitado", y "Dios lo puede todo nosotros
somos sus representantes)": Lo primero es prepotencia
lo segundo engaño y falsedad. Estas afirmaciones loas
hemos demostrado en I y II.
5.- Creo y afirmo que la ciencia y la razón son formas
de conocimiento porque son logicas y rigurosas.
La ciencia y la razon aunque austeras, son las únicas
herramientas con las que cuenta el hombre para el
conocimiento. La religión y la creencia ciega (a)" fe"
son herramientas para la manipulación y no sirven para
el conocimiento.
La fe no produce conocimiento.Por lo general la
creencia ciega o fe produce reafirmacion de la
ignorancia y el sometimiento.
6.- Creo, afirmo y me ratifico en que el principal
lastre social del Perú ha sido y sigue siendo el
papel preponderante otorgado tanto por derechistas e
izquierdistas a los engañadores profesionales o a los
religiosos, en el caso historico peruano, a la iglesia
católica en los planos político, social, educativo,
económico, etc.
El Perú no podrá progresar jamás sino rompe
definitivamente todo lazo y todo, todo vinculo con
el Estado Vaticano, y sus agentes en el Perú.
Oprobioso es por ello, el Concordato Estado
peruano-Iglesia católica (1979), inconstitucional y
denigrante para cualquier estado soberano y el Peru
sigue sometido . De esto me he ocupado en otros
artículos al igual que muchos estudiosos.
Hay muchisimo que escribir al respecto; por ello me
restringiré al máximo solo afirmando que el principal
lastre del Perú ha sido el cristianismo que entro de
modo genocida con el cura Valverde y perdura hasta hoy
con Cipriani y Bambarén.
El católicismo se impuso a sangre y fuego desde 1532 y
sometió, quemó informacion valiosisima como los
kipus, usó para ello el nefasto pretexto de la
extirpacion de idolatrias. Asesinó asi la religion
católica a milesde compatriotas tanto via la Santa
Inquisicion creacion absolutamente abominable hoy que
pretende ser "limitada" por ciertos "inteectuales" a
sueldo de los catolicos. La primera victima de la
Inquisicion fue Mateo Salado. La Igleia Catolica
explotó y sometió a miles de compatritas indigenas
mediante la extirpacion de idolatrias.Los daños de
ello son incalculables.
Por si esto fuera poco, La iglesia ctolica ha poseido
y sigue poseyendo tierras y durante la colonia poseyo
personas negras en calidad de esclavos. Este ultimo
dato es muy importante. Ahora algunos de sus miembros
hablan de "Derechos Humanos"; algunos otros miembros
de la misma mafia los llaman "cojudeces". Lo cierto
es que
La Iglesia Catolica cooperó en la esclavitud y
esclavizaron personas de origen africano durante mas
de doceintos años.
7.- Creo que las llamadas religiones juegan un papel
distorsionante en toda ciencia y en toda sociedad.
7.1
La naturaleza es pensable mediante la ciencia y
alcanzar ciertos resultados sin recurrir a
distorsiones religiosas.
Podemos pensar lo infinito y no aludir a divinidades.
Lo infinito es calculable mediante la matematica.
Lo infinito es proyectable por la mente y pensable
mediante la razón.
El error común es ontologizar y distorsionar dichas
magnitudes ontologizando y dándole carácter de ser a
lo que no es ontologizable .Esto es, llamar a lo
infinito dioso darle dicho atributo. Esto es errado.
Esto es la fuente del error.
7.2
Se puede pensar la naturaleza, sin recurrir a
distorsiones religiosas.
Pensar la naturaleza de modo objetivo (y subjetivo) es
labor de todo ser humano.
Introducir a dios, cualquiera que sea, es síntoma de
agotamiento u ociosidad de la mente que ya no quiere
pensar la naturaleza sino soñar que alguien la creo y
desvariar en torno a ello. Esto es un error.
A la naturaleza se accede a partir de los fenómenos,
todos calculables, todos experimentables, todos
capaces de producir asombro y hasta filosofía.
Mediante la razon y el entendimiento posteriormente se
accede a la naturaleza.
La religión es fuente de todo error. La religion es
fuente de todo error en la naturaleza.
7.3
Se puede pensar la ética sin recurrir a distorsiones
religiosas.
La palabra clave para esto es "responsabilidad".
La religión abomina esa palabra porque inventa a dios
para exonerarse de la responsabilidad.
Dios, religión y principalmente cristianismo son los
antónimos perfectos de una ética sana y responsable.
8.0 Creo que los seres humanos pueden resolver sus
conflictos de un modo racional y civilizado . La
religión en ese sentido sobra, es prescindible de modo
absoluto al igual que sus representantes y mediadores.
No se entiende en esa medida, el papel atribuido a los
curas o miembros del clero que se inmiscuyen en
asuntos civiles que no son de su competencia.
Los asuntos civiles son de carácter civil y tienen
solucion civil.
La religion en tanto mafia operativa solo distorsiona
y saca provecho para su organización. La religion
desnaturaliza asuntos de competencia ciudadana.
Un cura no es solo un ciudadano. Es mas bien "dos
ciudadanos". Son miembros del Vaticano al que deben
obediencia y/o de sus organizaciones y pretenden, al
mismo tiempo, ser miembro de otro estado en este caso
del estado peruano o cualquier otro.
Este estatus es por ello abusivo. Si encima, se les
faculta con papel de mediadores o jueces o de
facilitadores o conciliadores en problemas para el
cual no tienen que ver es mas que un error un
despropósito.
La experiencia ha demostrado que sacan ventajas
inmediatas toda vez que fungen de conciliadres.
Recuerdes la mediacion de un caso civil de Toledo
donde la misa semana que Bamabaren medio a la iglesia
se le otorgó mas de 50 Hectareas para la construccion
de una universidad catoica en el Callao.
Por ello los Obispos, arzobispos , sacerdotes, no
deberian absolutamente inmiscuirse en la cosa pública
porque o median falsamente o sacan proveco de la
mediacion. Deberian estar alejados por principio de
incompatibilidad de los asuntos publicos.
9.- Creo y afirmo que la religión es por principio
enemiga de una visión ecológica y armoniosa del hombre
con la naturaleza.
El mandamiento de "Dominaras sobre los demás seres"
que se encuentra en el Genesis biblico es fundamento y
base del "antropocentrismo" infame que ha dominado a
todas las religiones y sociedades especialmente a la
sociedad occidental . El hombre domina y arrasa su
entorno. Las religiones mandan someter a las demas
especies y arrasarlas si es necesario dando a los
hombres una visionde superioridad sobre las demas
especies que me parece injusta y amenazadora de la
sobrevivencia del planeta.
Las religiones son antiecologicas y dominadoras de los
demas seres por principio.
10.- Creo y afirmo que un mundo en paz sin religion y
explotacion es posible.
Esto último pasa ciertamente por la reflexion y toma
de decision de deshacernos de todo embuste religioso.
Ello solo depende de nosotros. Un mundo mejor sin
dioses y religiones es posible.
Anonymous
07-22-2003, 03:48 AM
Tienes razón, FELÓN:
Somo muchos los que no nos creemos tus engaños...
MUCHOS MÁS DE LOS QUE TE IMAGINAS...
Pero, lamentablenente para tí, tu Sodalitium de los neonazis peruanos no te deja usar tu cerebro para pensar sin permiso, tu sensibilidad para amar una buena hembra, tu criterio para ambicionar algo más que la felicidad de los imbéciles, tu autoestima para ser un hombre libre, ni tu imaginación para adivinar cuántos somos los que no nos tragamos tus falacias, supercherías y mendacidades.
Anonymous
07-26-2003, 04:27 AM
CATÓLICAS DEL MUNDO ¡UNÍOS!
Esther Vilar
CATÓLICAS AL PODER
Un fantasma recorre la Iglesia católica..., el fantasma del feminismo. Y por ello, todos los poderes de esta Iglesia se han unido en una guerra santa contra dicho fantasma. Eso sí, una guerra santa con cierta humanidad, como debe ser en estos tiempos que corren: en lugar de torturas propias de la Inquisición, las mujeres levantiscas no reciben más que cumplidos; en lugar de la muerte en la hoguera se practica la educación sexual, en lugar de la represión del libre pensamiento de entonces, se recurre a la falsificación de documentos.
La mujer católica no puede dedicarse al sacerdocio porque su papel en la familia reviste mucha mayor importancia que un cargo eclesiástico, dicen hoy en día. La mujer católica no puede dedicarse al sacerdocio porque su feminidad no haría más que dificultar el voto de celibato de los sacerdotes. La mujer católica no puede dedicarse al sacerdocio porque lo prohibe la Biblia, y al fin y al cabo, la Biblia es la palabra del Señor.
Eso es lo que dicen los hombres. Y todo ello nos permite constatar dos cosas: La Iglesia reconoce que la mujer católica tiene poder.
Ha llegado la hora de que la mujer católica pase a la acción.
¿Por qué no lo hace?
Eso, católicas del mundo, ¿por qué no pasáis a la acción? Han transcurrido casi dos mil años desde el nacimiento de aquel hombre que demostró ser amigo de las mujeres como ningún otro hasta entonces. Hace casi dos mil años que ese hombre murió en la cruz por su ideal de igualdad de todos los seres humanos. Y aun así, os obstináis en mantener una actitud sumisa ante los señores de vuestra Iglesia, en comportaros como fíeles de segunda.
No os permiten predicar en vuestra Iglesia. No os permiten sostener el cáliz en las manos. No os permiten bendecir a la congregación. No permiten que ninguna de vosotras una en matrimonio a una pareja, bautice a un niño nacido de una de vuestras compañeras, lea la misa por un muerto al que lloráis. Y en los coros sólo os dejan cantar desde que ya no encuentran castratos.
¿Y cómo reaccionáis ante todos estos hechos?
Seguís acudiendo a escuchar sus sermones, seguís aceptando la hostia de sus manos, seguís pidiéndoles su bendición en el nombre del Señor. Os presentáis ante ellos para la ceremonia nupcial, les encargáis el bautizo de vuestros hijos, dejáis que honren a vuestros muertos. Y cuando hacen sonar las campanillas, caéis de rodillas como perritos amaestrados.
¿Acaso no os dais cuenta de que de este modo no hacéis más que ofender cada día al hombre al que llamáis vuestro salvador? ¿Que con vuestro comportamiento devoto convertís precisamente a Jesucristo, primer defensor de los derechos humanos, en un baluarte del sexismo? ¿Acaso no afirmáis que hacéis todo lo que Él os ordena, que, en definitiva, hacéis Su voluntad?
En el nombre del Padre, repetís como loritos, pese a que ni vuestro infalible de la lejana Roma afirma que vuestro Dios es un hombre. La palabra del Señor, denomináis vuestro libro, pese a que nadie vio jamás a ningún Señor dictar texto alguno. Damos gracias a nuestro Pastor, murmuráis con humildad.
No, nadie espera que les paguéis con la misma moneda, eso no sería demasiado cristiano. Pero al menos podríais atreveros de vez en cuando a decir algo así:
En el nombre de la Madre...
La palabra de la Señora...
Damos gracias a nuestra Pastora...
Pero no os atrevéis. Preferís mantener el pico cerrado. Por los siglos de los siglos, amén.
Católicas del mundo, sois una vergüenza. Una vergüenza para vosotras mismas, pese a que no parecéis sentir vergüenza alguna. Una vergüenza para las demás, que nos vemos obligadas a sentir vergüenza por vosotras. Una vergüenza para todo el sexo femenino.
Y por último, sois también una vergüenza para vuestra Iglesia, a la que con vuestra pasividad convertís en el último régimen totalitario, en el último bastión de la opresión a la mujer. Cada vez que vuestro papa anuncia con voz benévola que la mujer no tendrá acceso al sacerdocio, un clamor indignado recorre la tierra entera. Un clamor al que se unen cuantos se preocupan por vuestra suerte. Pero vosotras, las interesadas, no. Ya es increíble que oséis quejaros en voz baja. Pero jamás se ha producido una protesta pública de cierta envergadura. ¿Es que nosotras, las no creyentes, debemos salir a la calle por vosotras?
¿Acaso no os hemos mostrado una y otra vez cómo se hacen estas cosas? El feminismo moderno conoce dos estrategias bélicas. Pueden decir a los hombres que están hartas de su acaparamiento de cargos o pueden decirles que no sean burros y dejen de ir cada día a trabajar en beneficio nuestro. La primera estrategia recibe el nombre de lucha por la igualdad de derechos de la mujer, la segunda, de lucha por la igualdad de responsabilidades. Y ambas tienen éxito, pues ambas despiertan en el hombre el deseo del cambio. En el primer caso se compadecen de nosotras, las mujeres, en el segundo se compadecen de sí mismos.
Pero a partir de entonces somos nosotras quienes debemos pasar a la acción. Aprovechamos la mayoría de votos que nos proporciona en todos los ámbitos nuestra longevidad y nos ponemos a cambiar cosas por métodos democráticos.
También vosotras, mujeres católicas, sois mayoría. En la actualidad representáis el setenta por ciento del total de miembros de la Iglesia. Quien visita vuestros templos experimenta la sensación de que allí casi sólo rezan mujeres. Y sin embargo, no cambiáis nada. ¿Por qué?
Bien, católicas del mundo, ¿por qué no hacéis nada? Si hombres y mujeres tienen los mismos derechos y obligaciones, ¿por qué no os apropiáis de la parte de poder y responsabilidad que os toca?
¿Queréis ocupar cargos eclesiásticos? ¡Pues haceos con ellos!
¿Queréis servir a vuestra Diosa como sacerdotisas, obispas y cardenalas? ¡Hacedlo!
¿Queréis ver a una papisa a la cabeza de vuestra Iglesia? ¡Podéis lograrlo!
Pero no a través de deseos piadosos. No mediante lamentos susurrados. Y tampoco apelando a la justicia de los contrincantes. De una jerarquía acostumbrada a castigar a las más rebeldes de entre vosotras con la extorsión, la tortura y la muerte, no podéis esperar de repente justicia, comprensión, ni compasión. De una casta que, como demostraremos más adelante, ni siquiera duda en falsificar las palabras de Cristo para justificar su dominio totalitario, no podéis esperar honradez.
Y a fin de cuentas, parece que en la actualidad no hay en vuestra Iglesia ni un solo hombre a quien incomode vuestra humillante situación, al menos no lo suficiente como para protestar públicamente contra ella. Y desde luego, no hay ninguno cuya protesta pudiera tener repercusiones importantes, ninguno en un cargo importante, porque seguro que lo perdería. ¿Y qué sería un dignatario católico sin su cargo? Pues lo mismo que todas las mujeres de las que tanto le gustaría poder apiadarse: nada.
Por tanto os sometéis a la ley de unos cobardes. Os arrodilláis ante oportunistas disfrazados de sacerdotes, obispos y cardenales. Y eso desde hace dos mil años.
Católicas del mundo, un pensamiento se abre camino en nuestras mentes. En nuestro interior nace una sospecha.
¿Tal vez no queréis participar en el gobierno de vuestra Iglesia? ¿Acaso no queréis ocupar cargos eclesiásticos? ¿Es posible que vuestros avances carezcan de fuerza porque en realidad no os sentís perjudicadas por esos señores de lujosa vestimenta? ¿Persistís con tanta paciencia en la actitud de los desposeídos porque sabéis que en realidad son esos señores quienes están a vuestro servicio?
No, nosotras las no creyentes no queremos empezar con sutilezas psicológicas. Tampoco es nuestra intención enzarzarnos en una discusión sobre las probabilidades de que vuestra Creadora exista. El término con que nos describimos ya indica que, a nuestro juicio, creer en un ser sobrenatural constituye una pérdida de tiempo. De vez en cuando expresamos alguna suposición, pero sólo creemos en aquello que puede demostrarse..., y es innecesario creer en algo que puede demostrarse.
Pero estoy convencida de que podemos decir una cosa sin ofenderos: Nadie se torna piadoso para ser libre. Mientras tomamos nuestras decisiones con libertad somos responsables de cuanto nos ocurre. Incluso la planificación de las vacaciones puede acarrear dificultades. Si viajo en avión puedo estrellarme; si voy en coche puedo tener un accidente; si viajo en tren no me quedará más remedio que cruzar un montón de puentes...
La fe en un poder que nos observa y guía (por nuestro bien), nos libera definitivamente de semejantes dilemas. Haga lo que haga, siempre habrá sido por control remoto de un ente más inteligente. Para las personas creyentes, cada puente es el de San Luis Rey de Thornton Wilder: Cualquier momento en que lo pises es el momento idóneo.
Y así llegamos a vosotras y a los señores que ocupan los cargos de vuestra Iglesia: sacerdotes, obispos, cardenales, papas. Si la vida, según una escala de valores desconocida (divina), es el ideal de una persona que busca a Dios, entonces en vuestra Iglesia, en cualquier Iglesia, quien menos decide, es decir, quien de menos libertad goza, es quien mejor lo pasa. Nos referimos, en definitiva, al creyente de a pie.
Cierto es que el sacerdote también vive según las reglas de su iglesia, pero siempre hay excepciones que no figuran en su libro, y en tales casos, el sacerdote toma una decisión acorde a su conciencia. Mayor libertad sufre el obispo, y aún más el cardenal. Y por supuesto, quien peor lo pasa desde este punto de vista es el papa, quien, además de la responsabilidad de los destinos de millones de personas, debe asumir y cargar con el estigma de la infalibilidad. Por consiguiente, para una persona más o menos sensible, un cargo eclesiástico no significa tan sólo poder, sino también responsabilidad de todos aquellos por los que decide en nombre de su cargo. ¿Y tal vez no os apetece asumir semejante responsabilidad?
Quién sabe, católicas del mundo, quizás no hay nada por lo que debamos compadeceros. Tal vez no protestáis contra la situación de vuestra «Iglesia de hombres» porque no la percibís como una Iglesia de hombres. Tal vez consideráis que vuestra Iglesia católica no es más que una gigantesca estación de servicio en la que la parte masculina de la comunidad debe servir a la femenina, y por ello hace tiempo que habéis encontrado en esta Iglesia lo que buscabais... el colmo de la comodidad.
«¿Qué hago, padre? ¡Necesito su consejo!»
“¿He hecho bien, monseñor; o he cometido un pecado?
¿Cómo voy a saberlo, si no soy más que una pobre mujer?» «No es culpa mía estar embarazada. Nuestro obispo lo mencionó en su último sermón: Las católicas no pueden tomar la píldora.»
«¿Aborto? ¡Ni hablar! ¡Iría derechita al infierno, dice nuestro papa!»
Eso es, queridas. Suceda lo que suceda, jamás tenéis que pensar. Siempre tenéis la conciencia tranquila.
También tenemos la conciencia del otro lado, la de vuestros maridos, hijos, tal vez incluso amantes, pues estos señores de negro atuendo no velan tan sólo por la moral de las mujeres laicas, sino también por la de los representantes de su propio sexo. Y no cabe duda de que, aún hoy en día, esta moral reviste importancia para vosotras en muchos casos:
«Conocí a un chico, monseñor. El de las gafas que a veces venía conmigo a misa. Seguro que lo ha visto alguna vez. Me dijo que se casaría conmigo. Y ahora me ha dejado plantada... en este estado.»
«Padre, mi marido me engaña. ¡Tiene usted que ayudarme, se lo imploro!»
«Estimado monseñor, cuando mi marido vuelva para confesarse, ¿no podría usted tener unas palabritas con él? Bueno, es que los dos ya tenemos cierta edad y... ¿No tendría que calmarse un poco? Usted ya me entiende...»
Por supuesto, también una dama ataviada de negro podría devolver a un corderito descarriado al sendero de la virtud. Pero quizás ello tendría cierto regusto de feminismo exacerbado, de pedantería y parcialidad. ¿No suena mejor que un hombre diga a un joven que debe casarse con tal o cual señorita después de deshonrarla? ¿No resulta más convincente que un hombre diga a vuestro esposo que debe alejarse de tal o cual rubia porque su matrimonio es sagrado y por tanto indisoluble?
Y si soportáis la presencia del padre de vuestros hijos ya adultos (como amigo, como persona que os mantiene o por misericordia cristiana), pero os carga que siga queriendo tocaros de forma impúdica, encargad a vuestro intermediario que le diga que la sexualidad sin intención de procrear es pecado. Seguro que os deja en paz.
Quién sabe, católicas del mundo, a lo mejor no os disgusta el dominio masculino de vuestra Iglesia tanto como creemos las observadoras, pues da la sensación de que dicho dominio tiene aspectos positivos.
Si es así, os dirigimos una única, primera y última petición: publicad un comunicado. Para que nosotras, vuestras hermanas no católicas, ya no tengamos que indignarnos más en vuestro nombre. Para que las damas y los caballeros de los medios de comunicación, los creadores y lectores de periódicos que tanto se preocupan por vosotras no desencadenen una revuelta cada vez que vuestro Santo Padre asegura que a vosotras las mujeres no se os ha perdido nada en la Iglesia, salvo el apoyo espiritual, por supuesto. Que no debéis aspirar a cargo alguno. Aquellas de vosotras que deseen servir al Señor con mayores sacrificios pueden ingresar en un convento, como siempre. ¿Para qué tener papisas si ya existen las abadesas? Dicho comunicado podría rezar como sigue:
«Nosotras, las católicas de todo el mundo, aseguramos a la preocupada comunidad internacional de una vez por todas que no queremos la igualdad de derechos en nuestra Iglesia y que no consideramos nuestra exclusión de los cargos eclesiásticos como una discriminación contra nuestro sexo. Respetamos la decisión de nuestro papa, pues procede del dictado de Dios y por tanto es infalible.
»Y por ello rogamos a los demás ciudadanos de este planeta que dejen de inmiscuirse en asuntos que no pueden llegar a comprender en su condición de no católicos. Nosotras, las mujeres católicas, estamos completamente de acuerdo con nuestra situación actual, pues ella obedece a la voluntad y la sabiduría del Señor.»
Pero de momento no hemos recibido de vosotras ningún comunicado de tales características. Y a cada nueva humillación vuelve a oírse en vuestras filas ese lamento reprimido, esa queja cautelosa contra los privilegios de los contrincantes, esa exhortación valerosa a la paciencia cristiana que algún día arrojará sus frutos. A fin de cuentas, ¿no muelen los molinos de Dios sin prisa pero sin pausa?
Y mientras sea así, tendréis que soportar que os pregunten por qué, en nombre del cielo, permitís que os traten así. Por qué vuestro feminismo se conforma con representar el papel de fantasma. Por qué no pasáis a la acción.
Nos educaron así, os oímos decir ahora. Pero podríais haberos ahorrado semejante excusa. Nosotras, las no católicas, también somos mujeres. Todas conocemos los trucos femeninos, las triquiñuelas de que nos valemos.
Así que os educaron para que creyerais que Jesucristo os considera personas de segunda clase, ¿eh? ¿Precisamente él, un hombre que, en una época en que conversar con una mujer se consideraba una violación de las normas morales, se rodeaba ostensiblemente de féminas? Y aquellas mujeres que rodeaban a Cristo no eran oyentes pasivas. No sólo tenía discípulos, sino también discípulas, entre ellas damas de la sociedad como Juana, esposa de un administrador de Heredes, y otras que respaldaban su causa «sirviéndole de sus bienes» (Lucas 8:3). Las mujeres fueron las primeras en anunciar su resurrección: «Comunicaron todo esto a los once y a todos los demás», narra Lucas (24:9).
En suma, aun cuando os educaran para considerar que este hombre negaba a las mujeres su derecho a la igualdad, os podríais haber informado y cambiado de ideal. A fin de cuentas, estáis dispuestas a cambiar de mentalidad en otros ámbitos. Inventan el coche y dejáis de ir en bicicleta. Inventan el teléfono y dejáis de escribir cartas. Cuando la moda acorta las faldas, tampoco vosotras tardáis en mostrar las rodillas. Cuando las mechas rubias se convierten en el último grito, también vosotras, católicas, corréis a la peluquería.
Además, el pretexto de la educación debería aplicarse también al otro lado, pues también los hombres han sido educados. Han sido educados, por ejemplo, para creerse más importantes que nosotras. ¿Y quién los ha educado? ¡Pues nosotras, las madres! Aún en la actualidad somos los «referentes» para ambos sexos, las personas que a juicio de los psicólogos determinan los haremos por los que nos regimos y actuamos durante toda la vida. Siempre y cuando nadie nos estorbe en nuestra labor.
Y de eso se trata: ¡Vosotras, las mujeres católicas, debéis empezar a estorbarlos de una vez a ellos, los hombres católicos! ¡Debéis pasar a la acción!
Y ahora no me vengáis con que es peligroso. No os halláis en la situación de las mujeres musulmanas. Animarlas a pasar a la acción equivaldría a desencadenar un baño de sangre, porque su vida está literalmente en manos de sus dirigentes religiosos.
Pero vosotras, las católicas de los países democráticos, ¿qué arriesgaríais con una protesta? ¿Acaso os encerrarían en calabozos como a vuestras osadas hermanas de antaño? ¿Os harían torturar por bestias ataviadas de negro como en tiempos de la Inquisición? ¿Os quemarían en la pira para que no pudierais seguir ejerciendo de brujas? ¿Os echarían a los leones?
Nosotras os explicaremos qué arriesgáis con una protesta: nada. Ni siquiera la excomunión. No olvidéis que sois mayoría en esta Iglesia. ¿Y cómo podría prescindir un club de la mayoría de sus miembros? A ver quién nos lo cuenca!
Por supuesto, los señores de la Iglesia intentarían en primer lugar aplicar los métodos consolidados. Y también por supuesto, lo primero que se les ocurre en este sentido es apelar a vuestra maternidad. Vuestro papa ya ha demostrado cómo debe argumentarse en este frente: Si vosotras las mujeres pugnáis por ocupar cargos y dignidades eclesiásticos, ¿qué será de la familia? ¿Acaso vuestras obligaciones domésticas no son cien veces más importantes que lo que podáis lograr fuera de casa? ¿No es la sonrisa de un niño mil veces más hermosa que cualquier título? Nuestro mundo se halla al borde de un abismo, la humanidad se hunde en una ciénaga de inmoralidad y pecado, ¿y precisamente vosotras, las madres, soñáis con ocupar cargos?
No os conviene replicar que los señores mismos ya han comprobado qué ha provocado el hecho de que durante siglos haya sido tan sólo la madre quien se ocupara de la familia. ¿No podría ser que el abismo ante el que nos hallamos se deba en parte a la ausencia del padre en el hogar? Después de siglos de semejante error, ¿no podría al menos intentarse cambiar la situación? Quién sabe, tal vez la ciénaga remitiera si el hombre se ocupara de la familia. En lugar de fomentar sus impulsos agresivos, debería potenciar su faz más suave y sensible; en lugar de amasar dinero alimentaría a un lactante. Y por supuesto, ello no representa problema alguno desde la invención de las leches de sustitución.
No, estos argumentos no harían más que confundirlos. La madre es la delicada, el padre es el duro... Esto es lo que aprendieron de nosotras durante su infancia. Resulta más astuto derrotarlos con sus propias armas, comunicarles, por ejemplo, que las mujeres que no sólo exigen, sino que van a ocupar cargos eclesiásticos, no son madres. Que sois capaces de adaptaros en este sentido a las condiciones de los hombres que, tras optar por la carrera eclesiástica, también viven célibes. Durante vuestras oraciones no cendréis a ningún niño llorando en casa, porque no tendréis hijos.
Acto seguido os explicarán el funcionamiento de la sexualidad masculina. Según ellos, para una mujer resulta relativamente sencillo controlar sus impulsos porque sus deseos son menos intensos. Por el contrario, la renuncia al amor de las mujeres que exige el amor a Dios constituye una tortura para los hombres. ¿Y ahora vosotras pretendéis agravar dicha tortura proponiendo que jóvenes de ambos sexos compartan pupitre en los seminarios? Vosotras, las mujeres, no podéis imaginar siquiera lo que ello significaría para los pobres seminaristas. ¿Qué hombre podría resistir la tentación si las tuviera delante en todo momento? ¿Es que no albergáis misericordia en vuestros corazones?
Tampoco a estos argumentos deberíais responder con «lógica femenina». Seguro que ellos también han considerado la posibilidad de instituir seminarios separados. Tampoco os recomendamos proponerles el uso de seminarios mixtos como banco de pruebas divino, ya que permitirían separar el grano de la paja y comprobar qué aspirantes tienen realmente madera para vivir en eterno celibato, lo que, a su vez, ahorraría un montón de escándalos a su Iglesia, etcétera.
No, porque en realidad, no se trata de la integridad sexual de los futuros ministros de Dios, sino de su política sexista. Sencillamente, no quieren mujeres en su club masculino, ni siquiera desempeñando el papel inofensivo de esposas. La presencia de la Virgen María y la madre Teresa cubre para ellos definitivamente la cuota católica de mujeres.
O sea, por el amor de Dios, no les digáis que no merece la pena preocuparse por el celibato porque vosotras lo abolirías de todas formas una vez estuvierais al mando. No olvidéis que precisamente entre los hombres de iglesia anidan muchos neuróticos respecto al sexo. También para ellos la Iglesia constituye un refugio, pero no de las tentaciones carnales del mundo, sino de las obligaciones carnales que tendrían que cumplir allí. ¿Ver su isla salvadora en manos de sacerdotes y sacerdotisas que no estuvieran encadenados por ningún voto de pureza? Eso significaría volver a aquello de lo que huyeron en su momento... ¿Y adonde huyeron? ¡Pues de Sodoma a Gomorra!
No, el celibato está muy bien, debéis decirles. ¿No debe la mujer poder renunciar a ese poquito de sexo por el honor de ocupar semejante cargo? ¡Sería ridículo! Además, la sacerdotisa que viviera entregada al voto de abstinencia podría demostrar con su ejemplo al sinfín de mujeres jóvenes impúdicas y mujeres mayores insatisfechas que los hombres no son imprescindibles. ¿Y no resulta escandaloso que las católicas hayan tenido que recurrir, hasta hoy, precisamente en cuestiones tan escabrosas al consejo de hombres de Dios?
Por lo que respecta al atuendo, no os molestará en absoluto que vuestros compañeros sacerdotes sigan vistiendo la sotana negra. Si no queda más remedio, estáis más que dispuestas a llevar los pantalones en vuestra Iglesia.
A continuación empezarán a atacar con artillería más pesada. Con ayuda de la Biblia y de los anexos de los padres de la Iglesia os demostrarán que las mujeres no pueden ser sacerdotisas por el simple hecho de que está escrito. De este modo entra en juego el método de la falsificación de documentos, existente desde hace dos mil años y perfeccionado a lo largo de los siglos.
Porque no está escrito, no en documentos cuya autenticidad haya demostrado la investigación teológica moderna. Y por ello os veréis obligadas a informaros, católicas del mundo entero, y no de forma superficial, sino a fondo. Debéis saber qué posibilidades de interpretación se ocultan en tal o cual texto bíblico, que se ha omitido en tal o cual carta de los apóstoles, qué cita misógina se debe a un error de traducción y qué palabras son consecuencia de falsificaciones conscientes. Falsificaciones destinadas por entero a manteneros a vosotras, las mujeres católicas, apartadas de los cargos a los que tenéis derecho.
Porque en realidad sólo os dicen la verdad en un punto: Jesucristo no ordenó sacerdotisa a ninguna mujer, y si hubiera querido tener sacerdotisas lo habría hecho. Pero a partir de entonces empieza el engaño, pues estos señores olvidan agregar que Jesucristo tampoco ordenó sacerdote a ningún hombre, y que si hubiera querido tener sacerdotes... Pero ese tal Jesucristo no quería sacerdotes. Ese tal Jesucristo ni siquiera quería fundar una iglesia ni local, ni nacional, ni mundial. Lo único que quería aquel hombre era un poco más de justicia en las cosas que sucedían a su alrededor. Reducir los baños de sangre. Y aunque debemos leer sus palabras bíblicas con gran cautela, ya que empezaron a escribirse setenta años después de su muerte (y los cronistas eran hombres que ni siquiera lo habían conocido), un detalle se pone de manifiesto sin ningún género de dudas: Jesucristo profesaba a las mujeres que lo rodeaban el mismo respeto que a los hombres. De haber fundado una iglesia que llevara su nombre (ya de por sí una imputación), jamás se le habría ocurrido la idea de prohibir que los miembros femeninos de la congregación predicaran sus enseñanzas. Quien ose afirmar lo contrario difama a un muerto.
La falsificación de documentos en la Iglesia católica comienza ya en tiempos del cristianismo primitivo y va ganando terreno a lo largo de los años; la aseveración de que en la Edad Media existían casi tantos documentos, anales y crónicas falsos como auténticos no resulta exagerada, y en Europa, casi todos los falsificadores fueron sacerdotes hasta la Alta Edad Media. Por aquel entonces, innumerables clérigos y monjes proporcionaban a su Iglesia mediante documentos falsos o bien la falsificación de documentos auténticos ventajas políticas, económicas y jurídicas, a saber: dinero, poder y fama.
La obra maestra de estas fechorías fue, sin lugar a dudas, la Donación de Constantino, un documento falsificado a nombre de Constantino I que data del siglo VIII y en el que, según dice el texto, el emperador regaló al papa Silvestre I la ciudad de Roma y la gigantesca mitad occidental del Imperio Romano. Esta posesión adquirida por semejante artimaña se convirtió en una de las piedras angulares de la riqueza de la Iglesia católica. Sin embargo, hasta el siglo XIX ésta no reconoció públicamente esta estafa, única en la historia de la humanidad.
A fin de mantener a las mujeres alejadas de los cargos eclesiásticos, vuestra Iglesia no ha dudado en utilizar cualquier medio a su alcance a lo largo de la historia..., con la diferencia de que en este caso no le ha hecho falta confesar sus manipulaciones; a fin de cuentas, ¡la parte afectada ni siquiera ha protestado!
Falso es, por ejemplo, un escrito atribuido al papa Sotero (166-aprox. 174), la llamada 2a epístola pseudoisidoriana en la que se dice: «Ha llegado a oídos de la Sede Apostólica que mujeres o monjas consagradas tocan los recipientes santos y los lienzos benditos. Que ello merece total desaprobación y vituperio no lo duda nadie que comprenda la ley. Por ello, en virtud de la autoridad de esta Santa Sede declaramos que debéis terminar con todo ello lo antes posible e impedir que esta peste se propague a todas las provincias». El jurista canónico Graciano citó esta falsificación en los aledaños de 1140 como si de una declaración papal se tratara y le confirió una importancia que aún hoy prevalece. Dicho escrito contribuyó a que la «peste» no sólo de las monjas, sino de todas las mujeres en el altar se haya combatido con ahínco a lo largo de los siglos.
Otra falsificación: una mujer llamada Junia, calificada por Pablo de «muy estimada entre los apóstoles» (Romanos 16:7), se convierte con los siglos en un hombre llamado Junias a manos de los cronistas de la Iglesia.
Una cita engañosa: en el popular versículo de la epístola de los Efesios (5:22) «Las casadas estén sujetas a sus maridos» se omite de forma sistemática la frase principal, según la cual los hombres deben también estar sujetos a sus mujeres («sujetos los unos a los otros en el temor de Cristo», Efesios 5:21).
Otra cita engañosa y una de las frases de Pablo predilectas de los hombres de iglesia se halla en la primera epístola de los Corintios (14:34): «Cállense las mujeres en las asambleas [es decir, en la iglesia].» Engañosa porque los hombres siempre omiten que en la misma epístola (cap. 11:5), el propio Pablo habla de sermones públicos a cargo de mujeres como si se tratara de algo natural que no requiere mayor explicación. Sea cual sea la interpretación de la referencia al silencio de la mujer (existen innumerables intentos de explicación, como que se trata de un anexo posterior no atribuible a Pablo, o que sólo se habla de la «interrupción», es decir, del desorden, pues el mismo silencio se exige algunos versículos antes [14: 27-30] a los hombres), lo cierto es que no resulta tan sencillo ni ilimitadamente misógino como les gustaría.
En un principio, las mujeres participaron activamente en la difusión de la joven Iglesia. Pablo relata (I Corintios 11:5) que las mujeres predicaban en la misa al igual que los hombres. Algunas mujeres, como por ejemplo Febe, eran diaconi-sas (Romanos 16:1 y ss.); Pablo también se denomina a sí mismo diácono de una iglesia (Colosenses 1:25). Entre las funciones del diácono se halla (Colosenses 1:28) la enseñanza. Un grupo de mujeres llamadas Prisca, Trifana, Trifosa y Persis ocupaba altos cargos en esta Iglesia cristiana primitiva. Pero todas ellas quedaron arrinconadas a lo largo de los siglos por la fusta de los hombres.
En resumidas cuentas, la información lo es todo en este asunto. A quien miente una vez ya no le creas nunca más, decretan los niños. Los padres de la Iglesia no han mentido tan sólo una vez. Han mentido, falsificado y silenciado siempre que les ha parecido conveniente..., conveniente para su ambición de totalitarismo en vuestra Iglesia.
Y si alguna vez llegan a desenterrar del baúl de las rarezas misóginas un documento realmente feminista, lo tildáis con presteza de desfasado. Más o menos tan desfasado como la prohibición bíblica de tributos que ya nadie obedece en esta Iglesia. Nadie se ha encontrado jamás con que las cajas episcopales de préstamos y los bancos papales se negaran a aceptar tributos amparándose en las Sagradas Escrituras.
Por supuesto, a estas alturas no renunciarán a recurrir a la artillería más pesada. Desde sus pulpitos os comunicarán el castigo divino que merece vuestra rebeldía: las mujeres que ansian ocupar cargos eclesiásticos quebrantan las leyes del Señor. Y ello se castiga con el purgatorio, el infierno y la perdición. Por los siglos de los siglos, amén.
Os encontráis en el punto más complicado de vuestro proyecto. A nosotras, las observadoras externas, nos resulta incomprensible que alguien pueda creer realmente en semejantes castigos divinos, máxime teniendo en cuenta que ya en la escuela aprendemos que son ante todo las circunstancias sociales las que fabrican «pecadores». Y además, ¿un Dios que se sitúa en la rampa y va diciendo: Éste al purgatorio, éste al paraíso? ¿Cómo puede un cristiano disfrutar del camino a la dicha eterna si tal vez su prójimo, a quien por fin ama tanto como a si mismo gracias a su fe, va a parar a ese Auschwitz eterno?
Pero parece que vuestro caso es algo distinto. A vosotras os han tenido en vilo desde la más tierna infancia con esta clase de cuentos de terror. Y más adelante, cuando entrasteis por primera vez en vuestra Iglesia de la mano de vuestros padres, ese hombre vestido de negro os lo confirmó con voz amenazadora: Quebrantar una sola vez los mandamientos del Altísimo significa aterrizar en su brasería eterna. ¿Cómo vais a mantener siquiera de adultas la serenidad ante semejantes intimidaciones?
Pero precisamente esta circunstancia es la base de vuestra revuelta. Y por ello debéis pensar tan sólo en lo que los señores de vuestra Iglesia os han dicho también acerca de su jefe celestial:
Dios es amor.
Dios es misericordia.
Dios es justicia.
Todos somos iguales ante Dios.
Pues eso. Se refiere a hombres y mujeres, ¿no? O sea, a ellos y a vosotras. Y si con vuestra protesta realmente incurrís en una culpa, Dios sabrá perdonaros, sin lugar a dudas, ya que El (es decir. Ella) también es perdón.
¿Cómo si no iba a proceder con vosotras? Si Ella lo es codo y lo ha creado todo, entonces también os creó a vosotras, las mujeres católicas. Y por supuesto, también a nosotras, las demás, os guste o no. Si la fe es una gracia, tal como afirmáis, entonces debe de ser Ella quien nos la niega. ¿Y por qué será? ¿Tal vez para que no dejéis de reconocer las deficiencias y los errores de la institución? ¿Para que no afirméis al unísono con vuestros dirigentes que vuestra exclusión de los cargos eclesiásticos responde a la voluntad de Ella? ¿Es posible que, con la creación del escéptico. Dios pretendiera protegerse de la difamación por parte de sus propios seguidores, que interpretan Sus palabras como les viene en gana?
Pero volvamos a vosotras, las protagonistas: si en verdad sois obra de vuestra Todopoderosa, entonces a ella debéis no sólo vuestra inteligencia, vuestro temperamento y vuestra apariencia, sino también vuestra naturaleza... con todas sus fortalezas y debilidades. No perdonaros equivaldría a no perdonarse a Sí misma. Y precisamente por el hecho de que las mujeres de Su Iglesia sientan necesidad de servirle como sacerdotisas.
Sí, católicas del mundo: Si consideráis real y sinceramente que Dios es vuestra Creadora, no hay forma humana de intimidaros. Mirad a los hombres de sotana fijamente a los ojos y anunciad con voz serena que pueden ahorrarse las amenazas. Puede que su Señor dirija una sucursal infernal, pero vuestra Señora no quiere saber nada del fuego, eso lo sabéis a ciencia cierta.
Y a ello sigue la lucha concreta, valerosa y decidida por vuestros derechos y obligaciones.
Una lucha, repetís sonriendo. ¿Con qué vamos a luchar nosotras, las mujeres católicas? No tenemos poder mediático, ni armas, ni soldados, ni cuarteles...
Ahora nos toca a nosotras esbozar una sonrisa.
¿Que no tenéis poder en los medios de comunicación? Aparte de los periódicos católicos y la cadena del Vaticano tenéis a vuestra disposición diarios, emisoras de radio y cadenas de televisión de todo el mundo para la lucha. ¡Si los periodistas no hacen más que esperar vuestra señal!
¿Que no tenéis armas? ¡Las armas sois vosotras mismas! En vuestra Iglesia sois mayoría, y con esta mayoría podéis conseguir lo que os propongáis sin derramar una sola gota de sangre.
¿Que no tenéis soldados? ¡Vosotras sois los soldados! Los millones de hermanas en la fe que viven en todos los rincones del planeta son vuestro ejército.
Y por supuesto, también tenéis cuarteles. ¡Aprovechad los conventos, acudid a las monjas! Ahí podréis reuniros a vuestro antojo, podéis conversar, daros ánimos, esconderos. Ahí podéis planificar vuestras acciones, definir vuestras estrategias, corregir vuestros errores. Anunciad a las púdicas y tapadas monjas el fin de su vida tan modesta y cómoda. Se acabó eso de vivir como colgajos eclesiásticos.
En concreto tenéis a vuestra disposición las siguientes estrategias para emprender vuestra sin lugar a dudas incruenta cruzada:
Protesta
Podéis salir a la calle y movilizar a la opinión pública mediante manifestaciones y marchas de protesta.
Demanda judicial
Podéis ir a juicio y demandar a vuestra institución por sexismo. ¡Que recurran a sus documentos falsificados! En los países democráticos ni siquiera les servirían los documentos auténticos, pues vuestra exclusión de todo un sector profesional por razón de sexo va contra la ley. Podrían bloquearse las subvenciones que vuestra Iglesia recibe del Estado hasta que la igualdad de oportunidades entre candidatos a cargos eclesiásticos quedara garantizada.
Boicot y huelga
Podéis negaros a asistir a las misas católicas hasta que los dirigentes de la Iglesia declaren de forma vinculante que la institución reconocerá de inmediato el derecho de las mujeres al desempeño de cargos eclesiásticos..., inclusive del cargo papal. A tal fin podéis organizar, siguiendo el ejemplo de los sindicatos, piquetes a las puertas de vuestros templos para impedir que las mujeres entren en ellos. Ello ahorrará a las indecisas, cobardes e intimidadas la obligación de tomar una decisión por sí mismas: no es que no quieran ir a la iglesia, sino que no las han dejado entrar. Y por supuesto, durante este período tampoco utilizaréis el recinto de vuestras iglesias para celebrar ceremonias privadas. Deberéis aplazar las bodas, los bautizos y los funerales hasta haber logrado el triunfo de las mujeres católicas.
Sanciones económicas
Esta táctica supuso el fin del apartheid en Suráfrica y también puede aplicarse a vuestra causa. Sobre todo si se emplea en combinación con otras medidas. Puesto que en la actualidad son sobre todo las mujeres quienes llenan las iglesias, la ausencia de vuestras aportaciones las afectará sensiblemente. Los testamentos que hayáis firmado con vuestra institución como beneficiaría no serán válidos hasta que la mujer tenga acceso al sacerdocio. En los países en que el pago del impuesto eclesiástico es obligatorio, os negaréis a abonarlo hasta haber alcanzado vuestros objetivos. La pérdida de ingresos por ceremonias privadas debilitará aún más a vuestra Iglesia. A fin de cuentas, la Iglesia tiene que pagar el sueldo de un auténtico ejército de empleados, y no existen reservas de dinero para el caso de que se inicie una huelga, pues en dos mil años de subyugación femenina, nadie se ha planteado siquiera la necesidad de ahorrar.
Fundación de una Iglesia de oposición
Otra posibilidad que tenéis a vuestra disposición... La fundación de una Iglesia católica de las mujeres. Para ello deberíais ocupar una parte de vuestros templos y nombrar vuestro propio clero, es decir, sacerdotisas, obispas, cardenalas... Según la tradición, de entre estas últimas debería elegirse la primera papisa.
Sí, católicas del mundo: si realmente os tomáis en serio vuestra voluntad de alcanzar el poder, si realmente queréis una Iglesia de hombres y mujeres, no os faltarán estrategias para la lucha. Hay una sola cosa que no os hemos recomendado a sabiendas. Nos referimos a abandonar vuestra Iglesia, pues al fin y al cabo, es vuestra Iglesia. No pertenece a los hombres de lujosas vestimentas ni al hombre que habita el palacio de Roma. Pertenece a los hombres y mujeres que se sienten parte de ella, a los católicos y las católicas de este mundo.
Por supuesto, muchas de vosotras habéis barajado la posibilidad de abrazar una de las demás variantes de fe cristiana que existen. Pero el protestantismo os resulta demasiado sobrio, y con los ortodoxos escaparíais del fuego para caer en las brasas. También las distintas sectas cristianas suelen hallarse bajo el férreo dominio de los hombres.
No, ésta es la fe en la que os han educado. Os gustan los rituales o las ceremonias de esta Iglesia, sus misas, sus oraciones, sus cánticos. Os sentís protegidas en ella, os ofrece apoyo y la esperanza de la vida eterna. Lo único que os molesta de ella es el modo en que trata a sus fieles femeninas. Y vosotras podéis cambiar este detalle.
Durante la lucha no deben abandonar la Iglesia ni siquiera las mujeres que lo tienen decidido desde hace tiempo y por motivos bien distintos. No es el momento de marcharse. Es el momento de quedarse, el momento de mostrar solidaridad. Más tarde podréis marcharos.
En cuanto hayáis pasado a la acción os asombrará comprobar la rapidez con que este coloso de dos mil años se pone en movimiento. La reciente revuelta de las mujeres anglicanas en Gran Bretaña os lo ha demostrado: sólo una pequeña minoría de los feligreses abandonó la Iglesia cuando sus ovejas se atrevieron por fin a tomar los templos. Y por supuesto, los siguieron algunas de las ovejitas mejor amaestradas. ¿Y adonde los siguieron? Pues al seno de la vuestra, la Iglesia católica, que, como cabía esperar, recibió a los apóstatas con los brazos abiertos.
Vuestra revuelta no arrojará siquiera ese puñadito de apóstatas. ¿Dónde podrían refugiarse los misóginos cuando ya no quedara ninguna Iglesia misógina? Quizás en la Iglesia ortodoxa, en las sectas cristianas durante un tiempo. ¿Y luego? No, la mayoría de los sacerdotes se limitará a discutir un rato, hacer pucheros y luego seguir viviendo como si nada hubiera sucedido. Por supuesto, rezarán para que el arzobispo, todavía un hombre, nos les ponga delante de sus narices precisamente a una de vosotras. Pero en caso de que así sucediera, sería la voluntad de Dios, ¿no?
Y además, no olvidéis que muchos de los clérigos de menor rango ya están de vuestro lado, aunque son demasiado cobardes para reconocerlo en voz alta. También el pequeño clérigo quiere conservar su cargo a toda costa. Entre los sacerdotes modestos (los pocos auténticos que hay) desaparecieron hace tiempo los prejuicios contra la presencia de colegas femeninas; en sus filas, la idea de la igualdad de todos los hombres es en verdad una religión. Y es posible que los detractores del celibato depositaran en vosotras sus esperanzas de salvación. Pero si conocemos a las mujeres, ya se sabe, incluso una sacerdotisa preferirá, en el fondo de su corazón, casarse que vivir célibe, ¿qué te apuestas?
Sí, católicas del mundo, ¿qué os apostáis a que solucionáis el tema en un abrir y cerrar de ojos?
Ojalá, decís ahora. Pero ¿qué hay de los altos cargos, de los obispos y cardenales? ¿Qué pensará el hombre de Roma de todo este asunto? Ése preferiría morir a soportar la visión de una mujer en sotana. ¡De nada servirá implorar!
¿Implorar? Católicas del mundo, que esta palabra no vuelva a brotar jamás de vuestros labios, no en este contexto. Vosotras exigís, reivindicáis. Si el papa se mostrara receptivo a las peticiones, haría ya tiempo que os hallaríais en pie de igualdad en vuestra Iglesia. El y sus doscientos sesenta y ocho predecesores tienen la culpa de que vosotras, las fieles, os encontréis en la delicada situación de tener que demostrar que él, el infalible, ha cometido un error, así como de tener que reivindicar algo que un verdadero cristiano daría por sentado: la abolición del sexismo en la Iglesia católica.
Por supuesto, al principio se mostrará reacio. Buscará esconderse detrás de la tradicional palabrería benévola. Pero cuando se convenza de que no vais a cejar en vuestro empeño, jamás y bajo ninguna circunstancia, dejará de resistirse. Y si no lo hace él, lo hará su sucesor después de que los cardenales, intimidados por vuestras acciones a escala mundial y temerosos de perder el poder, lo hayan obligado a retirarse por motivos de salud en un procedimiento secreto de urgencia.
Pero lo más probable es que semejante rodeo resulte innecesario. También los papas quieren conservar su cargo. Con toda seguridad, utilizará vuestra causa como maniobra propagandística y la hará suya, es decir, se «apiadará» de vosotras. Se golpeará el pecho, entonará tres veces el mea culpa y ordenará delante de numerosas cámaras a la primera sacerdotisa, la primera obispa, la primera cardenala. Y reconocerá lo bien que ha ido.
Pero no ha ido bien. No lo bastante bien para vosotras, las católicas del mundo. El próximo papa debe proceder de vuestras filas, exigís a continuación, porque vosotras, mujeres católicas, no alcanzaréis vuestro objetivo hasta que ellos, los católicos, no sepan de inmediato qué gritar en cuanto vean surgir el humo blanco: ¿Habemus papam...? ¿Habemus papessam...?
Sólo entonces habrá terminado vuestra guerra santa contra esta Iglesia, porque sólo entonces reinará la justicia en ella, al menos en este aspecto.
Y no os conforméis nunca más con promesas. Habéis aprendido mucho y sabéis de lo que son capaces. Que os lo den por escrito. Confirmado por una autoridad temporal.
Y cuando llegue el momento, podréis exclamar también Habemus mamam, por supuesto. La decisión es sólo vuestra.
Sí, católicas del mundo,
atajo de perezosas y comodonas,
mujeres apocadas y amilanadas,
dinosaurios de nuestro sexo,
colgajos de nuestra lucha,
vergüenza del feminismo,
acolitas del sexismo:
Debéis poner manos a la obra, ¿oís?
¡Debéis uniros de una vez!
Desde el nacimiento de vuestro libertador han transcurrido casi dos mil años, y si seguís así, ¡dentro de otros dos mil años continuaréis en la misma situación humillante!
Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que lograr que un papa de la Iglesia católica ordene sacerdotisa a una mujer... de forma voluntaria.
CAMBIOS
Habéis llegado a la meta.
Ya lleváis las riendas.
¿Y ahora qué?
Porque no habréis puesto en marcha este gigantesco engranaje sólo para seguir predicando desde el pulpito lo mismo que los hombres antes que vosotras, ¿verdad?
A fin de cuentas, no pretendíais tan sólo repartir la bendición del feminismo: In nomine matris, et filii, et spiritus sancti...
¿Estamos en lo cierto?
Sí, señoras enfundadas en vuestras sotanas recién estrenadas. He aquí vuestra oportunidad. No sólo la vuestra, sino también la nuestra. No sólo la oportunidad de las mujeres, sino también la de los hombres, los niños, los ancianos. Se trata de la oportunidad de todo el mundo, un mundo que vosotras, sí, vosotras, podéis cambiar a partir de ahora.
Vosotras sois quienes tenéis las manos limpias, ¿no? Sois vosotras contra quienes vuestra Iglesia lleva dos mil años pecando, y sabe Dios que utilizó todos los métodos a su alcance movida por su sed de poder y oro. Vosotras estabais allí, pero no teníais ni voz ni voto.
Mulier taceat in ecclesia, ordenó Pablo (según lectura masculina) en la primera epístola a los Corintios. En su Iglesia y en la Iglesia de sus señores sucesores, la mujer debía guardar silencio. Y eso es precisamente lo que habéis hecho durante los últimos dos mil años. Y ésa es precisamente vuestra suerte ahora. ¿Vuestra suerte? ¡No, nuestra suerte! ¡El hecho de que la mujer se viera obligada a guardar silencio en este Iglesia puede convertirse ahora en nuestra suerte!
Puesto que os veíais obligadas a guardar silencio, ahora a vosotras, católicas del mundo, no os pesan en la conciencia aquellas cruzadas en que participaron miles de niños. Las torturas de la Inquisición, la quema de brujas, la persecución de los judíos ni el exterminio de los indios, de eso no cabe la menor duda.
Puesto que os veíais obligadas a guardar silencio, no pudisteis colaborar con Hitler, Mussolini, Franco, Salazar, los generales filipinos ni las juntas argentinas. Porque siempre habéis sido mayoría, pero una mayoría silenciosa.
Puede que los observarais, les hablarais, los aclamarais, que gritarais con ojos relucientes Viva el caudillo, viva il Duce o Heil Hitler. Pero las consignas oficiales eran obra de ellos:
Fue Pío XI quien declaró al católico italiano Mussolini como el hombre «que nos ha enviado la Providencia». Fue Pío XII quien, tras la derrota de la República española, felicitó a Franco por su «triunfo tan anhelado por la Iglesia católica» y le permitió exterminar sin rechistar a un par de centenares de miles de españoles, porque ¿acaso no había prometido el hombre «restablecer las antiguas tradiciones católicas»?
Ese mismo papa explicó a sus corderitos alemanes con toda su infalibilidad que Adolfo Hitler era el líder legítimo de los alemanes y que quienes lo desobedecieran cometerían pecado. Y mientras en las ropas de los «no alemanes» empezaban a brillar las estrellas amarillas, en las catedrales alemanas todos los obispos alemanes repetían el mensaje a sus fieles. A fin de evitar cualquier cambio de postura, el jefe de los católicos romanos volvió a enaltecer al «Führer» tras siete años de terrible dictadura y suplicó por carta «la protección del cielo y la bendición de Dios Todopoderoso» para el monstruo.
Pero, puesto que os veíais obligadas a guardar silencio en vuestra Iglesia, tampoco podíais, por supuesto, decir nada en este caso. Y ahora sois quienes tenéis las manos limpias y la conciencia tranquila. La primera y última esperanza de una Iglesia que a lo largo de sus dos mil años de historia, siempre se ha puesto del lado de los ricos y poderosos y se ha ensuciado las manos una y otra vez con la sangre de millones de personas en el nombre de una sola.
Y estos tiempos han pasado a la historia gracias a vuestra revolución. Porque aquí estáis vosotras. Ahora sois vosotras quienes lleváis la batuta. No de un modo totalmente natural, no del todo y no del mismo modo. Pero puesto que representáis el setenta por ciento de los miembros de esta asociación y si es que os tomáis vuestras nuevas responsabilidades muy en serio, tarde o temprano seréis también mayoría en la toma de decisiones acerca de la política de la asociación, ¿me equivoco?
Y de ahí nuestra pregunta, tan justificada a la vista del cruento pasado de vuestra Iglesia: ¿Qué planes tenéis?
¿De qué forma pretendéis humanizar un poco la vida de casi mil millones de fieles, la inmensa mayoría de los cuales roza el umbral de la pobreza?
¿Cómo planeáis manejar el inmenso poder que ha recaído sobre vosotras para que no vuelva a entrañar peligro alguno para los demás?
¿Cómo podéis eliminar el catolicismo como arma sin destruirlo como religión?
¿Cómo pretendéis devolver la credibilidad a este consorcio corrupto y encarrilar de nuevo a su clero hacia los ideales del hombre a quien debe agradecer su existencia?
¿Con qué estrategia recristianizaréis vuestra Iglesia?
Ah, no, católicas del mundo, tan ingenuas no somos: ninguna de nosotras ha creído en serio que pretendáis liberalizar vuestra Iglesia tras la toma de posesión de vuestra primera papisa. Un catolicismo liberal ya no sería catolicismo, eso lo sabéis tan bien como nosotras. Y por mucho que a nosotras, las demás, nos seduzca la idea de asistir al debilitamiento de vuestro Imperio, vosotras, las nuevas princesas, no os habéis hecho con el poder para acabar disolviendo vuestra Iglesia.
Ya lo hemos comentado con anterioridad: ninguna persona entra en una iglesia para ser libre. Si posee el don de la fe se sentirá libre a partir de este momento, libre de la responsabilidad que conlleva su propio destino, que ahora se halla en manos de su Dios. Pero en realidad, esta nueva felicidad es precisamente lo contrario de lo que explica: el converso no ha descubierto la dicha de la libertad, sino el placer de la falta de libertad.
Por consiguiente, el creyente libre no existe por definición; tal concepto constituiría una contradicción. Y una Iglesia liberal sería una Iglesia inútil: sus miembros se apartarían de ella y acudirían a una institución que les marcara normas estrictas. De nada serviría mantener abierta una Iglesia de tales características.
Así pues, ¿qué vais a hacer, hermanas recién ordenadas? ¿Qué podéis hacer para reformar vuestra Iglesia sin desmembrar vuestra religión?
A fin de diseñar una estrategia debemos ser conscientes de la razón por la que los seres humanos, casi todos, necesitamos dioses y queremos rezar. Y por mucho que nos esforcemos, siempre acabaremos dándonos de narices contra los tres sempiternos motivos, pues la fe en un ser Todopoderoso mitiga nuestros tres temores más espantosos:
El temor a la carencia de sentido de la vida.
El temor al carácter definitivo de la muerte.
El temor a la libertad.
La oración refuerza la ilusión de que esta fe podría justificarse de algún modo. Cuando nos arrodillamos aparece la humillación; al bajar la cabeza percibimos la disposición a la obediencia; expresar nuestros pesares surte un efecto tranquilizador aun cuando no podamos esperar absolución ni ayuda, y aun cuando el otro ni siquiera esté escuchando con atención. Gracias a estos efectos, el psicoanalista puede ganarse la vida.
De entre estos tres temores, el miedo a la carencia de sentido de la vida es el más inofensivo porque sobre todo afecta nuestro engreimiento. Si nada tiene sentido, entonces nosotros tampoco tenemos sentido, y eso es algo que al engreído le cuesta soportar. La fe en un ser superior le echará una mano, pues lo convierte en una figura indispensable dentro de una maniobra gigantesca cuya finalidad no puede aún revelársele precisamente a causa de su importancia.
Para los creyentes, cada revés personal se convierte en una clave de un código halagador: sufrimos la denigración para ser enaltecidos más adelante, y de todos modos, los primeros serán los últimos. Y de repente, también los sufrimientos cobran sentido: se trata de pruebas mediante las que su Creador comprueba si es digno de su amor y si merece la pena librarlo de dichos sufrimientos.
Para la mayoría de las personas imaginativas, el miedo a la muerte representa un temor mucho mayor. Renunciarían con mucho gusto al sentido si ello les permitiera quedarse cien años más. Mira que tener que marcharte justo cuando empiezas a aclimatarte un poquillo...
¿Y marcharte adonde, si se puede saber? A la nada.
¿Por cuánto tiempo? Para siempre.
¿Con quién? Solo.
Sí, católicas del mundo, el miedo a la muerte es el más espeluznante de todos. Eso lo sabéis tan bien como nosotras.
Y pisando los talones al miedo que infunde la muerte aparece el miedo a la vida, que es a un tiempo miedo a la libertad. La autonomía con que debemos tomar decisiones acerca de la dicha y la desgracia en un período de tiempo tan aterradoramente breve nos produce pánico; ¡al tomar decisiones libres sobre nuestra vida recae sobre nosotros la responsabilidad de todo lo que nos sucede! ¿No debería asumir semejante tarea alguien más sabio, con una visión más global de las cosas?
Oh, sí, hablamos de libertad. Nos entusiasma la libertad. Luchamos por la libertad. Engañamos, torturamos y asesinamos en nombre de la libertad. Nos dejamos torturar por ella y en caso necesario morimos por ella. Pero vivir con la libertad año tras año, día tras día, tomar decisiones libremente hora tras hora acerca de lo que debemos hacer con nuestra vida... Eso es precisamente lo que no queremos.
Lo que realmente deseamos no es libertad, sino sumisión. Pese a nuestros discursos grandilocuentes, nuestro sueño no es la independencia, sino la dependencia total, aunque, eso sí, elegida libremente, de normas que otras personas nos dictan: nuestra pareja, nuestra empresa, nuestro astrólogo, nuestro grupo, nuestro partido, nuestra secta, nuestra iglesia.
Y sólo en el caso de que dichas normas dejen de satisfacer nuestras ansias de dependencia, es decir, cuando se tornen demasiado permisivas, nos «liberaremos». Pero no para ser libres por siempre jamás, sino para tomar la libertad recién conquistada y ponerla en manos de quien nos la vuelva a arrebatar con mayor contundencia y nos diga exactamente qué hacer y qué no hacer.
¿Tontas? No, no os consideramos roncas, católicas del mundo. Sabemos con qué frecuencia os veis obligadas a escuchar que la religión es para tontos, para pobres de espíritu, etcétera. Pero ninguna de nosotras decimos eso. Son los ateos quienes hablan así, aquellos que han convertido la negación de la existencia de Dios en una religión por derecho propio. Y que ahora, al igual que los seguidores de las diversas creencias, consideran tontos a todo aquel que profesa una fe diferente, ¡pues son ellos quienes poseen la tesis más inteligente! Pero, en realidad, sólo un Dios podría tener una perspectiva suficiente sobre el universo para proclamar la inexistencia de Dios. Nosotras nos limitamos a dar palos de ciego y por ello no podemos más que denominarnos ignorantes, escépticas, agnósticas.
Y en nuestra opinión, son precisamente las personas inteligentes, imaginativas y sensibles las que más necesitan de la iglesia, pues son ellas quienes más miedo tienen. El tonto se siente a gusto en su libertad. No tiene suficiente fantasía para imaginar las consecuencias de sus actos. Tampoco la idea de la muerte lo espanta, pues le resulta imposible imaginar que un día él dejará de existir.
Jamás se formulará preguntas acerca del sentido de la vida. Sus acciones cobran un sentido inmediato en la satisfacción de sus ansias de comodidad, y eso le basta. Así pues, las necesidades religiosas del inteligente le resultarán extrañas. Pero si algún día él llega a experimentarlas, no necesita de nadie para satisfacerlas. El tonto es capaz de admirar su propia persona hasta límites insospechados. En caso necesario se convierte en su propio ídolo.
No, no, queridas, no era eso lo que pretendíamos decir. El hecho de que el contó no posea demasiado talento para ser creyente no significa que nosotras, observadoras externas, consideremos que en vuestros templos sólo entran personas inteligentes.
También el tonto acude a su iglesia. Pero una vez allí no busca tanto la protección del pastor (invisible) sino más bien la de los corderos (visibles). Sabe que resulta ventajoso pertenecer a un rebaño lo más numeroso posible. Y para que los demás comprendan que forma parte de su grupo, es necesario que lo vean realizando a menudo las mismas acciones, es decir, la de arrodillarse y la de rezar.
Tampoco los contenidos del credo entrañan problema alguno para el tonto. A una persona sensata casi le resultaría más sencillo creer en la existencia del monstruo del lago Ness que en la de un ser sobrenatural. Pero si pretende aplacar sus temores no le queda más remedio que intentarlo con el segundo. En este proyecto, la palabra de Dios se convierte más bien en un obstáculo. Mientras no pertenezca al club de fans, la Biblia se le antojará un intento de intimidación repleto de contradicciones poéticas. En cualquier caso, a la consabida isla desierta preferiría llevarse el Moby Dick de Melville que la obra del ensalzado colectivo de autores. Pero es precisamente en esta última donde debe buscar con frecuencia las directrices necesarias.
El tonto no encuentra en todo ello dificultad alguna: Pero, por supuesto, los primeros serán los últimos, ¿por qué no? Por supuesto, ese tal Dios le abrirá las puertas de su paraíso algún día infinitamente lejano, pues al fin y al cabo se ha pasado años rezándole, y, además. Dios se comprometió a ello por escrito, ¿no?
En otras palabras, el limitado cumple con una obligación al rezar, mientras que el inteligente satisface una necesidad. El limitado cree porque no da para más, mientras que el inteligente cree a pesar de que da para más. Cuanto mayor sea la imaginación, más espantoso es el miedo y más acuciante la necesidad de idealizar la brizna de paja hasta convertirla en la tabla de salvación.
Concentrémonos una vez más en vosotras, nuevas princesas que pretendéis convertir esta empresa fatigada en la flor y nata. De lo explicado hasta ahora se desprende que todos vuestros intentos de reforma vendrán determinados inevitablemente por la demanda. Si queréis cambiar vuestra Iglesia sin destruir vuestra religión, no os quedará más remedio que ocuparos en vuestros templos de los tres miedos estándar de vuestra clientela y prestar a vuestros seguidores convencidos y por convencer los siguientes servicios:
1. explicación del sentido de la vida,
2. promesa de una vida después de la muerte,
3. mandamientos para una conducta cristiana cuyo quebrantamiento implique castigo.
Del punto 1 ya se han ocupado de forma óptima vuestros antecesores varones. Cuesta imaginar una solución más inteligente que la excusa del examen (es decir, que nuestros sufrimientos en esta vida son pruebas que permiten a Dios comprobar quién es digno de pasar a la otra). A las respuestas particularmente obstinadas seguiréis respondiendo que los caminos del Señor son inescrutables y que la mente humana es incapaz de comprenderlos. Y por tanto, la vuestra también lo es, ¿verdad?
Tampoco vuestra postura ante el punto 2 precisa ni admite reforma alguna. Aun cuando a alguna de las recién ordenadas les resulte embarazoso, lo cierto es que sin la promesa de la vida eterna no se llega a ninguna parte pues, en esencia, las iglesias, todas las iglesias, son compañías de seguros de supervivencia. A cambio de comprometerse a la obediencia en esta vida, el creyente tiene la seguridad de que seguirá viviendo en el otro barrio.
Y para vosotras, corredoras de seguros de negro atuendo, dicha obediencia no sólo significa ostentar poder sobre vuestros casi mil millones de corderos y los numerosos corderitos con que engrosan de forma constante las filas de seguidores, sino también garantiza vuestra existencia material. Si a los miembros de vuestra congregación no les infundiera semejante pánico la muerte, no pagarían por vuestro culebrón, y vosotras, las guionistas, os quedaríais de patitas en la calle.
«Menea la cola el can, no por ti, sino por el pan.» Tampoco en lo tocante al punto 2 debéis introducir modificación alguna.
El único margen de maniobra lo brinda el tercer miedo, el miedo a la libertad. El fiel exige a su Iglesia normas de conducta estrictas, pero su contenido parece traerle sin cuidado. Lo principal es que le dejen someterse. Por lo tanto, un consorcio puede inventar el mandamiento de inclinarse cinco veces al día en una determinada dirección, otro puede obligar a llevar velo, un tercero puede prohibir esa transfusión de sangre que salvaría una vida, un cuarto elevar la profanación del sábado o el consumo de carne de cerdo a la categoría de pecado. Lo importante es que los mandamientos respectivos sean distintos de los de la competencia, porque de lo contrario el creyente no sabe por qué ha contratado el seguro precisamente en tal o cual compañía.
Así que aquí podéis poner manos a la obra si queréis renovar vuestra Iglesia, pues aunque no os sea posible abolir los mandamientos, sí podéis sustituirlos por otros más sensatos, humanos y, en definitiva, más cristianos que los existentes.
En este contexto os beneficia precisamente el dogma que las más progresistas de entre vosotras querrán eliminar primero tras la introducción de la cuota femenina en el clero: el dogma de la infalibilidad de vuestra papisa.
Católicas del mundo, si queréis que vuestra religión sobreviva, si de verdad es sagrada para vosotras, entonces esta ley es la única que no podéis reemplazar. Si queréis sustituir los mandamientos obsoletos por otros nuevos, necesitaréis una autoridad con poder absoluto para bendecir los nuevos mandamientos de forma que sean infalibles a los ojos de vuestros seguidores. Y puesto que, al parecer, vuestra diosa no volverá a enviar a Su Hijo a la Tierra (una experiencia como madre amantísima le bastó), ni tampoco el Espíritu Santo ha dado señales de vida hasta la fecha, la única que puede asumir esta tarea es vuestra papisa, a quien por ello deberíais designar representante infalible de diosa en la tierra.
Vuestras progresistas cometen una y otra vez el error de equiparar política laica a política eclesiástica. Pero aunque en ambos casos se trata de poder, el Estado y la Iglesia deben su poder a mecanismos opuestos, pues el ciudadano exige a su gobierno la máxima libertad y a su confesión la máxima sumisión.
También aquí el cliente siempre tiene razón. En el negocio del Estado, la abolición de la democracia provoca tarde o temprano la muerte del gobierno, mientras que en el negocio de la religión es la introducción de la democracia la que acaba acarreando la muerte de la confesión.
Y por ello reviste canta importancia que ambos poderes permanezcan separados. Mientras la Iglesia se ocupa de garantizar con sus mandamientos la falta de libertad que necesitamos para vivir, el Estado debe velar por que nuestra libertad no se vaya al garete, es decir, por que nuestro sometimiento a vuestros mandamientos siga siendo voluntario y no se persiga a quienes se niegan a obedecerlos. Gracias a la libertad religiosa, la falta de libertad del creyente es siempre cuestión de ganas. La dictadura eclesiástica se daría si al creyente se le pasaran las ganas pero aun así tuviera que rezar. Pero de todos modos, vosotras, católicas del mundo, no toleraréis que suceda algo así, ¿verdad?
Así pues, de todos vuestros dogmas sólo tenéis que conservar el de la infalibilidad de vuestra papisa, porque es precisamente dicha infalibilidad la que os permitirá cambiar todo lo demás. Y pese a que hemos prometido no inmiscuirnos en las interioridades de vuestra fe (pues lo que nos interesa son los aspectos externos, las repercusiones externas de la fe, tan a menudo peligrosísimas para nosotras), no podemos por menos que preguntarnos qué particularidades de vuestra religión os molestan más (como mujeres) y cuáles son las primera reformas que se os ocurren.
Suponemos que vuestros debates se centrarán en primera instancia en los siguiente puntos:
1 —abolición de la amenaza del castigo del infierno,
2. —abolición de la historia del pecado original,
3 —abolición del cuento de la Inmaculada Concepción y la
virginidad de la madre de Dios,
4.—abolición del celibato forzoso del clero.
Empecemos por el primer punto, la amenaza del infierno, porque es el más fácil de sustituir por un concepto nuevo.
Por descontado, ninguna religión puede sobrevivir sin un catálogo de castigos. Si bien el creyente se somete a los mandamientos de su Iglesia por voluntad propia, quiere que la violación de dichos mandamientos le acarreen determinadas consecuencias. La lección que nuestros psicólogos aprendieron del fracaso de la educación antiautoritaria también se aplica a las confesiones. Uno no se siente lo bastante protegido en un sistema cuyos límites desconoce. En semejante sistema, el creyente dependería en ultimo término de su propio baremo y quedaría expuesto a la libertad de la que había pretendido huir con su ingreso en la Iglesia.
Y precisamente para esta necesidad de vuestros feligreses, vuestra confesión está mejor equipada que las demás, y ello explica por qué, tras casi dos mil años de antecedentes delictivos, no sólo ha logrado mantenerse, sino que ha evolucionado de forma constante. La definición precisa del pecado, un sistema sofisticado para determinar su envergadura, la idea brillante de la confesión periódica, las variantes de expiación a disposición de los fieles y las sólidas oportunidades de intimidación que brindan las clases de religión y el sermón dominical.
Sólo la amenaza del infierno, al que se va a parar tras cometer el superpecado, el llamado pecado mortal, se os antoja excesiva. Aun cuando hoy en día ya no os lo toméis tan a la tremenda, sabéis que de niñas tuvisteis que soportar esta perspectiva, que la idea de las llamas y los demonios os perseguía y que todavía ahora tenéis ese miedo metido en los huesos. Y por ello os rebeláis ante la idea de tener que transmitir esos cuentos de terror a las siguientes generaciones.
Además resulta pernicioso para vuestra imagen que como mujeres, y por tanto como madres potenciales al menos, intentéis mantener a niños pequeños alejados del «pecado» con semejantes historias para no dormir. Con razón o sin ella, de las mujeres se espera aún en la actualidad más sensibilidad que de los hombres. Lo que se permitió a generaciones de pastores varones resultaría de inmediato repugnante en las representantes femeninas del clero. Por tanto, debéis reformar este punto.
Y ello no debería entrañar problema alguno. Cierto es que la Biblia menciona más de setenta veces el castigo eterno del infierno, y también el equipo de «negros» creado tras la muerte de Jesucristo puso en labios de éste citas relativas a dicho castigo en veinticinco ocasiones; así, Jesucristo advierte a sus seguidores contra el «gusano que no muere», el «fuego que no se extingue», el «castigo eterno», pero en vuestras filas, este asunto no constituye un dogma.
Pese a que el orden infernal forma parte de la ortodoxia tanto católica como protestante, pese a que se ha mantenido en jaque a más de sesenta generaciones con ese castigo y pese a que el «Catecismo Romano» publicado por encargo del papa Pío V anuncia de forma explícita que los infieles arderán en el «fuego eterno» y padecerán tormentos «como los golpes, latigazos y otras clases de graves castigos corporales que, sin lugar a dudas, ocasionan los dolores más terribles a los mártires del fuego», sobre todo porque «continuará por toda la eternidad» y los condenados «jamás podrán zafarse de la compañía de los demonios más repulsivos», el castigo del infierno jamás ha sido un dogma inapelable en vuestra Iglesia.5 Por tanto, hoy en día los clérigos progresistas ya se conforman sin remordimiento alguno con rozar este tema de pasada. Y ello os facilitará a vosotras la tarea de eliminarlo.
Eliminarlo y sustituirlo por otro, claro está. Vuestros feligreses deben tener miedo de algo cuando estén a punto de cometer uno de vuestros pecados mortales. ¿Qué tal si tomarais el concepto al pie de la letra y anunciarais a vuestros seguidores que el católico y la católica perderán el derecho a la vida eterna si cometen semejantes pecados? ¿Que, al igual que los no creyentes, sufrirán una muerte de desenlace verdaderamente mortal si cometen pecados mortales? Puesto que la vida después de la muerte es el principal aliciente de la pertenencia a una Iglesia, semejantes amenazas deberían bastar de sobra hoy en día, ¿no opináis lo mismo?
Pasemos ahora al pecado original, del que a vosotras, las nuevas clérigas, os molesta ante todo el comportamiento de machito de Dios. Primero le prohibe a una mujer desnuda que coma la manzana, y luego verifica con ayuda de un reptil si dicha mujer está realmente sometida a El. Tras comprobar que ha fallado en el examen, no sólo expulsa a la desobediente de su jardín del Edén junto con su también desnudo marido, sino que además castiga a todos los descendientes de la celebérrima pareja de comedores de fruta. ¡Tras el hurto famélico de estos antepasados más que remotos, todos llevamos el pecado original a cuestas!
No, diréis vosotras. Esta historia debe de basarse en una de las habituales falsificaciones o bien en toda una serie de errores de traducción. Si nuestro Dios es un hombre, quedaría tildado por siempre jamás de tirano mezquino y de poca monta, mientras que si es una mujer, esta versión de los hechos constituiría una blasfemia aún mayor, pues habría empujado a una de las nuestras a la tentación y atentaría asimismo contra el principio de la solidaridad entre mujeres. ¡Esto no puede seguir así!
Pero es aquí donde las cosas se ponen difíciles, pues tenemos el sacramento del bautismo, que libra a los seres humanos de la maldición del pecado original. Si abolís la manzana de Eva también tendréis que abolir el bautismo, pues ya no quedaría delito que limpiar del recién nacido. Los bebés vendrían inocentes al mundo.
Por supuesto, sabemos que a muchas de vosotras no os hace demasiada gracia el bautismo. Los padres recién estrenados os entregan las almas de sus hijos recién nacidos para que ni se os ocurra arrebatarles el seguro de supervivencia. Con la justificación de que hay que protegerla de males mayores, los padres ponen a la más indefensa de las criaturas en manos de un desconocido que lo salpica de agua en un edificio sombrío, un desconocido que, cada vez con mayor frecuencia, es una de vosotras, una mujer. ¿No sería mejor esperar a que ese niño fuera capaz de pensar y decidir por sí mismo si quiere abrazar la fe de sus padres? ¿Es digna de una Iglesia cristiana la violación psíquica de un niño pequeño?
Digna seguro que no, pero es evidente que resulta práctica, porque el bautismo justo después del nacimiento constituye el método de reclutamiento más eficaz que una asociación puede contemplar en sus estatutos. Decidnos una cosa: ¿cuántos de esos niños se convertirían en católicos si no los bautizarais hasta que fueran mayores? No cabe duda de que, en este caso, más os vale pájaro en mano que ciento volando.
Por tanto, sería un craso error renunciar al sacramento del bautismo sólo porque la justificación del pecado original no os hace gracia. En todo caso cabría plantearse la posibilidad de ampliar un poco dicha justificación. Por ejemplo, podría reforzarse el asunto de la manzana: si la fruta de la que Eva ofrece un mordisco a Adán estuviera envenenada, es decir, si justo después de la primera concepción del mundo, hubiera cometido el primer asesinato de la historia mundial, la película resultaría más emocionante y más perversa, y el motivo para celebrar el bautismo sería al menos un poco más verosímil. Pero por supuesto, os hallaríais en la delicada situación de tener que asignar uno de los papeles bíblicos más espantosos a una mujer... Es decir, tenéis un problema. Y sólo vosotras, las nuevas dueñas de esta Iglesia, podéis solucionarlo.
Pasemos ahora a la siguiente problemática, el asunto de la Inmaculada Concepción y el culto a la virginal María, que para vosotras, como feministas, es una espinita que tenéis clavada. Incluso los no creyentes poseen amplia información sobre la Virgen, pero en el caso de la Inmaculada Concepción no se trata, al contrario de lo que afirma la opinión más difundida, de una normativa ginecológica de excepción para la con excepción de la madre de Dios, sino para la madre de esta madre. No se refiere al momento en que María concibió a su hijo, sino al instante en que ella fue concebida.
Los padres de la Iglesia, inventores de esta muñeca rusa, la consideraron necesaria por la siguiente razón: el sacramento del bautismo nos libera incluso del pecado original, es decir, la caída en desgracia ante Dios de todos los seres humanos por causa del pecado original de Adán y Eva; sin embargo, no nos libra de las consecuencias de dicha caída en desgracia, de nuestra proclividad innata al mal. Y puesto que, en su opinión, el hijo del Señor no podía poseer dicha proclividad, su madre debía proceder de una madre virgen y además ser virgen también ella, ya que el carpintero casado con ella sí era proclive al mal. Y por ello optaron por la concepción a cargo del Espíritu Santo, un embarazo de la Tercera Dimensión, por así decirlo, en el que la embarazada permanecía virgen antes, durante y después del procedimiento.
Un asunto complicado y además bastante blasfemo, ya que los inventores arrebatan a su protegido Jesús toda posibilidad realista de convertirse en un modelo para nosotros. ¿Cómo iba a pecar alguien que había venido al mundo con semejante garantía de pureza? ¿Cómo iba a actuar de forma indigna un ser humano concebido por tan elitista método? ¿Qué hay del mérito personal de Cristo por todas sus obras cristianas? ¿Acaso sus orígenes no lo degradan a la categoría de robot de la humanidad?
Pero es evidente que vuestros precursores creían haber matado dos pájaros de un tiro con esta maniobra de concepción sobrenatural. Jesucristo, a quien deben su profesión, quedaba por siempre jamás libre de pecado. Los demás, por otra parte, quedábamos por los siglos de los siglos a su disposición como pecadores natos y, por tanto, como sucesores eternos para el ejercicio de su profesión.
Pero si no nos equivocamos, a vosotras, las sucesoras de aquellas corifeas, no os molesta tanto la falta de elegancia de esta lógica como el lenguaje que les gustaba emplear. Y desde luego, la elección del término «inmaculada» resulta de lo más desafortunado, pues semejante epíteto para el embarazo de una compañera a la que debemos considerar nuestro ejemplo produce sin querer la impresión de que el resto de nosotras concibe a sus hijos mediante la mácula y que nuestra prole debe su vida a un proceso sucio o que ensucia. Y en la insistencia sobre la virginidad de una concepción veis también el desprecio por el acto del amor, que a vuestros ojos constituye el arce del acercamiento más sublime entre dos personas, que por tanto es la más sagrada de las acciones humanas.
Pero al fin y al cabo, esta degradación del aspecto sexual era uno de los efectos secundarios que pretendían generar los señores, un efecto que a lo largo de los siglos se ha convertido en el pilar más importante de su poder bajo los auspicios de san Agustín. Al poder tildar a todas las mujeres de impuras tras la invención de la única mujer pura, los señores disponían de un excelente argumento para mantenerlas alejadas de los cargos eclesiásticos. Era evidente que a una mujer impura no se le había perdido nada en el altar. Y si a la impurificación por la simiente masculina se añadía la menstruación y la sangre del parto, se acumulaba una buena capa de suciedad sobre nuestro sexo. ¡Sin lugar a dudas, una mujer menstruante no podía ser digna de sostener el cáliz con la sangre del Señor!
Aún más al pelo les vino la historia de la concepción virginal del hijo de Dios, pues ella les permitió transformar a aquella abstinente en modelo cristiano, y declarar culpables a todas las no abstinentes y con ello asegurarse remesas constantes de pecadoras. Sólo quienes se amaban con fines reproductores podían alegar circunstancias atenuantes: para san Agustín, el abstinente experto en sexualidad, la virginidad poseía un valor moral más elevado que el matrimonio, y el matrimonio sin sexualidad ocupaba una posición más alta que el matrimonio con sexualidad, la cual, si no se hallaba al servicio del engendramiento de bebés católicos, constituía un acto repulsivo.
Y la situación apenas ha cambiado hasta la actualidad. Al declarar culpable todo acto amatorio no destinado a la procreación, vuestra Iglesia tiene en la lista negra a casi toda la humanidad adulta. A finales del segundo milenio, Juan Pablo II aún habla de «adulterio con la propia mujer».
Por supuesto, los padres de vuestra Iglesia podrían haber centrado sus tabúes en otros placeres, tales como el apetito. Puede que entonces fuera pecado mortal pesar diez kilos de más en lugar de practicar el sexo por amor al arte. Pero en primer lugar, también a los representantes de Dios en la Tierra les gusta la buena mesa (y cuesta más ocultar la barriga que el acto sexual), y en segundo lugar, lo más probable es que la condena constante de los placeres gastronómicos disparara el consumo de alimentos (nada tienta más a una persona resuelta a hacer régimen que hablar de recetas de cocina), pero no engrosara las filas católicas del mundo, que, por supuesto, tienen prioridad.
A diferencia de lo que afirman, con la satanización del sexo, vuestros pastores no pretenden asegurar la abstinencia sexual de sus ovejas. ¿Qué beneficio les reportaría? De una congregación puritana saldrían menos niños; en lugar de expandirse, el radio de acción de los católicos menguaría. Y a título individual costaría más controlar al abstinente. ¿Qué absolución requeriría?
Lo que hace falta es el pecado sexual. Y a fin de potenciarlo se precisa ese clima cargado de estímulos sexuales que forma parte de vuestra Iglesia al igual que el sonido del órgano, el olor a incienso y el fulgor de las velas. A fin de cuentas, la predicación constante de la pureza sexual no hace más que recordar constantemente los placeres de la carne; las continuas indiscreciones en el confesionario centran la atención en todas las ocasiones de pecado; la seguridad de la penitencia a pagar más tarde confiere glamour incluso al pecado sexual más leve. Hasta que vosotras, las católicas, os entrometisteis, la relación entre clero y congregación ha sido siempre la de «camello» y drogadicto, y todas las oraciones por la liberación de los impulsos más viles fomentaban en realidad dichos impulsos y por tanto no eran más que una variante católica de la pornografía.
Pues precisamente en el sector del erotismo, nada surte un efecto más mágico que las prohibiciones. El resto de nosotras dice que quien no se ha ido a la cama con un católico no tiene ni idea de lo que puede llegar a ser el sexo. Bueno, eso lo sabréis vosotras, católicas del mundo, mejor que nadie.
Podemos comprender que también queráis reformar ciertas cosas en este escabroso ámbito, que os encantaría poder desterrar del templo a esa madre de Dios que concibió sin pecado. Os revienta que las atormentadas madres de personas de vuestra diócesis se vean obligadas también en el futuro a buscar consuelo en esta virgen antepartum, in partu, post partu. Preferiríais ofrecerles a una madre de verdad, una madre que trajera a su hijo al mundo con los mismos problemas que ellas mismas. El parto sin dolor de María fue la recompensa divina por su castidad terrenal, y las católicas de a pie aún no han descubierto la receta para hacer niños de forma casta. ¿Cómo va a entender esa santa sus penas? ¿Qué problemas educativos existen con un hijo que no puede salir mal?
Y por supuesto, precisamente en este aspecto tenéis los hechos de vuestra parte: vuestra Iglesia no elevó a dogma la virginidad de la madre de Jesús hasta 1854. El Nuevo Testamento habla sin especial veneración de María. Pablo, el autor cristiano más antiguo, la menciona tan poco como el evangelista más antiguo. También queda relegada al olvido en el evangelio de Juan, en la epístola de los hebreos y la historia de los apóstoles. Y el propio Jesús, que en las Sagradas Escrituras aparece como uno de siete hermanos e «hijo primogénito» de María, guarda absoluto silencio acerca de su nacimiento de la Virgen. Antes del siglo III ningún padre de la Iglesia conoce su virginidad permanente, hasta el siglo VI se desconoce su ascensión. De hecho, los principales santos (Bernardo, Buenaventura, Alberto Magno, Tomás de Aquino...) lucharon contra la creencia dogmatizada en la Inmaculada Concepción por considerarla herética.
De modo que si os molesta esta historia, tenéis todos los números para poder borrarla.
Pero la verdad es que también podríais conservarla, porque ahora estáis aquí. Ahora sois vosotras quienes decidís. A través de todos los campos de minas espirituales con los que los hombres han intentado protegerse de un clero femenino a lo largo de milenios, habéis alcanzado vuestro objetivo. A través de todas las alambradas de su teología de la soltería os habéis colocado en la cúpula de su jerarquía. Y por ello lo mismo daría que dejarais en su pedestal a esa madre inmaculada, a esa fémina pura que ascendió al cielo, a ese invento desafortunado de ciertos neuróticos del sexo.
Tened en cuenta que esta época de transición tampoco resulta fácil a los hombres de vuestra Iglesia. Todo es cuestión de tolerancia cristiana. Si los hombres de Dios están acostumbrados a pedir consuelo y consejo precisamente a esa mujer artificial, si las numerosas personas que tienen miedo del sexo se sienten protegidas precisamente por esta mujer asexuada y los homosexuales aprecian su diferencia respecto a la mujer de verdad, ¿tenemos derecho a arrebatarles todo eso? En el pasado han utilizado a esta virgen como arma contra vosotras sin escrúpulo alguno. Con su ayuda querían haceros creer que estabais representadas de sobra en esta Iglesia. Pero ¿qué daño os pueden hacer hoy en día con su Inmaculada?
Por supuesto, ignoramos, al igual que vosotras, el modo de explicar esta postura a la sección femenina de vuestra congregación. Pero tal vez exista la posibilidad de narrar la historia del parto de la Virgen como una especie de folclore cristiano, en la línea de los relatos de los panes y los peces, las provisiones inagotables de vino o el paseo sobre el agua, hazañas que hoy en día ninguna mujer se toma al pie de la letra.
Y lo que habíamos denominado pornografía católica, es decir, la posibilidad de acentuar ciertos impulsos a través de la prohibición, también ha adquirido un nuevo matiz, ¿verdad? A la vista de la lamentable disminución de la frecuencia coital entre las llamadas parejas ilustradas, ¿no podría vuestro catálogo católico de pecados, junto con el peepshow erótico-verbal en el confesionario, garantizar la continuidad de ciertos placeres? ¿Realmente queréis que el acto sexual se convierta en «algo completamente natural», tan natural como comer o defecar? Lo cierto es que lo es, como nos demuestran los «pueblos primitivos». Pero del ejemplo católico se desprende que con un poco de mala fe se puede llegar un poco más lejos. ¿Acaso queréis renunciar a ello?
En fin, también en este punco la decisión es sólo vuestra. Sólo pretendemos que penséis en si ahora que habéis tomado el mando sigue siendo necesario dejar a la Inmaculada fuera de circulación. En general se aplica la regla de que el futuro de una religión queda tanto más asegurado cuanto más se distingue de las otras. Y vuestro culto mariano es algo especial en este amasijo de pequeñas y grandes asociaciones de supervivencia que graciada la libertad religiosa inundan el mercado confesional. Imitar el culto a María no es nada fácil.
Nos resta por comentar la soltería obligada del clero católico, el llamado celibato. También este precepto apareció relativamente tarde. Durante el primer milenio, casi todos los sacerdotes estaban casados, y el matrimonio no se prohibió hasta el año 1139.
También en este caso, vuestros dirigentes actuaron sin el beneplácito del hombre a quien hacen referencia de forma constante. Pese a que Jesucristo no se pronunció jamás acerca de la soltería, sino que, por el contrario y para espanto de sus discípulos, se opuso a las tendencias de una sociedad polígama y humillante para la mujer, además de diseñar una imagen ideal de unidad y unificación, ciertos teólogos del celibato distorsionaron su doctrina hasta convertirla en un llamamiento a la soltería. Y Juan Pablo II considera por equivocación que el celibato obligatorio de la Iglesia católica no sólo es recomendación del propio Jesús, sino también «doctrina apostólica».
Pero lo cierto es que la doctrina apostólica consiste precisamente en el derecho de cuantos ocupan cargos eclesiásticos a contraer matrimonio. Pablo (I Corintios 9:5) cuenta que todos los apóstoles y Pedro, quien a fin de cuentas fue el primer papa, estaban casados y se llevaban a sus mujeres a las misiones. Narra que también él tenía derecho a ello. El error del papa actual y de todos sus predecesores se debe a una traducción deficiente que existe desde hace cuatrocientos años. Quien sea capaz de leer los pasajes correspondientes en griego conocerá la verdad. Pero, por supuesto, a la cúpula de la Iglesia no le interesa efectuar tal corrección.
Así pues, también en este caso, vuestra papisa tendría todo el derecho moral y jurídico a introducir nuevas reglas del juego. En caso de que las católicas así lo deseéis, el celibato obligatorio puede abolirse. E incluso cabría pensar en eliminarlo sin sustituirlo, pues este mandamiento no afecta a los casi mil millones de miembros de vuestra empresa multinacional, sino a una minoría de sus empleados.
El griego Epicuro recomienda formular la siguiente pregunta ante cualquier deseo: ¿Qué me sucederá si se cumple lo que deseo, y qué será de mí si no se cumple? En vuestro caso, ello significa tener en cuenta las consecuencias que implicaría abolir el voto de celibato, tanto para vuestra Iglesia como para vosotras. Y para ello es necesario saber por qué razón se introdujo dicho voto en su momento. ¿Por qué, transcurridos más de mil años desde su fundación, a la Iglesia cristiana se le ocurre de repente exigir a sus sacerdotes el celibato?
En primer lugar tenemos la cuestión del dinero. Los empleados solteros resultaban más económicos que los que tenían familia, y además eran más flexibles, ya que la institución podía trasladar a un sacerdote sin prole a cualquier rincón del Imperio católico en cualquier momento. Y puesto que a la sazón no había escasez de nuevas generaciones en el sector, podía exigirse cualquier cosa a los candidatos.
Pero el punto más importante residía en que, con ayuda de un clero célibe, al menos de cara a la galería (lo que hacía en secreto se pasaba por alto con gran generosidad), el catolicismo podía conferir mayor fuerza a su lista de prohibiciones sexuales. Si el sacerdote podía reprimir sus impulsos, también el laico podía. La sexualidad, al margen de los límites impuestos, es decir, sin matrimonio y sin intenciones reproductoras, era incorrecta y, por tanto, un pecado que merecía castigo. El sacerdote célibe era invención de una autoridad que aspiraba a ejercer un poder absoluto sobre los pensamientos, los sentimientos y la economía de sus subditos. Precisamente en este ámbito, la absolución salía bastante cara.
No cabe duda de que el voto de castidad de los numerosos neuróticos del sexo que había entre los padres de la Iglesia también se debía a motivos muy personales. Los defensores más acérrimos de la abstinencia masculina, Agustín y Tomás de Aquino, eran misóginos convencidos. ¿Por qué el diablo no se dirigió a Adán, sino a Eva? pregunta por ejemplo san Agustín. Respuesta: se dirigió primero a la mitad inferior de la pareja humana. Y a partir de entonces, dicha mitad los dejó en paz tanto a él como a los demás hombres de su Iglesia.
No para siempre, como sabemos ahora, pues con vosotras se han introducido las primeras mujeres célibes en el reino de los hombres célibes..., lo que ha modificado el panorama de forma radical, por supuesto. ¿Qué sucede pues con las ventajas que el celibato reportaba a la Iglesia católica? ¿Conservarán dichas ventajas su valor tras vuestra intervención?
Bien, la soltería constituye una ventaja también para las clérigas, ya que una sacerdotisa soltera estará tan dispuesta a trasladarse de Roma a Calcuta como un sacerdote soltero. Y el ahorro económico tampoco resulta despreciable. Es evidente que una clériga soltera le sale más barata a su diócesis que una sacerdotisa obligada a alimentar a su familia. Y sabe Dios que el clero de orientación heterosexual se multiplicaría tras el levantamiento de la prohibición. Sed fértiles y reproducios... No haría falta repetírselo dos veces a los señores y señoras clérigos; pues si uno no se ha cubierto precisamente de gloria en el cumplimiento del celibato, sin él podría al menos llevar una existencia que mereciera la aprobación de Dios. A fin de cuentas, tendrían asegurados la vivienda y el empleo vitalicio.
Por tanto, el mantenimiento de la prohibición de matrimonio ahorrará una fortuna a la Iglesia católica aun después de vuestra equiparación. Y puesto que este dinero iría a parar a los canales adecuados gracias a vuestra integridad (ninguna papisa dejaría a su muerte, como Pío XII, una fortuna personal de ochenta millones de marcos),8 vuestra renuncia a una familia propia bien podría mitigar la penuria económica de las familias de vuestra empobrecida congregación. En este sentido, vuestra decisión sería un acto del más puro amor al prójimo.
También el argumento de la escasez de nuevos adeptos, eme tanto y con tanta razón aducen en la actualidad los detractores del celibato, se ha ido al traste a causa de vuestra revolución. En cuanto dé acceso a las mujeres, la Iglesia católica ya no podrá quejarse de la falta de candidatos para los cargos eclesiásticos aunque se mantenga la prohibición de contraer matrimonio. Puesto que, en opinión de la ciencia, las mujeres poseemos un talento innato para las relaciones interpersonales, el sacerdocio es un cargo hecho a medida para nosotras. Al igual que el trabajo en una agencia de viajes terrenales es uno de nuestros empleos predilectos, también lo será en el futuro la organización de viajes en el más allá. Y además, con el extraño efecto secundario de que precisamente esta profesión alarga la estancia en este mundo. Por lo visto, existe, al menos en el caso del hombre, una relación directa entre celibato y longevidad, de forma que la esperanza de vida de los sacerdotes católicos sólo se ve superada por la de los monjes. (O sea, un auténtico sacrificio para quienes creen en la continuación de la vida en el paraíso.)
De entre los que en el debate actual abogan por la eliminación del celibato obligatorio, muchos arguyen que, de este modo, la Iglesia católica se aproximaría un poco más al mundo real. Mientras que, con frecuencia, el sacerdocio es hoy en día un refugio para hombres que eligen la carrera eclesiástica por motivos equivocados (para huir del mundo, para escapar del sexo, para ocultar su homosexualidad), con esta medida se tornaría atractivo también para las denominadas personas normales, que comprenderían mejor los problemas más normales y por tanto más frecuentes de sus feligreses. Pero también en este aspecto cambiarán un poco las cosas gracias a vosotras. Aun cuando estéis atadas al mismo voto que vuestros colegas varones, el ambiente cambiará de forma radical a causa de la presencia de la mujer. El cuartel repleto de soldados de Dios se transformará en una especie de pensionado donde no se ven con buenos ojos las intimidades entre internos, pero donde todos pueden hablar, aprender, comer y rezar juntos. Y ello hace que el encornó del sacerdocio resulte más atractivo y la prohibición de contraer matrimonio, más llevadera. Porque ahora la corriente fluye en sentido contrario: ¿Quién iba a querer estar casado en un mundo de solteros?
No olvidemos la pérdida de misterio que conllevaría el matrimonio de vuestro clero. Este elemento reviste gran importancia, pues el catolicismo es la más teatral de todas las confesiones. (Por lo que asimismo os aconsejamos no renunciar a los ornamentos sacerdotales.) El clérigo atado a su voto de castidad es y será siendo para nosotros, observadores externos, una figura que desata nuestras fantasías. Remitámonos tan sólo a las numerosas obras de la literatura universal, todas las películas y series de televisión que tratan de su renuncia, los pecados que cometen pese a todos sus esfuerzos, los consiguientes remordimientos de conciencia y la purificación final.
El ejemplo de los protestantes muestra lo que sucede cuando semejante figura contrae matrimonio: un clérigo con mujer e hijos se transforma en un hombre que se gana el sueldo en el altar en lugar de en la ventanilla de un banco. Y el desencanto podría resultar mucho más devastador en el caso de la sacerdotisa casada. En la próxima misa, la gente verá con otros ojos a una sacerdotisa que tras celebrar el servicio matutino corre al supermercado a comprar pañales para su bebé. Bien, no se trata más que de nimiedades, diréis, pero puede que no sean insignificantes pese a todo.
Por último cabe tener en cuenta, al igual que en el caso del culto mariano, la pérdida de personalidad que entrañaría abolir el celibato. Si vuestra Iglesia elimina este voto, desaparecerá una de sus características más interesantes y, por consiguiente, otra diferencia que la separa de la competencia protestante, que ya de por sí os anda pisando siempre los talones. Y pese a todas las veleidades ecuménicas, no existe ninguna confesión que quiera fundirse en otra, ¿verdad?
Así pues, la eliminación del celibato obligatorio acarrearía casi sólo inconvenientes, aunque desde luego no lo bastante graves como para poner en peligro la existencia de vuestra Iglesia. Y por ello podéis permitiros sopesar precisamente esta cuestión: ¿Qué beneficio reportaría al clero la abolición del celibato obligatorio?
En primer lugar, podríais casaros, por supuesto. Pero esta necesidad es uno de los grandes absurdos de nuestro tiempo. Ahora que las parejas de hecho dejan de ser por fin objeto del desprecio general y que entre las parejas casadas aumenta cada vez más la desgracia cotidiana (de forma que una tercera parte de los matrimonios acaba en divorcio), seguimos andando locos por casarnos. Si preguntamos por ahí comprobaremos que prácticamente nadie conoce un matrimonio feliz, pero casi todo el mundo parece perseguir el certificado de matrimonio, ya sea hombre o mujer, joven o viejo, heterosexual u homosexual, no creyente o sacerdote.
Todas las campañas de los medios de comunicación en contra de tan obsoleta institución han resultado infructuosas a fin de cuentas. Los jóvenes de hoy en día, lejos de estar contentos por haberse librado por fin de la obligación de formalizar su amor, los homosexuales y sacerdotes, en lugar de felicitarse por vivir en una de esas islas donde tales placeres no pueden formalizarse, no paran hasta poder comunicar al mundo con qué persona de qué sexo tienen intención de practicar el amor al prójimo por los siglos de los siglos. Como si semejante noticia le interesara a alguien más que a él y al susodicho. Si la revelación de intimidades sexuales es vulgar, la ceremonia de la boda es una auténtica indiscreción, pues consiste en pregonar a los cuatro vientos la firma de un acuerdo erótico permanente, Por supuesto, sabemos que precisamente el clérigo sufre en este punto una deformación profesional, ya que tales ceremonias constituyen una de las fuentes de ingresos más segura de su Iglesia. Pero en los demás aspectos no cabe más que tildar el pacto matrimonial de chabacanería. Por fin has encontrado a la persona en la que crees depositar una confianza ilimitada y precisamente a ella le exiges que te firme un contrato según el cual no te abandonará jamás, ¡tampoco en los «malos tiempos»! ¿Con la cantidad de mujeres de edad avanzada que se sienten inferiores por no estar casadas, y nosotras vamos y nos paseamos triunfantes delante de sus narices exhibiendo el anillito de marras? No, contemplado a la cálida luz del amor al prójimo, el enlace matrimonial, con su sello burocrático y su media docena de firmas, es un acto bastante patético. Y por ello, también en la pareja católica bastaba antes de 1563 que dos enamorados, sin necesidad de la presencia de testigos, se aseguraran que a partir de entonces se considerarían marido y mujer. Pero la Iglesia no se conforma ya con un acuerdo tan personal.
En el caso del común de los mortales de la actualidad, el matrimonio presenta la circunstancia atenuante de la seguridad material y la prevención de la soledad en la vejez. Pero en este sentido, los empleados de la Iglesia tenéis más garantías que nadie. En primer lugar, esta Iglesia jamás os dejará morir de hambre, pues vosotros sois la Iglesia, y en segundo lugar, jamás estaréis solos, ya que una Iglesia es una comunidad y existen residencias especiales para vosotros desde hace siglos. No es de extrañar que anheléis el amor carnal, pero ¿qué necesidad tenéis de casaros? ¿Por qué no os sentís agradecidos de que la prohibición de contraer matrimonio os proteja, al contrario que a nosotros, de ser deseados, por motivos no eróticos?
En cuanto os permitieran contraer matrimonio, negaros a él resultaría muy cínico precisamente en vuestro caso. Sería imposible permitir a pastores y pastoras lo que se prohibe a corderos y ovejas, es decir, las relaciones sexuales extramatrimoniales. Muchos de vosotros no queréis reconocer que para vuestros superiores éste sería sin lugar a dudas el mal menor. Es de sobra conocido el porcentaje de clérigos católicos que en el aspecto sexual no sólo pecan de forma esporádica, sino que viven en relaciones pecaminosas estables (según estudios realizados en Estados Unidos, uno de cada dos mantiene relaciones esporádicas y uno de cada cinco, duraderas). Por consiguiente, ¿por qué no permite de una vez la Iglesia que se casen los sacerdotes para así acabar con la base misma de los interminables escándalos?
De repente os corresponde a vosotras, católicas del mundo, responder a tan peliaguda pregunta. No os envidiamos.
Cabría añadir quizá que los escándalos sexuales del clero católico no necesariamente dejarían de producirse entre los sacerdotes casados. El que aquí empiece a decir A se verá obligado a reformar todo el alfabeto católico. Al fin y al cabo, los detractores del celibato arguyen que también el clérigo es sólo un ser humano..., precisamente en el terreno de los deseos carnales. Por ello, la eliminación de la prohibición matrimonial sustituiría el escándalo del quebrantamiento del celibato por el escándalo del adulterio entre los sacerdotes. Si realmente queréis garantizar que haya trigo limpio, deberíais instaurar junto con el derecho al matrimonio de los sacerdotes el derecho al divorcio de los sacerdotes y, por supuesto, las segundas nupcias del clérigo, quien de lo contrario se vería atrapado de nuevo en relaciones pecaminosas. Y dado el elevado porcentaje de hombres de la Iglesia con inclinaciones homoeróticas, sería necesario también permitir el matrimonio y el divorcio entre homosexuales.
Por descontado, todos estos derechos se ampliarían también a los legos católicos. ¿Cómo podría un sacerdote casado en segundas nupcias negar los sacramentos a un creyente que viviera en la misma situación?
Así pues, el problema del celibato es más complejo de lo que parece a primera vista. Y vosotras, las nuevas sacerdotisas, tampoco no tenéis la intención de lanzaros en bloque a preparar vuestros matrimonios. Partís de la base de que el celibato sigue siendo el modo de vida adecuado para el sacerdote, si bien debería tratarse de una elección voluntaria.
Pero ¿no es ya una elección voluntaria? Si no nos equivocamos, nadie obliga al católico a optar por la carrera eclesiástica y nadie puede impedirle colgar los hábitos más adelante. Si un buen día se le ocurre que le apetece hacer otra cosa o tiene la impresión de que preferiría estar casado con una mujer de verdad que con la Virgen, siempre está a tiempo de dejar su carrera y empezar una nueva vida.
¿No resulta un poco exagerado el revuelo que surge en torno a este punto? Un clérigo católico que insiste en su derecho a casarse es como una persona que en su momento y con conocimiento de codos los estatutos entrara a formar parte de una federación de fútbol y de repente exigiera que se jugara con pelotas de tenis. En la vida mundana, uno se marcha y se inscribe en la federación de tenis. En la vida religiosa existen otras reglas. Pero ¿cuáles?
En vosotras, nuevas princesas de esta institución, recae ahora la responsabilidad de decidir. ¡No, católicas del mundo, no os envidiamos en absoluto!
Pero no es que nosotras nos consideremos más inteligentes. El hecho de que nos hayamos puesto a comentar la solución de algunos de vuestros nuevos problemas no significa que nos consideremos superiores. Que hablemos con tanto desparpajo de vuestros temores no significa que nosotras, las no católicas, no tengamos miedo. Los tres grandes temores que os impulsan a cobijaros en brazos de vuestra gran Iglesia (en las garras de vuestra secta, se diría con intenciones más despiadadas de las seguidoras de Iglesias más pequeñas) son miedos que experimentamos con la misma intensidad que vosotras. Lo que nos diferencia es el modo de afrontarlos. Nosotras luchamos a título individual, mientras que vosotras preferís la estrategia comunitaria. Y eso es precisamente lo que os hace tan peligrosas para nosotras, pues además de temer a la libertad, la carencia de sentido y la muerte, nosotras las impías debemos temeros también a vosotras, las devotas.
Pero concentrémonos de momento en los temores que nos unen y en el modo de afrontarlos: El miedo a la libertad, que vosotras combatís mediante el sometimiento a un determinado Dios, nosotras lo combatimos mediante el sometimiento a una determinada persona, es decir, mediante el amor. Y aunque a vosotras os gusta hablar del amor a todas horas, como devotas no podéis tener ni idea de esta clase de amor, ya que todas vuestras posibilidades de sentimiento quedan cubiertas por vuestro amor a Dios.
La terminología ya indica que el amor a una persona determinada también es una suerte de religión. Para quien ama de verdad, el ser amado «lo es todo». «Lo venera», «lo adora», «lo sacrificaría todo» por él, «incluso su vida». Porque gracias a él, el ser amado, dicha vida ha cobrado «sentido». Las declaraciones de amor equivalen a hincarse de rodillas ante un ser superior, es la capitulación más incondicional y podría utilizarse sin modificación alguna en la liturgia.
La diferencia respecto a la Iglesia reside en el número de personas que participan en el culto. Muchos rezan al Dios de la Iglesia; por ello podemos denominar religión colectiva a este tipo de fe. Si somos afortunados, en cambio, seremos los únicos en adorar al ser amado. Por ello, el amor es la religión con la congregación más reducida: Dios y adorador en una proporción de uno a uno. Por ello también puede recibir el nombre de religión privada. Por supuesto, lo divino se proyecta aquí sólo en una persona, pero ¿dónde está vuestro Dios?
En otras palabras, también nosotras, las no creyentes, rezamos, sólo que le rezamos a otro ente. Y salvo en las épocas de mal de amores (épocas sin Dios), no somos más libres que vosotras, las devotas. Simplemente nos diferenciamos en el modo de calmar nuestras ansias de sometimiento.
Entre nosotras, el gran temor a la carencia de sentido de la vida se ve acentuado por su hermano menor, el miedo a la soledad. Vosotras anheláis a un Dios que se interese personalmente por vosotras, mientras que nosotras ya nos consideramos afortunadas al encontrar a una persona que se interese por nuestra existencia.
Combatimos ambos miedos procurándonos de forma artificial compañía y un significado existencial, por ejemplo, mediante los hijos. Quien se agencia un hijo deja de estar tan solo y, al menos durante los siguientes dieciocho años, sabe para qué vive... Para mantener a su hijo. También la creación de obras de arte proporciona sentido. Intentamos pintar un cuadro, escribir un libro o componer una canción que nos sobreviva.
O bien nos ayudamos siendo útiles a los pobres, los enfermos y los débiles. Al salvar una vida ajena salvamos la nuestra, le conferimos sentido. Por ello, la necesidad de hacer buenas acciones también está muy difundida entre nosotras, las carentes de confesión. Las organizaciones transconfesionales muestran al mundo entero que uno puede compadecer a las criaturas minusválidas aun cuando no venere a su Creador/a.
En otras palabras: Es evidente que no somos menos bondadosas que vosotras; sencillamente, lo somos por otros motivos. Vosotras sois solícitas porque así lo dictan vuestros mandamientos cristianos, es decir, por obediencia. Nosotras lo somos por egoísmo, porque no tenemos elección. Si queremos que nuestra vida tenga sentido, no nos queda más remedio que amar a nuestro prójimo más que a nosotras mismas.
El tercer y más tremendo de los miedos mencionados, el miedo a la muerte, es el único contra el que no hemos encontrado antídoto alguno. Puede que ello guarde relación con cierto exceso de imaginación, y es posible que precisamente este punto sea una de las diferencias que nos separan. Pero tal vez nuestra rebeldía sea la culpable, pues en cuanto alguien nos canta las alaban2as de tal o cual más allá, ni cortas ni perezosas pedimos a la persona en cuestión detalles del lugar. Jamás nos conformaríamos con un simple «la dicha eterna es indescriptible». Exigimos una dicha que pueda describirse. Exigimos un paraíso que podamos comprender con nuestro entendimiento terrenal, porque es el único que tenemos.
Y ese entendimiento llega a la conclusión de que todo lo que dura eternamente (un millón de años, luego otro y otro y otro y otro...) es espantoso; que hay algo aún más terrible que la despedida, y es la idea de que la vida siga por siempre jamás. Si creyéramos siquiera un poquito en vuestra diosa, le imploraríamos de rodillas que aboliera eso de la vida después de la muerte. ¡A nadie le apetece bailar en una fiesta que no acabará jamás!
En otras palabras: No tenemos menos miedo que vosotras al terror de la muerte, pero hemos llegado a la conclusión de que la vida eterna aún sería peor.
Así pues, aunque no somos más inteligentes, mejores ni más valientes que vosotras, exigimos tener voz en todos los aspectos externos de vuestra fe, es decir, en la reformulación de aquellas leyes cuya entrada en vigor no sólo os afectarían a vosotras, las católicas, sino también a nosotras, las no creyentes.
¿Con qué derecho? Bueno, con el derecho de quienes más han sufrido en el pasado bajo el yugo de vuestra iglesia, el derecho de la saga disipada de las herejes.
¿En nombre de quién? En nombre de las víctimas del catolicismo, es decir, de millones y millones de personas.
Por supuesto, también podemos exigir el derecho a voz y voto en nombre de vuestro Salvador, quien, según afirmáis vosotras mismas, murió por todos los seres humanos. Quizá no precisamente en la cruz, tal como sugieren las investigaciones más recientes; parece ser que a Jesucristo «sólo» lo lapidaron, y no cuando era joven y hermoso, sino cuando ya era un hombre de edad avanzada, pues la esperanza de vida de los varones de aquella época se situaba por debajo de los treinta años.
Pero dejémosle en la cruz, recordémosle como hermoso doncel. A fin de cuentas, éste es el Cristo en quien se nos ha obligado a creer durante todos estos siglos, y por ello es el único a quien podemos evaluar.
Y puesto que en la vida cotidiana jamás dejáis pasar la ocasión de agasajarnos con vuestra simbología cristiana (fiestas de guardar, campanas de iglesia, procesiones y sermones televisados), podríais hacer gala de vuestra tolerancia y escuchar por un instante nuestra versión de la pasión de Cristo, pues tal vez lleguemos también en este punto a la conclusión de que las diferencias que nos separan no son tan grandes como creemos, que, pese a no rezarle, consideramos a este hijo de carpintero de treinta y tres años tan admirable como vosotras.
Imaginaos que hace dos mil años, durante la ocupación romana de Palestina, una época en que reinaba el terror entre la población y en que personajes como Heredes podían permitirse el lujo de exterminar a toda la prole masculina de un municipio y salir impunes, vivía un hombre que pretendía cambiarlo todo. Un hombre que no amaba a Dios sobre todas las cosas, sino a los hombres, que quería ayudarlos a convivir en paz de una vez por todas.
Hemos pensado mucho en vuestro Jesucristo. Suponemos que no creía en Dios. Un creyente jamás habría osado presentarse como hijo de Dios, pues habría temido en demasía la venganza del Altísimo. Y esa estafa revestía vital importancia para su causa, ya que era la condición previa para que él, hijo de un pobre carpintero, adquiriera la autoridad necesaria para poder difundir su mensaje.
¿Y qué sucedió a continuación? Los faroles. Los falsos milagros y profecías que hoy se le reprochan, el agua que se transforma en vino, los panecillos que se multiplican por sí solos, los lisiados que vuelven a caminar cuando él los toca, los ciegos que de repente pueden ver... No sabemos cómo lo hacía, pero dado el nivel de cultura general de aquellos tiempos, sin lugar a dudas era un juego de niños tener éxito con semejantes trucos. A buen seguro resultaba insuperable como hipnotizador, y para todo lo demás tenía a doce cómplices completamente dignos de confianza.
Pero si la gente de aquella época sólo entendía este lenguaje, ¿no le convenía emplearlo? Nos imaginamos a un joven solo que aborrece cualquier clase de violencia y por ello carece de soldados y armas, que no posee nada salvo su imaginación para convencer a una masa violenta de que ya bastaba, ya bastaba de torturarse, de que había que amar al prójimo... ¿Acaso tenía otra elección?
Si lo que tanto temían era la propia muerte, ¿no debía Cristo aprovechar la promesa de la vida eterna para persuadir a esos sádicos de que se comportaran de un modo más o menos humano durante la única vida de que, por lo visto, disponemos?
Consideramos improbable que Jesucristo creyera en la vida después de la muerte, pues en tal caso las matanzas que tenían lugar en la tierra no lo habrían puesto tan nervioso. Cuanto más deprisa transcurriera ese período para el individuo, cuanto menos tiempo viviera, mejor.
Y el truco de la muerte de mártir, que sin duda escogió adrede en aras de su causa (si entre él y Judas no hubiera existido un complot, ¿cómo habría podido predecir cuál de sus discípulos lo traicionaría?), esa muerte en la cruz con la que probablemente provocó a los dirigentes de aquella época llegado el momento oportuno (¿qué si no habría querido conseguir un hombre tan poco sediento de poder como Jesucristo con aquella entrada triunfal en Jerusalén?)... Lo cierto es que todo eso no fue tan sencillo. Estamos insensibilizados porque, en las últimas décadas, muchos jóvenes han intentado llamar la atención sobre su credo personal declarándose en huelga de hambre, prendiéndose fuego o mutilándose de cualquier otra forma. Pero ello no significa que la muerte de Cristo sea insignificante, sobre todo a nuestros ojos.
Para un Cristo que creía en Dios, en un padre que lo llamaría a su lado al cabo de un par de días, la muerte en la cruz carecía de importancia. Si uno sabe que permanecerá colgado un par de horas en una cruz, que le dolerá un montón, pero que perderá el conocimiento en un momento dado a causa de la pérdida de sangre, que dentro de tres días despertará convertido en un héroe, podrá despedirse de sus amigos y largarse al hotel de lujo de su padre..., ¿qué tiene eso de heroicidad? Cualquier mujer que se somete al bisturí de un cirujano plástico demuestra el mismo heroísmo. Le dolerá horrores durante un par de días, pero después... ¡qué vidorra se va a pegar!
Imaginaos que nuestra teoría es correcta, que Jesucristo no creía ser el hijo de Dios y que todo ese asunto de la crucifixión no fuera más que una inteligente maniobra de relaciones públicas destinada a inmortalizar su doctrina del amor al prójimo. Horas y horas colgado de una cruz de madera, el calor, la sed, la sangre, el dolor. Junto a él los dos asesinos, abajo su querida madre, sus amigos, obligados a presenciar semejante sufrimiento y humillación. La muchedumbre embravecida y ávida de morbo: «¡Si eres el hijo de Dios, demuéstralo y baja de ahí!».
Y él sabía que no lo dejarían bajar de la cruz hasta que confesara no ser quien afirmaba ser, es decir, el hijo de Dios. Es posible que una retractación pública le hubiera granjeado incluso el indulto en la cruz. Al acontecimiento habían asistido sacerdotes y fariseos a quienes un Cristo vivo y confeso habría resultado mil veces más útil que un mártir muerto.
Pero ¿qué hizo?
Dijo: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».
Aun en su hora más aciaga siguió presumiendo, y precisamente gracias a su firmeza salvó al Dios al que se había visto obligado a inventar por amor a los hombres.
«Hoy estarás conmigo en el Paraíso», prometió al asesino que sufría en la cruz contigua. ¿Cómo no iba a existir un Dios en el que se creía aun bajo semejantes sufrimientos?
«Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Fue la única queja que Jesucristo se permitió. Sin embargo, para que nadie albergara sospechas, mencionó al supuesto Padre del cielo incluso en el momento de mayor desesperación.
Pero en el último instante recuperó el autodominio: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», miente con su último aliento.
Sólo entonces se permite el lujo de morir. ¡Qué hombre!
Sí, católicas del mundo, he aquí nuestra versión, la versión de las no creyentes, respecto a la antigua y conocida historia. Y por ello decidnos: ¿Vale este Cristo menos que el vuestro? ¿Es este Cristo menos digno de admiración que el vuestro? No nos compensará por esta admiración. Tampoco volverá, pues si estamos en lo cierto, sólo era un ser humano, y los seres humanos no regresan jamás.
Pero como ejemplo a seguir podría resultar útil para ambos bandos, ¿verdad? Y todas coincidimos en lo tocante a su moral, ¿no? ¿No podríamos ponernos de acuerdo en que este hombre también nos «pertenece» a nosotras, las no católicas? ¿Y en que también nosotras deberíamos participar en las decisiones relacionadas con la reconquista de sus ideales? Si vuestra Infalible comete errores en la necesaria reforma del catolicismo, una posibilidad que a vosotras os parece absurda y a nosotras, probable, ello afectará no sólo a los mil millones de católicos que pueblan el planeta, sino también a los seguidores de las demás confesiones. E incluso a quienes no creen en nada, como nosotras, por ejemplo.
NO MATARÁS
En esencia, nuestro deseo de participar en la toma de decisiones se concentra en un solo punto. Deseamos, no, exigimos, que la Iglesia romana aprenda de una vez a observar el quinto y más importante de los mandamientos. No matarás.
Vuestra Iglesia lleva dos mil años haciendo caso omiso de este mandamiento de un modo tan cínico que no resulta exagerado afirmar que, en lugar de difundir esa cultura de paz y amor al prójimo de que tanto se jacta, se ha dedicado a esparcir una cultura de muerte por el mundo.
Al contrario de lo que afirma, la Iglesia católica no se ha preocupado en ningún momento de su historia por la paz, el amor al prójimo o siquiera al enemigo. Lo único que le ha interesado siempre es el poder. Y en aras del poder se ha aprovechado de la sumisión de sus seguidores de la forma más vil. De los hombres se aprovechaba como soldados a quienes enviaba a la lucha y a la muerte según le convenía, mientras que a las mujeres las convertía en artefactos fabricantes de católicos. Aun a sabiendas de que los niños nacidos en la miseria están condenados a morir de hambre, todavía en la actualidad niega a los más pobres de los pobres cualquier método de control de natalidad. A fin de cuencas, alguna que otra de estas criaturas precipitadas al más nefasto de los destinos siempre logra sobrevivir, lo cual ya significa que el imperio católico crece. Esta Iglesia ni siquiera está dispuesta a renunciar a la prole de los enfermos de sida. ¿Por qué permitir el uso del condón sabiendo que no todos los hijos de padres enfermos nacen con el virus? Y si los padres no quieren que sus hijos nazcan enfermos, pues que practiquen la abstinencia..., para un verdadero cristiano una futesa.
Esta situación, católicas del mundo, debe cambiar. Un consorcio que se atreve a tomar su nombre del hombre que murió por nosotras no debe poder permitirse un comportamiento tan sanguinario. Hay que detener la máquina asesina del catolicismo. Y vosotras debéis ayudarnos a hacerlo.
No, no pretendemos afirmar que en el seno de vuestra Iglesia sólo hayan existido criminales y crímenes, pero sí un número excesivo de ellos. No pretendemos negar la existencia de buenas personas y buenas acciones; pero en comparación con lo que queréis hacernos creer y lo que intentáis vendernos, resultan insuficientes. Por supuesto, sabemos que en la prolongada historia del catolicismo no sólo fanáticos y sádicos han dirigido el cotarro, sino también algunas personas verdaderamente «justas». Y también sabemos que hoy en día hay gran cantidad de auténticos cristianos en las bases de la Iglesia católica. Pero eso no basta para cambiarla.
El principal problema ha residido siempre en el liderazgo de vuestra Iglesia, pues pese a vuestros sofisticados rituales para las elecciones papales, por lo visto siempre elegís al equivocado. En lugar de un representante de Cristo nuestro Señor siempre acaba saliendo al balcón romano un representante del señor Maquiavelo.
Sí, hubo uno, Juan Pablo I, el veneciano. A todas luces, aquel papa tenía intención de introducir haremos cristianos en esta llamada Iglesia cristiana. Sabemos, por ejemplo, que abogaba por el control artificial de la natalidad. Tras una conversación con su secretario de Estado Villot, acompañó a éste a la puerta y le dijo: «Eminencia, hemos hablado tres cuartos de hora sobre la anticoncepción. Si los datos que me han proporcionado son correctos, entonces durante nuestra conversación han muerto de inanición más de mil niños menores de cinco años. En los próximos tres cuartos de hora, mientras usted y yo esperamos impacientes el próximo ágape, otros mil niños morirán de lo mismo. Mañana a esta hora, treinta mil niños que en estos momentos aún viven habrán muerto... de inanición. No siempre procura el Señor que no nos falte de nada».
Pero aquel hombre murió treinta y tres días después de ocupar su cargo. Además del hambre en su imperio había abrazado la causa contra la corrupción en el Vaticano. Y por ello sólo una minoría cree que su muerte fuera natural.
Tras él llegó uno de los típicos. «Me tienen que enseñar a ser papa», dijo el polaco Wojtyla tras ser elegido. Y la verdad es que aprendió más deprisa y en mayor profundidad que cualquiera de sus predecesores.
Quien se tome la molestia de someter la conducta de los administradores de la doctrina aun al más superficial de los escrutinios, se preguntará sorprendido cómo ha podido deteriorarse hasta tal extremo la idea de amar al prójimo más que a uno mismo, de poner la otra mejilla en una disputa, de dar la última camisa al que tiene frío, de compartir el último mendrugo de pan con el hambriento.
El caballero de Roma a quien tanto critican en este sentido no es más que la cabeza visible del problema. La cuestión de por qué el sucesor se comporta de un modo tan distinto al del fundador de la asociación, de por qué las posesiones de la Iglesia romana, los bancos, la flota comercial, los inmuebles, los tesoros artísticos y demás parafernalia no se vendieron hace siglos para repartir el dinero entre los hambrientos, de por qué en el palacio papal no residen víctimas de terremotos y en los jardines del Vaticano no resuenan las risas de niños somalíes salvados, se ha planteado tantas veces que todo el mundo está harto.
La pompa con que se conducen los dignatarios eclesiásticos en los países industrializados occidentales resulta tan natural que los creyentes pueden intuir el grandioso plan que se oculta bajo la superficie, una estrategia dictada por una inteligencia superior que ellos, en sus posibilidades restringidas, no alcanzan a comprender.
Pues si en el mundo hay millones y millones de personas sin hogar, y pese a ello los administradores de la doctrina cristiana dirigen sus negocios con tanto desparpajo desde palacios y suntuosos edificios de oficinas, no cabe duda de que ello responde a una sabiduría alcanzada en el diálogo con su Dios y que escapa al común de los mortales. Se trata del conocimiento de que a los millones de pobres se les da menos con regalos que con una Iglesia suntuosa, es decir con el sueño de un mundo en el que siempre reina la justicia y donde jamás tendrán que volver a pasar hambre. Así pues, ¿acaso la vida lujosa que llevan los pastores es un sacrificio que ofrecen al rebaño?
Si cada día mueren de hambre decenas de miles de niños y, pese a ello, el jefe supremo de la Iglesia romana prohibe a los pobres el uso de los métodos anticonceptivos existentes en la actualidad, ello sólo puede deberse a una forma de humanidad superior que se nos escapa. ¿Puede quizá tratarse de la certeza de que hay cosas infinitamente peores que un niño hambriento?
El hecho de que la Iglesia de Cristo colabore con gobiernos que no cesan de arrojar bombas responde a la certeza sobrenatural de que hay cosas mil veces peores que la guerra. Y el hecho de que presencie en silencio las persecuciones y vejaciones de que son objeto personas de otras creencias se debe, sin duda, a que hay cosas muchísimo más espantosas que acabar en un campo de concentración a causa de la propia opinión sobre Dios y el mundo.
El hecho de que, siempre que tiene ocasión, la Iglesia luche contra su separación del Estado obedece sin duda a la seguridad de que nos conviene mucho más no tener que decidir nuestro propio destino político, ya que tan importante misión no haría más que sobrecargar la inteligencia de una persona sencilla, ¿no? Católicas del mundo, a vosotras va dirigida la siguiente pregunta. ¿Qué explicación halláis al comportamiento de vuestros superiores?
A fin de cuentas, si los detractores de la Iglesia tuvieran razón, es decir, si los funcionarios de la Iglesia vivieran rodeados de lujos por iniciativa propia mientras la cola de los hambrientos se alarga más y más, si los papas insistieran en prohibir la anticoncepción por motivos viles (como ya hemos dicho, siempre sobreviven un par de niños que contribuyen a engrandecer el imperio), si la Iglesia cristiana guardara silencio cuando el gobierno de su país dispara contra personas de otras ideas y repartiera estrellas amarillas entre personas de otras creencias, si procurara restablecer la unión de Iglesia y Estado para poder, llegado el caso, defender su monopolio religioso con las armas, es decir, si todo fuera como parece a primera vista, entonces ello seria la prueba inequívoca de que entre los seguidores de Jesucristo hay de todo..., salvo lo que lo caracterizaba a él. O sea, todo salvo imaginación, fantasía, ingenio, caridad, instinto, tacto, compasión, buen gusto, tolerancia. Todo salvo creatividad y sensibilidad. Todo salvo inteligencia.
Y en tal caso habría que preguntarse qué ha conducido a semejante falta de inteligencia. ¿Acaso sólo a las personas carentes de creatividad y sensibilidad les interesa a priori ocupar altos cargos eclesiásticos? ¿Acaso los verdaderos representantes de la doctrina de Cristo, como los curas obreros, los misioneros, las monjas y los santos, siempre se quedan a mitad de camino? ¿O es el contacto constante con enfermos, hambrientos y personas sin hogar el que mata la sensibilidad?
¿Acaso la compasión prolongada hacia los pobres lleva consigo la perversa consecuencia de que cuando por fin uno llega adonde realmente podría hacer algo por ellos ya es incapaz de ponerse en su pellejo?
Y de nuevo la pregunta: ¿Es que en vuestra Iglesia los insensibles dominan a los sensibles, los despiadados a los compasivos, los jactanciosos a los modestos, los necios a los inteligentes? ¿Acaso la magnífica aura de vuestros profesionales del amor al prójimo es un vislumbre de una limitación tan grande que casi resulta sobrenatural?
Y de ser así, ¿cómo puede cambiarse esta situación?
¿Cómo conseguiréis vosotras, católicas del mundo, que suba al poder una papisa compasiva?
Porque por mucho que os disguste esta palabra, el poder será lo que os mueva también a vosotras en lo sucesivo. Devorar o ser devoradas... Esta ley de la economía de mercado se aplica también, y sobre todo, a las denominaciones religiosas.
El problema no existiría si en el mercado de las compañías de seguros de supervivencia sólo operara un proveedor. Una religión mundial en una iglesia mundial. Pero la oferta de vidas después de la muerte es tan numerosa como las empresas que intentan acumular poder y dinero con ellas. Y lo que se aplica a los demás sectores de servicios también se aplica a ésta, por descontado. Ninguna de las partes tiene jamás suficiente, todas quieren incrementar su cuota y dominar el mercado.
Por supuesto, eso también les interesa a las personas que han contratado pólizas con ella. Su verdad es mucho más verdadera si todos los demás seres humanos también creen en ella. Por ello, nada le gusta más a un asegurado que encontrar nuevos clientes para su compañía. A fin de cuentas, uno es buena persona, debe educar al que no está asegurado y hacer entender a quienes tienen su póliza contratada con otra compañía que se equivocan.
Pero los realmente no asegurados son demasiado escasos y a menudo también demasiado tozudos como para que el anuncio de la buena nueva merezca la pena en su caso. Por ello también hay que procurar alcanzar el considerable índice de crecimiento en este disputadísimo mercado entre los asegurados de otras compañías. He aquí tres estrategias a emplear: siempre sobreviven un par de niños que contribuyen a engrandecer el imperio), si la Iglesia cristiana guardara silencio cuando el gobierno de su país dispara contra personas de otras ideas y repartiera estrellas amarillas entre personas de otras creencias, si procurara restablecer la unión de Iglesia y Estado para poder, llegado el caso, defender su monopolio religioso con las armas, es decir, si todo fuera como parece a primera vista, entonces ello sería la prueba inequívoca de que entre los seguidores de Jesucristo hay de todo..., salvo lo que lo caracterizaba a él. O sea, todo salvo imaginación, fantasía, ingenio, caridad, instinto, tacto, compasión, buen gusto, tolerancia. Todo salvo creatividad y sensibilidad. Todo salvo inteligencia.
Y en tal caso habría que preguntarse qué ha conducido a semejante falta de inteligencia. ¿Acaso sólo a las personas carentes de creatividad y sensibilidad les interesa a priori ocupar altos cargos eclesiásticos? ¿Acaso los verdaderos representantes de la doctrina de Cristo, como los curas obreros, los misioneros, las monjas y los santos, siempre se quedan a mitad de camino? ¿O es el contacto constante con enfermos, hambrientos y personas sin hogar el que mata la sensibilidad?
¿Acaso la compasión prolongada hacia los pobres lleva consigo la perversa consecuencia de que cuando por fin uno llega adonde realmente podría hacer algo por ellos ya es incapaz de ponerse en su pellejo?
Y de nuevo la pregunta: ¿Es que en vuestra Iglesia los insensibles dominan a los sensibles, los despiadados a los compasivos, los jactanciosos a los modestos, los necios a los inteligentes? ¿Acaso la magnífica aura de vuestros profesionales del amor al prójimo es un vislumbre de una limitación tan grande que casi resulta sobrenatural?
Y de ser así, ¿cómo puede cambiarse esta situación?
¿Cómo conseguiréis vosotras, católicas del mundo, que suba al poder una papisa compasiva?
Porque por mucho que os disguste esta palabra, el poder será lo que os mueva también a vosotras en lo sucesivo. Devorar o ser devoradas... Esta ley de la economía de mercado se aplica también, y sobre todo, a las denominaciones religiosas.
El problema no existiría si en el mercado de las compañías de seguros de supervivencia sólo operara un proveedor. Una religión mundial en una iglesia mundial. Pero la oferta de vidas después de la muerte es tan numerosa como las empresas que intentan acumular poder y dinero con ellas. Y lo que se aplica a los demás sectores de servicios también se aplica a ésta, por descontado. Ninguna de las partes tiene jamás suficiente, todas quieren incrementar su cuota y dominar el mercado.
Por supuesto, eso también les interesa a las personas que han contratado pólizas con ella. Su verdad es mucho más verdadera si todos los demás seres humanos también creen en ella. Por ello, nada le gusta más a un asegurado que encontrar nuevos clientes para su compañía. A fin de cuentas, uno es buena persona, debe educar al que no está asegurado y hacer entender a quienes tienen su póliza contratada con otra compañía que se equivocan.
Pero los realmente no asegurados son demasiado escasos y a menudo también demasiado tozudos como para que el anuncio de la buena nueva merezca la pena en su caso. Por ello también hay que procurar alcanzar el considerable índice de crecimiento en este disputadísimo mercado entre los asegurados de otras compañías. He aquí tres estrategias a emplear:
Atraerlos a la propia compañía (conversión)
Obligarles a firmar (conversión forzosa)
Diezmarlos (genocidio)
En el último caso, la cuota de mercado aumenta de forma indirecta, y aunque la tercera variante suele quedar prohibida expresamente en los estatutos, antaño apenas existía un consorcio religioso que no intentara al menos emplear este método. ¿Una Iglesia mundial? ¡Por supuesto! ¡Pero que sea la nuestra!
Así pues, las consecuencias realmente nefastas de la religiosidad no residen tanto en la persecución y el exterminio periódico de la pequeña minoría de los no creyentes como en los baños de sangre que provocan los seguidores de los distintos cultos entre sí. Y puesto que cada vez disponen de armas más contundentes, nuestro miedo a la muerte aumenta, y la necesidad de contratar una póliza de supervivencia se hace más patente que nunca. Las armas existentes podrían barrernos de la faz de la tierra en un santiamén y para siempre, y sólo es cuestión de tiempo que un general devoro se levante del reclinatorio para dar la señal a sus ayudantes devotos.
La fe no sólo mueve montañas, sino que también hace realidad las promesas de la Biblia. La anunciada batalla del Armagedón, en la que perecemos todos, ya no es un intento de intimidación por parte de un colectivo de autores cristianos, sino una probabilidad rayana en la certeza. Así pues, quien no tenga ya su póliza debería procurársela lo antes posible. El sector de la supervivencia celebra sus últimos, pero no por ello menos espectaculares triunfos. Puesto que gracias a la política agresiva de sus estrategas de mercado tenemos asegurada una muerte prematura, cada vez reviste mayor importancia garantizar al menos que la cosa siga un ratito en el más allá.
Y ese Armagedón, augurado o no, es la catástrofe que debéis evitar vosotras, las nuevas princesas de esta Iglesia. En interés propio, en el de las personas de otras creencias, en el nuestro.
Por culpa de vosotros, los temerosos de Dios, nos ponemos a temblar antes de cada noticiario. ¿A qué colectivo de otra fe habrán atacado ahora? ¿Qué hacer para que mañana no nos pase a nosotros? ¿Hay que intentar exterminarlos antes de que sea demasiado tarde? ¿Sería conveniente pasarse a su fe, por si acaso? ¿Es mejor mostrarse imparcial y asegurar que su Alá nos gusta tanto como el buen Dios del otro bando? Por nosotras que se inclinen cincuenta veces al día en dirección a La Meca, que sus competidores se santigüen mil veces más..., ¡pero a nosotras que nos dejen eri paz!
Por supuesto, la causa directa de las guerras no es la sed de más allá, pero ésta tiene la culpa de que las guerras sean posibles y de que las personas permitan que abusen de ellas obligándolas a participar. En el conflicto bélico contra Iraq, el mando iraní daba a sus soldados-niños llaves de plástico antes de entrar en combate. Con ellas debían abrir la puerta del cielo si morían.
Cada persona religiosa es un arma en potencia, ya que sabe que a ella nada puede sucederle. Sólo el que no cree es morral. Para el devoto sólo existe la transición de un mundo a otro, y este otro mundo es mil veces mejor, más bello y cómodo. ¡Es el Paraíso! ¿Cómo va un inmortal a tener miedo de la muerte? ¿Qué arriesga si va a la guerra?
Cada persona religiosa es un arma en potencia, ya que todo el mundo sabe que los soberanos sedientos de poder son los primeros y más minuciosos en movilizar a sus pueblos con sólo insinuarles que su fe se ve amenazada. La pobreza y el racismo quedan relegados a segundo plano, al papel de motivación. Aquellos países cuyas Iglesias se cierran en banda ante semejantes manipulaciones no sucumben a las guerras más agresivas. En aquellos países cuyas Iglesias toman realmente partido por los pobres o la etnia oprimida se producen menos víctimas. Si Roma hubiera tildado la traición y la persecución de que fueron objeto los judíos de pecado mortal y si la Iglesia protestante de Alemania hubiera instado a la resistencia en lugar de a la colaboración, la carrera de Adolfo Hicler habría transcurrido por unos derroteros bien distintos. En caso de duda, al cristiano alemán se le habría antojado más importante su vida eterna que los mil años de su Tercer Reich.
Cada persona religiosa es un arma en potencia, ya que sabe que su vida eterna corre peligro junto con su fe. «Dios sea con nosotros», escriben en las banderas con las que arremeten contra los seguidores de otras doctrinas. ¿A dónde iríamos a parar si amáramos a nuestros enemigos, como hacía Jesucristo? La cristiandad entera se iría al garete, ¿verdad?
Sabemos que os exigimos mucho, católicas del mundo. ¡Pero hay que acabar con esta matanza! Que el mandamiento «No matarás» ya no pueda utilizarse con la coletilla: «No matarás a menos que tu papa te ordene servir al dictador o a la junta tal y tal». Que este abuso del quinto mandamiento cese con vuestra llegada al poder, ¿de acuerdo?
Y para que ello se entienda a escala mundial, de momento esperamos un mea culpa comprensible a escala mundial, porque hasta ahora no hemos oído ni una palabra acerca del hecho de que la Iglesia católica haya respaldado sin impedimentos todas las guerras del siglo xx. Franco, Mussolini, Hitler invadiendo la Unión Soviética... Ni una palabra acerca de la disposición a matar a millones de personas, que halla su expresión en la carrera armamentística de bombas atómicas, bacterias y gases tóxicos... La Iglesia católica consideraba imprescindibles todas estas armas aun en los tiempos de la guerra fría. Ni una palabra tampoco acerca del espeluznante tráfico de armas de alemanes, franceses, estadounidenses... Hablar de ello supondría poner en peligro las relaciones diplomáticas entre el Estado Vaticano y el gran capital, así como las grandes potencias.
Vosotras, que durante tanto tiempo os habéis visto obligadas a guardar silencio en vuestra Iglesia, ahora podéis hablar. Y ni siquiera debéis temer las consecuencias, ya que semejante mea culpa no puede más que ayudar a vuestro catolicismo. Incluso entre los seguidores más fieles se cuentan ya personas que se avergüenzan de esta Iglesia. En Argentina, conocer personalmente a un alto dignatario católico era una circunstancia de la que uno antaño podía jactarse. Pero cada vez se sabe más acerca de la enormidad y la bestialidad de los crímenes que los obispos argentinos presenciaron en silencio al tomar partido por los generales asesinos durante la «guerra sucia», porque los generales les habían prometido por enésima vez que impedirían la desaparición del catolicismo.
Mientras en los calabozos de la Junta morían y sufrían las torturas más crueles decenas de miles de jóvenes, el nuncio apostólico jugaba al tenis con el torturador argentino de más alto rango. Mientras las madres de las víctimas imploraban bajo la lluvia clemencia delante de determinada mansión, dentro de ella, los obispos argentinos cenaban con los generales argentinos. Y clavaban a su Salvador en la cruz según el rito católico tradicional.
Y por ello, católicas del mundo, ¿cómo podría perjudicaros confesar algo que todo el mundo sabe de todos modos? Si lo del efecto absolutorio de la confesión también vale para los profesionales, decidlo, ¡pero en voz alta!
Y también debe terminar el asesinato indirecto que vuestro actual Infalible denomina política en pro de la vida (pro vitaé) con un cinismo imposible de pasar por alto.
Católicas del mundo, ya sabéis de qué estamos hablando:
—Un niño nacido de una madre que no desea tenerlo está condenado a la muerte psíquica.
—Un niño nacido de una madre que no puede tenerlo (porque no podría alimentarlo) está condenado a la muerte física.
Por lo tanto, la prohibición papal de emplear cualquier método anticonceptivo fiable (píldora, dispositivo intrauterino, diafragma, preservativo) debe recibir el nombre de política en pro de la muerte (pro mortem), ya que, con su aplicación, la Iglesia católica es culpable en su campo de influencia de la muerte o bien la mutilación física y psíquica de millones y millones de niños. Y, además, se hace responsable de la desgracia de quienes son testigos impotentes, en la mayoría de los casos, las mismas madres creyentes.
No, no queremos entrar aquí en las consabidas quejas contra el papa actual. Creemos que no alcanza a comprender cuánta miseria reparte por el mundo con su defensa de la «encíclica de la pildora» (Humanae vitae). Si fuéramos creyentes pediríamos a nuestra Señora que le perdonara, ya que a todas luces no sabe lo que hace. ¿No fue acaso este papa quien dijo de María que había asistido a la crucifixión de su hijo «con afectuoso consentimiento»? ¿Es posible que, en su inocencia, considere que las destrozadas madres suramericanas también ven la muerte de sus hijos como un privilegio? ¿No es como si se las pusiera en el mismo peldaño con la madre del Salvador?
A las personas sensibles les resulta infinitamente difícil comprender las decisiones de los insensibles. Puede que, con su última broma, el Evangelium vitae, el papa de los católicos sólo pretendiera que todo el mundo volviera a hablar de él, porque con tanto viaje ya nadie le hace demasiado caso. Pero cuando en una sola frase prohibe a los portadores del VIH el uso del condón y consiente a los gobiernos la aplicación de la pena de muerte (por supuesto, «sólo en casos extremos»), eso sí que se nota.
Es posible que parte del problema resida en que los caballeros de edad que en la actualidad toman las decisiones en esta materia ya no pueden imaginar cuan difícil suele resultar la represión del impulso sexual. La testosterona es la responsable del deseo sexual de ambos sexos, y el nivel de esta hormona, a causa de un extraño capricho de la naturaleza, disminuye a marchas forzadas en el caso del hombre durante la andropausia, que suele empezar alrededor de los cincuenta años, mientras que en la mujer permanece constante durante varias décadas más y en ocasiones incluso asciende. Por ello, una mujer de cierta edad (y lo más probable es que vuestras papisas hayan rebasado la frontera de los cincuenta cuando las elijáis) aún puede identificarse con personas que experimentan pasión sexual, porque ella misma todavía la siente en sus propias carnes. Cuesta imaginar que una jefa de la Iglesia fuera tan poco mundana como para recomendar a sus seguidores que para evitar la reproducción simplemente renunciaran al acto sexual. Además, debido a su biología, una papisa tampoco sucumbirá a la «envidia del pene» que tan poco contribuye a la tolerancia del hombre mayor hacia el joven.
Católicas del mundo, sois mujeres, y por ello, el mandamiento bíblico «Creced y multiplicaos» recibirá un complemento bajo vuestro mando: «... pero sólo si sois capaces de amar y alimentar al ser que engendréis tal como se espera de unos padres cristianos».
Alejaos de santos tan extraños como la Madre Teresa, que con su actividad desinteresada tal vez salva cada día a diez niños de morir de hambre, pero al mismo tiempo lanza constantes campañas en contra del uso de cualquier método anticonceptivo y con ellas contribuye a que el mismo día nazcan cientos de niños en circunstancias que significan la muerte segura para ellos..., sin además poder contar con la presencia de una Madre Teresa. Lo que, de todos modos, no es el ideal cristiano. Un niño no necesita a una Madre Teresa, sino a una madre. Y siempre que sea posible, también debería tener un padre.
Por tanto, no cabe pensar que los sentimientos de esta mujer estén del lado de los pobres de quienes se ocupa con tanto sacrificio. Sus sentimientos están con el Santo Padre, que le ha prometido una «recompensa divina» por el carismático papel que representa en el mundo. Cincuenta años de trabajo con los pobres a cambio de una eternidad rodeada de comodidades paradisíacas. Ni el más radical de los dirigentes sindicales osaría exigir semejante convenio para sus proletarios.
Hermanas, este planeta que antaño nos alimentaba con tanta abundancia se asfixia por el peso de su población. Si la tasa de natalidad sigue creciendo al mismo ritmo, dentro de pocas décadas nuestra tierra será un solo Estado ciudad. Vuestra diosa tendrá que paliar la situación con epidemias fulminantes, escasez abrumadora de oxígeno y diluvios apabullantes, actividades que, por cierto, parece haber empezado a ensayar ya. ¿No sería por tanto más sensato aguarle un poco la carnicería e impedir que sus víctimas potenciales lleguen a este planeta superpoblado? ¿De qué os sirve un rebaño católico diez veces más numeroso si es un rebaño hambriento, asfixiado y enfermo?
Las disposiciones papales respecto a la protección de la vida son, en última instancia, una defensa despiadada de la muerte masiva a manos de Dios. Pero vuestra diosa no os ha dado el entendimiento sólo para que calculéis los impuestos eclesiásticos, sino también para que calculéis los índices de crecimiento demográfico. Por tanto, sabéis a la perfección qué sucederá si se siguen aplicando las estrategias actuales. En Latinoamérica, donde vive la mayoría de vuestros seguidores y donde vuestro consorcio experimenta los mayores índices de crecimiento, una tercera parte de la población ya no tiene hogar, además de padecer mainutrición crónica. En este continente, vuestra Iglesia no sólo debería haber recomendado el uso de métodos anticonceptivos, sino que debería haberlos regalado, ya que son precisamente los más pobres de los pobres quienes no podrían comprárselos aunque estuvieran permitidos.
Por tanto, una vez más se trata de sustituir un mandamiento por otro. La obligación de procrear queda sustituida por la obligación de tomar precauciones anticonceptivas. No debería resultar muy difícil. Si vuestra papisa da la orden pertinente, un solo domingo bastará para difundir la buena nueva por todo el planeta.
Podríais incluso matizarla en el himno a la Virgen con el que Juan Pablo II hizo enaltecer musicalmente el complicado anuncio del Evangelium vitae:
Oh, María,
Alba del nuevo mundo,
Madre de los vivos,
En tus manos ponemos la cuestión de la vida.
Oh, madre, contempla al infinito número de niños
a quienes se impide nacer...
Si modificáis el último verso y hacéis cantar «a quienes se impide vivir...», ni siquiera tendréis que quemar esta composición en la pira de los escritos eclesiásticos impuros, porque de repente sonará cristiana.
Asimismo, un fomento adecuado de la prevención de embarazos no deseados sería el único modo de evitar, al menos hasta cierto punto, el pecado mortal que, por lo visto, más preocupa a vuestra Iglesia. Nos referimos a la interrupción del embarazo.
Católicas del mundo, sois mujeres, y aunque aquellas de vosotras que lleguen a tomar las decisiones ya no se hallen en edad de reproducirse, es evidente que, ya sólo por motivos biológicos, sabrán mejor que los hombres en qué consiste un aborto. ¿Acaso los debates actuales no producen la sensación de que los señores de vuestra Iglesia creen que nos tumbamos por gusto en la mesa de operaciones para dejarnos practicar semejante intervención?
Además, de este «placer» sólo disfrutamos las mujeres de los pocos países en que los demócratas han logrado garantizar la separación absoluta entre Iglesia y Estado, de forma que ahora no puede acosarse legalmente al médico ni a la paciente. En el resto del mundo, las mujeres, seamos creyentes o no, al quedar embarazadas sin desearlo nos vemos obligadas, como antaño, a removernos las entrañas con agujas de tricotar, a introducirnos pedazos de jabón en el útero, a beber sustancias tóxicas, a colgarnos de los pies, a dejar que un matasanos nos infecte o, en el peor de los casos, nos deje morir desangradas. El medicamento que hoy en día permite interrumpir un embarazo ya en los primeros días con poco dolor y ningún peligro no está a la venta en la mayoría de los países. En el nombre de las innumerables mujeres que se mutilan o incluso mueren cada año en el intento de abortar, es necesario tildar de criminal el hecho de que el medicamento RU 486 esté prohibido en casi todo el mundo.
No pretendemos rebajar la interrupción del embarazo a la categoría de insignificancia moral, no. Cierto es que no se trata del «asesinato de niños» que tanto les gustaría vendernos a los demagogos de la Iglesia y a sus seguidores encendidos (quien coge una flor de cerezo no tala un cerezo), pero también es cierto que la destrucción del embrión no es cualquier cosa. Hoy en día, con las imágenes de estos seres humanos esbozados a nuestro alcance, su destrucción se nos antoja aún más bárbara que en los tiempos en que no disponíamos de tales imágenes.
El hecho de que las mujeres que no han logrado prevenir el embarazo (por el motivo que sea) sigan optando por el aborto se debe una razón muy sencilla. Hay una idea que las asusta aún más que la destrucción de este embrión: la idea de convertirse en culpables de la vida de una persona condenada a sufrir. ¿Conoce alguien una imagen más desgarradora que la de un niño hambriento, enfermo o abandonado?
Por supuesto, las mujeres también estamos al corriente de las brutalidades cometidas por nuestro sexo. Por ejemplo, sabemos que en nuestras filas hay mujeres a las que el aborto no les inmuta en absoluto (salvo en lo tocante a las propias molestias). La idea de la simiente que van a matar no las atormenta en lo más mínimo. Pero es precisamente a estas mujeres a quienes se debería facilitar el aborto, pues personas tan insensibles no deberían tener hijos. ¿Qué clase de vida les esperaría?
Pero imaginémonos a la mujer ideal. La mujer ideal en vuestra opinión. Una chica joven, creyente, de familia estrictamente católica, que pese a todas las advertencias ha ido a dar con el hombre equivocado. Esa muchacha tendría que ocultar el embarazo a sus padres y entregar a su bebé a alguna institución de caridad. O pensemos en una mujer de más edad, también católica convencida, que tiene ya varios hijos que mantener y es totalmente incapaz de alimentar a uno más. Ambas mujeres creen a pies juntillas lo que les dice su Iglesia en este sentido, que el aborto es un pecado mortal que acarrea el castigo del infierno. Y pese a todo, ambas mujeres abortan.
Y ahora os preguntamos, hermanas católicas: si sólo tenemos en cuenta el punto de vista moral más estricto, ¿cómo denominaremos a estas dos mujeres? Heroínas, ¿verdad? Otorgan más importancia a la desgracia segura de los hijos que iban a traer al mundo que a la propia felicidad en el paraíso prometido. Prefieren arder en el infierno por toda la eternidad que condenar a un niño a crecer sin madre, a tener que pelear con sus hermanos hambrientos por cada mendrugo de pan. Si tomamos las palabras de Cristo al pie de la letra, las mujeres como éstas son las verdaderas santas de vuestra Iglesia. ¡Y cuan cristiana sería esta Iglesia si creara las condiciones necesarias para hacer innecesarios tamaños sacrificios!
Hay que cambiar las estructuras sociales, dicen vuestros hombres de Iglesia cuando una critica su política demográfica. Hay que configurar el mundo de forma que todas las mujeres puedan traer tranquilamente al mundo todos los hijos que el Señor, en su eterna sabiduría, quiera darles. Y precisamente en los ámbitos en que la Iglesia católica ha tenido más influencia en el siglo XX, las infraestructuras han cambiado de forma constante. Los ricos se han hecho cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres, lo que gracias a la previsión cristiana no les impide procrear, ni mucho menos. La población de Perú se duplica cada veinte años, la de México, cada dieciocho, la de Brasil, cada diecisiete.
El tres por ciento de la población de Brasil posee casi dos terceras partes de la superficie del país. ¿Es ésta la infraestructura que hará del nacimiento de los niños una alegría para las brasileñas extenuadas en el futuro? Ahora, cuando en toda Suramérica desaparece o ya ha desaparecido el «peligro marxista», ¿vuestra Iglesia seguirá ocupándose de los pobres? ¿No sería más sencillo ponerse a buenas con sus gobiernos?
«Si Dios no existiera, todo estaría permitido», reza la famosa frase de Dostoievski. Pero de momento son precisamente los temerosos de. Dios los que se permiten todos los lujos. Y siempre en el nombre del Señor.
Católicas del mundo, debéis hacer algo, y deprisa. Debéis intentar convertir este mundo en un lugar con futuro, porque ya no lo soportamos más. Nosotras no tenemos una Creadora que haga sufrir aquí para compensar allá. Para nosotras sólo existe esta vida en este único mundo. Quien sufre aquí jamás conocerá otra cosa.
Puede que lo que os pidamos sea sólo maquillaje de cadáveres. Puede que esta organización, fundada hace dos mil años bajo el pretexto de una nueva moral, esté tan desprestigiada que resulte inmoral emprender siquiera un intento de recristianización. Puede que los índices de crecimiento de esta Iglesia se deban desde hace tiempo sólo a su falta de compasión..., a los generales con los que colabora para eliminar a quienes practican otro credo, a los niños cuyo nacimiento consiguen prohibiendo los métodos anticonceptivos.
Pero esta Iglesia ya está aquí, y por ello bien puede intentarse hacer algo colaborando con ella. ¿Qué sucedería si desapareciera la Iglesia católica? Sus corderitos no seguirían viviendo alegremente y en libertad, sino que se precipitarían a buscar el lugar donde les quitaran la recién estrenada independencia lo antes posible. A vuestra Iglesia le sucedería otra, cuyas condiciones quizá serían incluso más cínicas que las vuestras. Puesto que somos mortales y seguiremos siéndolo, siempre tendremos miedo a la muerte y por ello siempre nos refugiaremos en quienes nos prometan la vida después de la muerte a cambio del permiso de tener poder sobre nosotros.
Así pues, ¿por qué no intentarlo con el consorcio que ya existe, con la mayor y más antigua de las Iglesias cristianas?
Y por ello, católicas del mundo, vosotras las de las manos limpias, ¡haced algo! Sois muchas, sois ricas, sois poderosas, sois cultas, sois inteligentes, sois devotas y tal vez incluso seáis misericordiosas. Si existe un grupo de personas que pueda proteger el mundo del abismo, sois vosotras. Si queréis podéis conseguirnos al menos un aplazamiento. De todas formas:
vuestro Armagedón no tardará en llegar...
¡Católicas del mundo, unios!
No tenéis más que perder que la bendición de vuestro papa.
Tenéis todo que ganar. ¡En el nombre de la Madre, empezad!
Acerca de la creación de este libro
En junio de 1994 tuvo lugar en Viena el estreno de mi obra de teatro Das Lacheln des Barrakuda, y el día anterior, la televisión austriaca tenía prevista la emisión en el programa Club 2 de un debate sobre el tema de la obra: La mujer en la política. Pero fue entonces cuando el papa Juan Pablo II envió a sus obispos el escandaloso escrito en que negaba a las mujeres «definitivamente» el acceso al sacerdocio; el tema del programa se modificó por motivos de actualidad y pasó a llamarse La mujer en la Iglesia. Puesto que yo había escrito con frecuencia acerca de la religión, fui invitada a participar en dicha mesa redonda.
El debate duró casi dos horas y, como es natural, no se llegó a conclusión alguna. Pero a mi modo de ver, los participantes habían sido seleccionados con gran acierto. Estaba el obispo austríaco Johann Weber, encargado de la desagradecida tarea de defender el mensaje de su jefe ante nosotros y ante los espectadores del programa. Luego un dogmático de Lucerna, Manfred Hauke, que respaldaba la decisión papal con citas bíblicas y evidente satisfacción. Junto a él se sentaba una joven estudiante de música de angelical belleza, Ulrike Knapp, que representaba la fracción conservadora de las mujeres católicas: el Espíritu Santo guiaba las decisiones del Santo Padre, y por eso dichas decisiones eran incuestionables para ella.
La oposición se componía de tres mujeres muy distintas entre sí: Uta Ranke-Heinemann, la primera mujer del mundo en ocupar una cátedra de teología católica que, sin embargo, no tardó en perder por atreverse a poner en tela de juicio la concepción virginal. La reverenda protestante Gertrud Knoll, recién nombrada primera superintendente austriaca, lo que en términos católicos equivale aproximadamente al cargo de obispo diocesano. Y por último la mujer cuyas palabras más me impresionaron aquella noche y en quien he pensado una y otra vez al escribir este libro: Dorothea Schwarzbauer-Haupt, una asistente pastoral católica de Linz, quien nos explicó cuan ofensiva resultaba la circular papal para las mujeres que se hallaban en su situación. Ofensiva también para muchos de los integrantes de su parroquia, que no comprendían por qué no podían dar los sacramentos ni decir misa. Deseaba tanto dedicarse al sacerdocio, sentía que era su vocación, nos explicó. Y quien la veía y la escuchaba no podía por menos que llegar a la conclusión de que esta mujer seria y cálida estaba hecha para dicha profesión.
Mi papel se limitó a la sorpresa constante. Una y otra vez pregunté a las católicas presentes por qué se resignaban a la decisión papal. Como mayoría entre los creyentes disponían en su Iglesia de un potencial revolucionario ilimitado. ¿Por qué no lo aprovechaban? Y también contaban con estrategias de respuesta, tales como el boicot, la huelga, las sanciones económicas... La reacción fue curiosa. La fracción papista me dedicó una sonrisa compasiva, mientras que las integrantes de la oposición hicieron caso omiso de mis palabras, como si no hubiera hablado. Sólo la temperamental Uta Ranke-Heinemann reaccionó brevemente en una ocasión: «La señora Vilar tiene razón, hay que poner manos a la obra de una vez». Pero no volvió sobre este tema en ningún momento, tal vez porque estaba demasiado ocupada despedazando las distorsionadas citas bíblicas del discípulo del papa. En cualquier caso me acometió la sensación de que en esta Iglesia aún nadie se había planteado seriamente la posibilidad de una revolución de mujeres. A todas luces, la idea era demasiado nueva, la disposición a la humillación estaba demasiado arraigada como para permitir una reacción tan rápida.
Y fue así como precisamente yo, la única no creyente del debate, me encontré de repente inmersa en el papel de católica protestona. Pues cuando al obispo le concedieron el privilegio de cerrar el debate y lo aprovechó para anunciar a sus correligionarias con una sonrisa magnánima que su situación probablemente no cambiaría mucho en el futuro, aunque, por otro lado, precisamente en la Iglesia católica no cabía excluir sorpresas, quebranté todas las normas de la cortesía y tomé la palabra una última vez: «¡Señor obispo, nosotras les vamos a sorprender!»
Ni yo misma sabía a qué me refería, pero creía que al menos una de las mujeres presentes debía pronunciar aquella frase. Lo único a que podía aspirar una católica tan dedicada como la señora Schwarzbauer-Haupt para su futuro era una sorpresa gozosa. ¡Aquel señor sería el que se iba a sorprender!
La noche siguiente se estrenó mi obra en Josefstadt, y Oskar Wuthe, el representante austriaco de mi editorial, me comentó el debate de la noche anterior y me preguntó por qué no cumplía la promesa que le había hecho al obispo. ¿Cómo?
Bueno, podía por ejemplo redactar un escrito polémico siguiendo el famoso ejemplo: ¡Católicas del mundo, unios! ¿Con qué derecho, si yo no soy católica? Precisamente, replicó él, y mi imparcialidad constituiría una ventaja en este caso, afirmó.
Si bien no tenía ni la más mínima intención de sumergirme en semejante trabajo, al cabo de un par de días compré varios libros de Uta Ranke-Heinemann y los encontré fascinantes. No me extrañaba que le hubieran arrebatado la cátedra; la combinación de conocimiento de causa, elocuencia y un sentido del humor arrebatador hacían de su crítica a la Iglesia una empresa cáustica. Y aquellas lecturas también me permitieron tomar conciencia del alcance de la manipulación sexista sobre la que los varones católicos basan su pretensión de autocracia.
La idea de tomar cartas en el asunto se me antojaba cada vez menos absurda. Empecé a tomar notas, me confeccioné un plan de trabajo... No se trataba de un tema nuevo, pero en libros y obras teatrales anteriores siempre había abordado el fenómeno de la religiosidad desde el punto de vista de una agnóstica. Me interesaba hallar la razón por la que tan pocos de nosotros podemos vivir sin confesión alguna.
Por ejemplo, según una encuesta realizada en Estados Unidos en 1995, el noventa y seis por ciento de la población cree en la existencia de Dios, el noventa por ciento está convencido de que después de la muerte uno va al cielo, y el setenta y dos por ciento cree que allí se encontrará con los ángeles... No me interesaba tanto descubrir cómo veían la situación los creyentes, ni siquiera las mujeres creyentes. Como tantas otras veces me interesaba sobre todo la privación masiva de libertad, libertad que incluso a mi se me antoja más la maldición de la responsabilidad total que la bendición de hacer lo que a uno le apetezca.
En la segunda fase del trabajo cayeron en mis manos los libros de un escritor y crítico de la Iglesia al que Ranke-Heinemann cica con asiduidad, Kariheinz Deschner, y su lectura me impulsó a renunciar a la redacción de un manifiesto de protesta procatólico (aunque con reservas). Había conocido a Deschner unos años antes con motivo de otro debate en el programa Club 2. Fue poco después de la llegada al papado de Karol Wojtyla, en quien yo, como suramericana, había depositado grandes esperanzas en un principio. Estaba convencida de que este papa levantaría la desafortunada prohibición de los métodos anticonceptivos. ¡Ninguna persona de aspecto tan humanitario podía seguir presenciando tanta miseria y quedarse de brazos cruzados! En el epílogo de mi libro Discurso inaugural de la papisa americana había incluso expresado esta esperanza por escrito.
A la sazón, Karl-Heinz Deschner ya había descubierto la política de poder del polaco y descrito sus primeros viajes a Suramérica en el librito Der Papst reist zum Tatort con codo su cinismo. Fue entonces cuando decidí leer dicha obra. Y a medida que iba familiarizándome con el resto del texto de Deschner volvía a tomar distancia de mi proyecto. No podía apoyar una Iglesia con semejante historia criminal; cuanto antes desapareciera, mejor para el mundo.
Pero entonces llegó el mes de marzo de 1995 y con él la nueva encíclica del papa, cuya falta de misericordia superaba a todos sus anteriores dictados, al menos en lo tocante a la política de anticoncepción. Aquella encíclica fue el detonante que me hizo poner manos a la obra. A quien conoce mis otros ensayos y obras teatrales relacionados con este tema (El encanto de la estupidez, Discurso inaugural de la papisa americana, La educación de los ángeles) puede que le sorprenda hallar aquí algunas ideas o incluso pasajes repetidos palabra por palabra. Pero ello se debe a que me he visto obligada a revisar conceptos plasmados en otros libros bajo esta nueva perspectiva para comprobar si seguían siendo válidos. Y diversos fenómenos que en su momento había analizado como agnóstica y que ahora me veía obligada a examinar como si fuera creyente, empezaron a complementarse de forma asombrosa. En lugar de una brecha, de repente encontraba un puente. Al menos de momento, los sentimientos que unen a creyentes y no creyentes se me antojan más fiables que los pensamientos que los separan.
Esther VILAR
Barcelona verano de 199
portador de luz
08-06-2003, 12:24 AM
La Excomunion de los valientes Miguel Guerra Leon y JEES y de muchos otros valientes que no lo hacen publico por su condicion no publica no son pocos.? El tramite esta en web y sale casi a diario en varios medios de prensa internacionales como nacionales.
Den una mirada a:
http://www.excomunion.tk
http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2003/0727/domingoREBELIONES.htm
JULIANO
08-15-2003, 11:47 AM
YA lo dije: TAUROBOLIO
Esa paregita da mucho que mensar. Porque no se hacen el Taurobolio bañándose en sangre de toro como hizo Juliano. Ese sí hablaba en serio. El resto es pelicula. Si quieren ser ateos que lo sean y ya. Pero con tanto clrinete que quieren hacer. LLamar la atencion? Bueno que consigan un toro y lo sacrifiquen y se bañen con su sangre. A ver si hablan en serio o solo buscan publicidad poniendo sus paginas y sus direcciones y donde hablan de ello y su espejito mácxico.
EL CHAPULIN
08-15-2003, 12:06 PM
4 GATOS
Se acuerdan de la DC de Cornejo. Eran 4 Gatos y como hablaban de ellos llegaron hasta convertirse en Lourdes Flores y Luis Castaneda. Así como esos del Sodalicio, son 4 Gatos o si quieren pericotes. ¿Porque levantarlos? En mi universidad todos hablan de ellos. Antes ni los conocian. Mal trabajo.
Mucho ruido para los 4 gatos. Yo no creo en todo eso, tampoco en el desenmascarado mujica, ni en el loco de jess que le gusta andar sin pelo de tanto harehare, ni en el cucufato figari de los rosarios, ni en el maurtua de los cafetines y agustines y calcetines rojos, ni en curas ni las congregaciones religiosas, ni en las sectas.
Yo soy yo y mis circunstancias. Nada de colleritas que terminan en las cuevas podridas de las sectas.
Mucho ruido para 4 gatos. Eso los hace sospechosos a todos de estar levantando la figura de los cuatro gatos del SOdilatium y su iluminado lider figari que son vistos como mártires por mucha gente. En mi universidad ya hay un monton de smipatizantes de ellos que antes ni los conocian. Y ahora que... más curas fanáticos o más fnáticos anti curas. Me parece que son secta contra secta... Chapulin Colorau este cuento se ha acabau. No pierdo más tiempo con bosbadas.
Pucki
08-15-2003, 02:39 PM
NO SON 4 GATOS
SON UNA MANCHA INMENSA. Los opus y los sodas si son grupos pequeños. Los opus son unos 40 mil en todo el mundo y en el Perú unos 4 mil. Los sodas en todo el mundo són unos 10 mil y en el Perú desde la muerte de G. Doig están de baja aguda. Pero hay otros muchos que van creciendo, como los neocatecumenales que son millares sólo en Callao. Su guru es Kiko un cantante famoso y los reunen a sus miembros por horas de hora, de noche. Los discípulos de Don Giussani, una mafia que tiene más de un millón de seguidores solo en Italia y ya están en todo el Perú desde hace unos 15 años. Los Carismaticos que en Perú son más de medio millón. Nunca aparecen ni dan la cara, parecen no existir pero están por todas partes con sus cantos hipnotizantes que van produciendo un condicionanmiento psicologico. Igual está una versión local de los jesuitas, los Peces que trabajan con las familias ricas de Trujillo y Lima. Son protegidos del obispo Cipriani y son su brazo armado, ya que se les exige ser cinturones negros en artes marciales japoneses y coreanos. Los JUAN 23, están hasta en Túmbes. Los Focolares también saben disfrazarse. Bueno a qué seguir. Expedientes X podría hacerlo bien. Además hay otros varios grupos sectarios catolicos que no son 4 gatitos. Claro que los catolicos son unos artistas para disfrazarse. Hasta esa MASA del Peru da desconfianza. Demaiado ocultistas. Hay que seguir y no creer que porque algunos son pura propaganda no son peligro.
No estoy de acuerdo con inflar demasiado, pero tampoco dejar. En mi "U" también se han hecho conocidos los sodas que antes ni se sabia de ellos. Del reclutar los opus algo se escuchaba, sobre todo por el cardenal y un curita que da vueltas por los patios. Pero nadie le hace caso. O sea que si se han hecho famosos, pero no por ser antes desconocidos o pocos en numeración ahorita ya no vale estar en silencios. Es mejor darles a todos y seguir a los de Buho Rojo son bien chéveres y racionales.
Anonymous
08-16-2003, 02:28 PM
Sean 4 gatos o 20 están locos
Lean lo que escribe el sodalicio Cencinni.
. Es preciso recuperar la verdad del término “virginidad”, hay que deshojarlo de todas esas interpretaciones erradas que han dado de él una idea parcial y artificial, haciendo del mismo una cosa exclusiva de algunas categorías vocacionales en la Iglesia de Dios y extraña para todas las demás.
Aquí está el pecado: hemos secuestrado la idea de virginidad, haciéndola cosa extraña e improbable; nos la hemos apropiado, volviéndola indescifrable; nos hemos pavoneado con ella, haciéndola antipática y consabida; la hemos vivido para nuestra perfección privada, resultando poco creíbles; a menudo la hemos soportado con poco gozo y escaso amor, haciéndola poco apetecible, como si fuera una desventura; hemos creído que debíamos defenderla del mundo tentador, escondiéndola bajo tierra (cf. Mt 25,25) o en un pañuelo (cf. Lc 19,20), más que compartirla. En especial, la hemos espiritualizado, quitándole la concreción de un camino pedagógico que se puede proponer también a los demás, a quienes pertenece por naturaleza; y, autodispensándonos del trabajo de buscar aquel camino, nosotros mismos hemos corrido el riesgo de entender muy poco de ella, de su fascinación y su misterio.
Wstá loco o no? Quiere que todos seamos virgenes!
Esos sodalicios estan dementes. La virgindad es para las monjas, al menos antes. Definitivamente tienen ideas raras. Cencinni es un ejemplo de ese cristianismo anticuado que no acepta los valores liberales del mundo de hoy. Por eso cantan en latín y nada de núsica moderna ni instrumnentos fuertes. Pura locura o antiguedades... elijan. Con razón Vargas Losa también los critica por archiantiguos y locos.
Miguel Guerra Leon
09-08-2003, 12:47 AM
Antes que nada agradezco los comentarios de todos (compartan o no mis opiniones). Bueno en verdad nuca fui el unico que pidio una excomunion y ahora mucho menos gracias a la particion de medios de difusion (la republica, cesar hildebrabdt y medios del exterior). Pero creo que una excomunion es un tema polemico pero hay tantos temas por tocar. Aveces se habla (como yo tambien y dicho)de que perdemos energia en muchas cosas, pero se han puestoa pensar ¿porque no proponer algo en lo cual no perder esas energias? ¿En olvidarse de ideologias para no terminar en ataques?, casi siempre defendemos nuestro frente como si, fuera la verdad absoluta y queriendo mancillar a los demas. Como sostengo individualmente hacemos poco y colectivamente creamos agrupacines que nunca se ponen de acuerdo y crean brechas en la humanidad. Ya es hora que esto pare si de verdad quieren encontrar ese mundo mejor, sino la utopia en palabras efimeras continuarar hasta que la tierra y nuestros dias acaben.
PD. Seria preferible y mas correcto dejar una forma con sus nombres y mails para contestar en casos merecidos o para pasarles la voz cuando la web este actualizada. Gracias por todo.
Miguel Guerra Leon
escritor / libre Pensador
http://www.elvalle.tk
http://www.excomunion.tk
http://www3.larepublica.com.pe/2003/JULIO/pdf27/
http://argentina.indymedia.org/news/2003/07/122288.php
revelador
11-14-2003, 03:28 AM
Esa informacion no cierta maldicion acabo de comprobar y no sale nada. Hasta ahora no podemos confirmar que Guerra sea todo lo que se dice. Pero ya tenemos en mira a los demas por ahi circula algo de rapto a menores, tanto que acusan al sodalicio hay un raptor entre ellos.
Hermano
12-03-2003, 02:20 PM
Sodalicio de Vida Cristiana - Región Perú
POR CRISTO A MARÍA Y POR MARÍA MAS PLENAMENTE AL SEÑOR JESÚS
¿Qué es el Sodalicio de Vida Cristiana?
Es una institución de la Iglesia Católica, una Sociedad de Vida Apostólica,
aprobada por el Papa Juan Pablo II en el año 1997. Su nombre universal es
Sodalitium Christianae Vitae y sus siglas SCV.
En la larga historia de fe que se inicia hace casi cinco siglos, se trata de la
primera comunidad masculina de consagrados nacida en tierras peruanas.
Inicialmente el Sodalitium estaba conformado solamente por personas nacidas en
el Perú. Con el paso de los años y con la marcha a servir pastoralmente en otros
países hoy lo integran personas de diversas nacionalidades.
Sus miembros se llaman sodálites. Ellos aspiran a configurarse con el Señor
Jesús por el camino del amor filial a la Virgen María y a estar plenamente
disponibles para el anuncio del Evangelio en las diversas realidades humanas. Su
conciencia del Plan de Dios los mueve a cooperar a que las realidades terrenas
se ajusten a él, según la iluminación del Magisterio de la Iglesia.
El Sodalicio está integrado por laicos y sacerdotes que tras un proceso de
discernimiento han reconocido en sus vidas la vocación a consagrarse plenamente
a Dios, realizar el apostolado y llevar una vida fraterna, aspirando a la
perfección de la caridad según las Constituciones que rigen al SCV.
Se trata de una comunidad eclesial surgida a fines del siglo XX de cara al
tercer milenio de la fe, y que se encuentra en las coordenadas del Concilio
Vaticano II, acogiendo las orientaciones de los grandes documentos de la
Iglesia.
Los inicios
El proceso de sus inicios ha sido llamado búsqueda y respuesta. Parte de una
inconformidad de D. Luis Fernando Figari con la situación del mundo, en especial
de los más pobres y necesitados. Existe en él un anhelo de que la situación
cambie para forjar una sociedad en la que cada ser humano pueda vivir en
libertad y de acuerdo con su dignidad de persona. Esa experiencia interior lleva
al Fundador a buscar respuestas. Tras una creciente convicción de que los
problemas del ser humano son fundamentalmente problemas religiosos, va
acompañando y enseñando a un grupo de jóvenes como él a ensayar la verdad. Todo
ello empieza hacia mediados de 1969.
Luego de varios ensayos, entre los que destaca el Centro de Estudios Católicos,
el 8 de diciembre de 1971 se bautiza lo que es un sueño: el Sodalitium
Christianae Vitae.
Un nombre
El nombre es en latín pues el Fundador sabía que ésa es la lengua oficial de la
Iglesia, y que las congregaciones religiosas tienen nombres latinos. Se sumó a
ello la idea de la universalidad. La ligazón a una sola lengua vernácula no
armonizaba bien con la identidad universal de la Iglesia, de la que la naciente
comunidad forma parte.
El nombre Sodalitium trae remembranzas de la fraternidad y comunión de los
discípulos del Señor. El tema de la comunión eclesial y de la eclesialidad fue
una característica desde sus inicios.
Ya entonces se veían señales de ruptura entre fe y vida, como el mismo Fundador
lo había experimentado. Por ello pensó que la respuesta a la identidad cristiana
recibida en el Bautismo y en la educación católica en la familia debería
expresarse en una vida cristiana.
Un día de clases en las aulas del Seminario de Santo Toribio, donde funcionaba
la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, en la que Luis Fernando
Figari era el único estudiante laico, comunicó a varios de sus compañeros la
decisión de dar nacimiento con otras personas a una comunidad de vida religiosa
en el mundo, que manteniendo características laicales fuese una simiente
evangelizadora. En medio del entusiasmo de varios compañeros surgió el tema del
nombre. Algunos más avanzados en latín fueron ensayando las variantes, hasta que
un sacerdote jesuita de amplia versación en latín resumió que el nombre que
quería el que sería el Fundador de la nueva comunidad era Sodalitium Christianae
Vitae.
Un bautizo
Desde junio de 1969 Luis Fernando Figari venía compartiendo la idea de reunir un
grupo de laicos y sacerdotes que recogiesen en serio la misión recibida en el
Bautismo y profundizada en la Confirmación. Fuertemente impregnado por esas
ideas nacidas del Concilio Vaticano II, en especial de la Apostolicam
actuositatem, fue conversando a lo largo del tiempo con diversos sacerdotes, en
especial su director espiritual el padre Constancio Bollar, quien lo había
bautizado, y que acompañó de cerca el proceso del surgimiento de lo que sería
una nueva familia espiritual en la Iglesia. Un encuentro providencial con el
padre Gerald Haby aceleró las cosas. Así, el 8 de diciembre de 1971 el grupo de
entusiastas que soñaban con aportar su granito de arena al cambio del mundo en
buena dirección se reunieron en una Capilla, y en el curso de la Santa Misa se
comprometieron por un mes a vivir en serio su vida cristiana.
Novel organización
Al plantearse el tema de la organización, Luis Fernando declinó ser la cabeza.
Como eran tres las áreas de trabajo, propuso que mensualmente se fuese rotando
el cargo de responsable. Y así sucedió. El padre Haby fue nombrado Asesor
religioso.
No todos tenían las mismas ideas. Así, en 1972 cuando el Cardenal Juan Landázuri
Ricketts, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, envió a uno de sus Obispos
Auxiliares, Mons. Germán Schmitz, el proyecto futuro era aún difuso. En la
reunión tenida en el distrito de Barranco, Luis Fernando le fue explicando al
Obispo lo que percibía en su interior y cómo veía que Dios quería una comunidad
como aquellas de los comienzos de la Iglesia, en la que hubiese sacerdotes,
laicos consagrados y casados unidos en un compromiso apostólico. El Obispo dio
su bendición y el grupo fue avanzando.
En los primeros meses de 1973 el Cardenal Arzobispo invitó a Luis Fernando
Figari para que le informara sobre la marcha del Sodalicio. Durante la reunión
le pidió que periódicamente le rindiera personalmente cuenta de cómo iba
desarrollándose esa "obra de Dios", qué obstáculos encontraba, qué avances
hacía. Así, cada cierto tiempo el Cardenal invitaba a Luis Fernando al Palacio
Arzobispal en donde luego de recibir el informe daba sus orientaciones y no
pocas veces consejos. Por ello, conocedor desde los primeros momentos de la
prehistoria y de la historia del Sodalicio el Cardenal Landázuri dijo en 1980:
"Esta semilla que decía antes, ha ido germinando, ha ido creciendo y se ha
convertido en un árbol que ha extendido sus ramas en medio de nuestra Iglesia...
Para mí como Pastor, hermanos, como Obispo de la Iglesia, yo encuentro en el
Sodalitium Christianae Vitae un motivo de profundo consuelo, de inmensa
alegría".
En 1975 la organización fue adquiriendo una fisonomía más clara y dentro de ella
surgió una nueva estructura. Desde agosto de ese año, Luis Fernando aceptó ser
el responsable de jure. Es la mejor forma de explicarlo, pues desde siempre fue
el corazón de los grupos que formaban parte del Sodalicio. El año anterior había
fundado una sociedad femenina con el nombre de Asociación de María Inmaculada.
Para entonces ya se vislumbraba una plasmación del sueño de Luis Fernando: una
comunidad fraterna de laicos consagrados, sacerdotes y matrimonios entregados al
apostolado. En el año 1977 el Cardenal Arzobispo de Lima concedió su aprobación
al Sodalitium Christianae Vitae como pía sociedad. Era el primer paso en el íter
canónico.
A partir de entonces quedó establecida la estructura de una Asamblea, un
Superior elegido por ella y un Consejo de Asistentes que cooperarían en la buena
marcha de la sociedad orientada a su servicio eclesial.
Hacia el futuro
Bajo el influjo del Espíritu Santo el Sodalicio fue madurando siempre bajo la
compañía de sacerdotes y obispos. El proceso de discernimiento continuó. Con la
aparición del nuevo Código de Derecho Canónico, el Cardenal Rosalio Castillo
Lara, entonces responsable en el Vaticano de los asuntos relativos al Código,
sugirió al Fundador los pasos a seguir. El Cardenal Landázuri, canonista él
mismo, estuvo de acuerdo y se fue avanzando en los pasos a dar. En 1985 Luis
Fernando fundó el Movimiento de Vida Cristiana (MVC), y encargó su coordinación
a Germán Doig Klinge (1957-2001). El MVC comparte la misma espiritualidad que el
Sodalicio, la espiritualidad sodálite. Hoy el MVC se encuentra extendido por
dieciocho países de América y Europa. Fue aprobado por la Sede Apostólica como
de Derecho Pontificio en 1994.
El Cardenal Landázuri dió el siguiente paso canónico y aprobó al Sodalicio y sus
Estatutos como asociación eclesiástica de Derecho Público. En 1994 con el nulla
osta de la Sede Apostólica fue erigido en la Arquidiócesis de Lima el Sodalicio
con carácter diocesano. Tres años después, el 8 de julio de 1997 el Santo Padre
Juan Pablo II daba su aprobación al Sodalicio de Vida Cristiana. Poco después
recibía al Fundador y a un grupo de sodálites para participar en la Eucaristía
en su Capilla personal y confirmarlos en su camino de fe.
S.S. Juan Pablo II bendiciendo
a D. Luis Fernando Figari en el
Palacio Apostólico del Vaticano
El Sodalicio se encuentra actualmente en siete países de América y Europa. En el
Perú, además de la Arquidiócesis de Lima, sede de la Región Perú, se encuentra
en cinco otras circunscripciones eclesiásticas.
En ellas sus integrantes desarrollan sus actividades buscando la perfección en
la caridad, mientras anuncian el Evangelio de la Reconciliación y expresan la
solidaridad cristiana con los pobres y marginados, con los jóvenes, con las
familias y en la evangelización de la cultura.
La Familia Sodálite constituye un conjunto de instituciones y asociaciones de la
Iglesia que se reúnen en torno a la espiritualidad del Sodalicio, la comparten y
la encarnan en las realidades en las que se encuentran.
El Superior Regional es el Hno. D. Germán Mckenzie González.
El R.P. Kay Schmalhausen Panizo es el encargado de Espiritualidad y Vocaciones
para la Región Perú.
Para comunicarse escribir a:
scvregionperu@yahoo.com
Exsodalite
12-05-2003, 10:44 PM
Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
hmujica@bigfoot.com
14-2-2002
El Sodalitium en crisis
Hay sectas cuyo accionar provoca un profundo daño en la sociedad, lo cual aún no ha sido materia del estudio imprescindible de quienes se jactan de “analistas” y “exégetas” de la realidad social. Por el flagrante desconocimiento del problema sectario en el Perú tenemos la obligación de promover el abordaje de esta problemática entre los periodistas, sociólogos, antropólogos, médicos, psiquiatras, psicólogos, abogados y demás profesionales involucrados y comprometidos con el desarrollo democrático del país y dispuestos a condenar cualquier acto que viole los derechos humanos de toda persona y, en especial, su derecho a la libertad de consciencia.
Este trabajo, producto de múltiples horas de trabajo en Lima, Arequipa y otras partes del país y Latinoamérica pretende cumplir un papel pedagógico al denunciar al Sodalitium Christianae Vitae, grupo fascista por convicción y temperamento, y su cancerosa acción al interior de la sociedad peruana. Puédese discrepar de él, de pronto suscita opiniones violentamente contrarias, pero lo que sí va a ser imposible es ignorarlo.
Pocos meses atrás en El totalitarismo católico en el Perú, tesis que en su edición príncipe incluyó menciones a las baladronadas que acostumbra impulsar el Sodalitium, denunciamos cómo, a partir del Concordato, vínculo internacional no sancionado por ningún Congreso, la Iglesia Católica vive a expensas del no pago de tributos y además de los miles de dólares que sus principales funcionarios se embolsican cada mes, sin trabajar, sin merecerlo y en una constante expoliación del pueblo peruano, que no tiene cuando terminar porque se hace en nombre de una “fe” tradicional y que en realidad ha constituido la continuación de un robo que ya supera los 500 años de permanencia insolente en el país. Este mismo Concordato es el que, amparando a la Iglesia Católica, favorece legalmente el expansionismo sodálite y es el que utiliza esta secta para proteger sus inversiones.
Lea pues, amigo lector, estas procelosas páginas con ojos críticos, compulse fuentes, acuda a testimonios, revise materiales, proponga una refutación científica, orgánica. A una idea se la combate con otra. Al sectarismo difundido por el Sodalitium le denunciamos en la comisión de múltiples actividades que son fácilmente comprobables en diarios y publicaciones. A las sectas hay que enfrentarlas con decisión y valentía indómitas. El fanático sabe que cuando tiene a adversarios de ese jaez sólo tiene una opción: luchar o morir. Y puedo anunciar, sin jactancia, pero premunido de la verdad verdadera, que habemos muchos dispuestos a erradicar la presencia de estos disociadores y su prédica retrógrada, exaltadora de principios antidemocráticos y profundamente racistas.
La importancia de la secta destructiva Sodalitium Christianae Vitae en la vida nacional no puede soslayarse más. Sus desproporcionadas expectativas de crecimiento afectan directamente nuestros derechos constitucionales y humanos y amenazan la integridad de nuestras familias. Hoy, primer aniversario de la muerte de Germán Doig Klinge, Ex-Vicario General del Sodalitium, sale a luz este escrito. En él hacemos una revisión de los acontecimientos acaecidos durante los últimos dos años y avizoramos con optimismo y con convicción detener la agresividad y radicalidad de este grupo fanático que tanto dolor social ha venido causando en el Perú y en varios otros países durante las últimas tres décadas.
Evolución sectaria
En un análisis de la evolución histórica de las sectas se ve que todas siguen un proceso de crecimiento relativamente semejante que se puede sistematizar en tres fases: nacimiento, consolidación y transformación.
En la primera etapa el grupo surge a instancias de un conjunto de circunstancias culturales, sociales y religiosas que generan una cantidad de ansiedades y expectativas insatisfechas en un sector de la población. La pequeña comunidad se agrupa en torno a la figura de un líder que elabora no tanto la doctrina cuanto directivas concretas en orden a obrar e insertarse en el conjunto de la sociedad. En este período la secta está básicamente devorada por su ansia de expansión y utiliza abierta e indiscriminadamente las técnicas de control mental.
En la segunda etapa el grupo, luego que probablemente ha entrado en colisión no sólo con otras confesiones religiosas sino también con distintos ámbitos o instituciones del orden social en que se desarrolla, comienza a buscar caminos que le permitan orientar las irregularidades o excentricidades que el apasionamiento de la primera fase hubiera podido generar, y que puedan haber sido causa de que hayan perdido aceptación social; hay una preocupación clara por no generar conflictos y el buscar la estabilidad interna del grupo. Esta etapa se da generalmente después de la desaparición del líder o fundador, verificándose simultáneamente una flexibilización de los aspectos más detonantes o extravagantes de su doctrina y una búsqueda de mayor coherencia conceptual.
La tercera fase, la de transformación, es una especie de lavado de cara de la secta, de su imagen pública. Se busca cuidadosamente que la opinión ciudadana olvide, y los nuevos adherentes ignoren, que se trata verdaderamente de una secta y que se acepte que es una iglesia honorable, en paridad con las iglesias históricas. Es muy posible que los adherentes no sepan completamente el origen e historia primera del grupo, la que se intenta disolver en alguna profundidad histórica. En lo que se refiere a la metodología que emplean, su fanatismo e intransigencia son morigerados, y la exposición de su mensaje se hace más suave, educada y socialmente aceptable.
En pecado concebidos
Teniendo este esquema como referencia podríamos decir que el Sodalitium Christianae Vitae se encuentra actualmente en una etapa de crisis entre la primera y la segunda fase de su proceso de crecimiento. Podría entenderse que el proceso de la consolidación está en curso pero la tercera fase, la transformación, requerida para que esta entidad sea socialmente aceptada tendrá que esperar aún un tiempo históricamente largo, si es que sobrevive a su fanatismo.
Aunque esta organización radical, que podría calificarse como el Opus Dei peruano o criollo, es parte integrante de la Iglesia Católica y goza de todas las ventajas políticas, legales y económicas que ello conlleva, es evidente que ese crecimiento desenfrenado de las últimas tres décadas ha generado demasiadas fricciones con el entorno social.
Algo impresionante del accionar del Sodalitium es la eficaz metodología de control mental aplicada sobre sus adeptos, técnica más conocida como “lavado de cerebro”, la que ejercen consciente e impunemente con la bendición y complacencia de la mayoría de autoridades eclesiales, a sabiendas que cometen un flagrante delito contra la libertad de consciencia de los jóvenes peruanos llamando a eso muy eufemísticamente “levantar vocaciones religiosas”.
El Sodalitium comparte un tenebroso origen fascista con otra secta de ultraderecha: Tradición, Familia y Propiedad (TFP). La sucursal peruana de la TFP, de origen brasileño, fue fundada por Francisco Tudela y Luis Fernando Figari. Los miembros de la TFP se confiesan católicos pero lo cierto es que la Iglesia Católica los ha condenado más de una vez. En Venezuela la cancillería y el ministerio de Justicia ordenaron su disolución y prohibieron a sus líderes abandonar el país porque se comprobaron numerosas denuncias por "atentar contra la vida familiar y lavarles el cerebro a sus miembros"; el presbítero Amador Merino Gómez señaló que TFP "incurre en desviaciones y manipulaciones de la doctrina de la iglesia y el culto". En otros países, además, mantiene contacto con partidos y facciones de extrema derecha neonazi europeas, entre ellas, la peligrosa "Fundación Familia Española". Eso es decir, por lo menos, que TFP es una secta de cuño fascista.
Alrededor de 1973, aparece en la Pontificia Universidad Católica y en la Universidad Peruana Cayetano Heredia el grupo de derecha radical "Dios y Patria". En el 74, varias facciones de este movimiento se independizan y toman otros nombres: la facción política se denominó "Confederación de Juventudes", y la de índole religiosa "Sodalitium Christianae Vitae". Luis Fernando Figari pertenecía a esta última. En esos inicios las publicaciones de Figari compartían formato y logotipos con las de TFP lo que evidencia sus vínculos totalitarios y fascistas y sus objetivos comunes.
Actualmente el Sodalitium tiene un enclave en Colombia, en una zona de actividad guerrillera, en donde TFP anteriormente tuvo una infame participación financiando a mercenarios para luchar contra las FARC, las mismas que hace un año secuestraran a un sacerdote sodálite y lo dejaron sospechosamente libre a los dos días sin que se hablase absolutamente nada de algún pago de rescate.
En el camino recorrido desde su nacimiento el avasallante Sodalitium ha dejado mutiladas muchas dignas familias, muchos hijos con personalidades alteradas, muchos destinos y estudios profesionales truncados, muchas mentes secuestradas, muchas propiedades perdidas, muchas economías destruidas, mucha rabia no expresada, mucho odio contenido y mucho, demasiado dolor. Aunque debemos ser amplios y considerar muchas otras causales para que alguien se integre a una secta, no en vano, en este caso específico, la mayoría de sus líderes provienen de familias disfuncionales con padres divorciados o muertos, hogares destruidos o fracturados. Parece que los líderes del Sodalitium quisieran tomarse su revancha con la sociedad.
Indiferencia social
Sería natural ante estas injusticias y atropellos esperar una fuerte, contundente y vigorosa réplica social. Pero el panorama es diferente. Los abogados, por ejemplo, con honrosas excepciones, no han querido intervenir aduciendo que las víctimas son jóvenes mayores de edad, usando el pretexto de la ausencia de legislación pertinente o alegando que así como hay drogas legales (tabaco y alcohol) en nuestro medio también hay sectas legales (las protegidas por la religión oficial); los médicos han soslayado hasta hace poco el trasfondo psicológico y psiquiátrico de la manipulación mental en el ámbito religioso y/o sectario y sus graves implicancias en la salud pública; los organismos defensores de los derechos humanos y sus psicoterapeutas prefieren tratar el tema de violencia política y dejar de lado el problema de la violencia mental en el sectarismo; otras iglesias no católicas evitan la confrontación señalando que el problema es espiritual y que, en algún momento, la lucha se dará igualmente en ese plano espiritual; los periodistas de investigación también tienen sus preferencias ya definidas, quisieran que se les entregue el material ya digerido y pretenden, vía testimonio, exponer a las familias afectadas denunciantes como carne de cañón.
En medio de esta indiferencia social siempre se han levantado solitarias y valientes voces de protesta que no han sido escuchadas y sólo han logrado la proverbial respuesta a la mayoría de denuncias que llegan hasta las autoridades de la poderosa e impune Iglesia Católica: el silencio absoluto.
La muerte del delfín: un cataclismo
Ante este sombrío panorama, un hecho totalmente fortuito impactó brutalmente en la estructura de la fortaleza sodálite. Ese hecho no fue un evento programado, estudiado, ni planificado en respuesta a las agresiones sociales de este grupo destructivo. El 13 de febrero de 2001 el súbito fallecimiento de Germán Doig Klinge tuvo el efecto de una catástrofe difícil de comprender y de asimilar para unas mentes que están programadas -los comportamientos de las sectas son eventos totalmente predecibles-.
Doig tenía la misión de suceder a Luis Fernando Figari. Era su mano derecha, era el delfín, era el príncipe de la secta, era el Vicario General del Sodalitium. El era quien ofrecía el pecho, sacaba la cara y le prestaba la careta académica e intelectual a la secta mientras el fundador Luis Fernando Figari escribía solitario y en las sombras sus enrevesados opúsculos y retorcidos discursos (que siempre atacan a la razón y ensalzan la irracionalidad) y se ocultaba indiferente en su fortaleza o búnker de Granja Azul para no escuchar los reclamos sociales.
Con toda seguridad muchas familias peruanas no recibieron con tristeza la noticia de la muerte de Doig. Fue casi como sentir la mano de Dios ante tanta injusticia y tanta impotencia. Más que un “tránsito” al más allá esto pudo llamarse un “despeñadero”. De nada valieron las pomposas misas fúnebres cada tres horas durante el velatorio. Ese ceremonial solamente hacía recordar a los miembros de la secta de los israelitas de Ezequiel Ataucusi cuando esperaban absurdamente la resurrección de su líder que yacía muerto en una urna de cristal.
Para el grupo sectario la muerte de Doig fue un evento cataclísmico. Esta muerte parece haber afectado internamente la estructura sodálite casi tanto como el impacto de los aviones suicidas en las torres del World Trade Center de New York City. Los impactos no fueron ni en los cimientos ni en la cúspide de los edificios pero los efectos deletéreos fueron matemáticamente efectivos y demoledores. Lo mismo sucedió en la estructura del Sodalitium. No desapareció el verdadero y venerado líder -Figari- (que hubiese sido santificado) ni tampoco la masa de obnubilados seguidores. Sin embargo, la estampida consecuente a este evento específico era de esperar. Los efectos de una muerte como la de Doig no pudieron haberse calculado, planificado ni dirigido mejor si hubiese intervenido una inteligencia externa.
La respuesta organizada
Sin embargo, muy aparte de este “providencial” hecho fortuito que nadie pudo sospechar ni pronosticar, de acuerdo a lo previsto por la evolución histórica de las sectas, en estos últimos meses por fin se estaba dando a conocer públicamente la expresión organizada de la sociedad afectada. El Sodalitium había sido criticado directamente por diversas vías, prensa escrita, volantes anónimos, comunicación persona-persona entre padres de familia afectados y permanentes comunicaciones electrónicas por internet.
Creció la conciencia social en círculos religiosos, asociaciones de padres de familia, centros educativos, centros universitarios, colegios profesionales, sociólogos, periodistas, investigadores sociales, historiadores, filósofos, antropólogos, psicólogos, médicos, psiquiatras y también instituciones vinculadas a la observación de los derechos humanos, libertad de conciencia y lucha antisectaria.
La indignación contra el Sodalitium estaba llegando a lo que se denomina en física el estado de “masa crítica” justo antes de provocar una inevitable reacción en cadena. Aunque la reacción aún era indefinida también era esperanzadora. Se requirió el apoyo de organizaciones de consulta y asesores profesionales no peruanos. La cruzada era y es internacional, como lo es el Sodalitium. La magnitud de la amenaza ameritaba una gran respuesta. Posiciones radicales exigen respuestas radicales.
El primer campanazo contra el Sodalitium fue dado por José Enrique Escardó Steck, director de la revista Gente y ex miembro de la secta en noviembre del 2000. Su desgarrador relato, en varios capítulos, de las torturas a que fue sometido en San Bartolo fue acallado amenazadoramente por la intolerancia y el poder del Sodalitium. Lamentablemente, el juvenil lenguaje autosuficiente, irreverente e inadecuado que usó en sus artículos de “El quinto pie del gato” fue el principal disuasivo que hundió la denuncia en un aparente descrédito, solamente comprendido por las familias afectadas. Sin embargo, un año después en noviembre del 2001, sus argumentos fueron plenamente recogidos por Cecilia Valenzuela y Diego Fernández Stoll de Entrelíneas de Canal N y ampliados por valientes contribuciones de otros ex miembros, padres de familia, el psicólogo Jorge Bruce y de muchas otras personas y familias que cautamente permanecieron en el anonimato para proteger a sus hijos cautivos en la secta. La denuncia fue publicada generosamente en internet en la página web de www.agenciaperu.com de donde logró difundirse con profusión a nivel nacional e internacional. Una de las principales cajas de resonancia de esta noticia fue la página web > "Sectas del Nuevo Milenio”, del conocido crítico argentino Alfredo Silleta, que transcribió literalmente las entrevistas en la red.
Por otro lado, independientemente, salió a luz en enero del 2002 El totalitarismo católico en el Perú, tesis del autor de estas líneas, sobre la actitud sociopolítica de la cúpula católica peruana, el Opus Dei y el Sodalitium, que incluyó una serie de denuncias con argumentos probatorios sobre los atropellos cometidos por este último grupo en asociación con el Banco Santander Central Hispano contra Fernando Gerdt Tudela para apoderarse de su inmueble de 1700 m2 mediante un pagaré falsificado. Gerdt también alzó su voz de denuncia en Canal 4 ATV de Arequipa y en el programa de Cecilia Valenzuela sin poder ser refutado ni acallado. Lo felizmente trascendental de este trabajo de análisis fue el reconocimiento que recibió de Pepe Rodríguez de Barcelona, España, psicólogo, investigador, sociólogo, erudito autor de varios importantes libros y asesor para varios gobiernos europeos sobre asuntos sectarios, quien ofreció su auspicio para publicar este escrito en su prestigiosa página web www.pepe-rodriguez.com en la sección cuyo acceso directo es el siguiente: > y desde donde hoy alcanza ya difusión planetaria.
El Sodalitium, como el soberbio e insolente instituto secular que es, también ha comenzado a chocar con el mismo clero. Un claro ejemplo es lo sucedido en enero del 2002 en el Centro de Educación Especial para Niños Ciegos Nuestra Sra. del Pilar de Arequipa. Desde meses atrás los sodálites habían empezado gestiones no muy sanas destinadas a hacerse del local que las madres franciscanas abandonarían en pocos meses. A pesar que éste pertenece al Estado iniciaron gestiones para su transferencia al Sodalitium y para ello se valieron de una copia de la minuta de la propiedad a cargo de las franciscanas y que autenticaron notarialmente al estilo en que hacen las cosas estos delincuentes: ¡entre gallos y medianoche! De manera que hasta poseían los planos de la habilitación urbana solicitados y obtenidos el 31-10- 2001 y con el registro de trámite documentario # 33607 de la Municipalidad Provincial de Arequipa y cuya solicitud fuera pedida por Haylin Tello Pinto, con DNI # 40412386 ante dicha entidad oficial.
Con el oficio No. 010-2002-MPA-C.2, dirigido por el Director de Asentamientos Humanos de la Municipalidad Provincial de Arequipa, señor Marcos Ortiz Carrera, se comunica en relación al expediente 33607 que de acuerdo al informe No. 714-2002-MPA-C.2-CU, de la Oficina de Control Urbano que el trámite debe ser presentado ante la Municipalidad Distrital de Yanahuara”. Ciertamente, las madres franciscanas quedaron ingratamente sorprendidas frente a semejante oficio que no estaba siquiera gestionado por ellas. Lo cierto es que hay funcionarios corruptos enmadejados en la urdimbre que tejen los sodálites para enajenar propiedades y hacerse de ellas.
Esperanza Medina, valiente mujer y gran educadora, Directora Regional de Educación de Arequipa, DREA, tuvo un enfrentamiento durísimo a viva voz y con la esténtorea gana de decir su verdad con el sacerdote católico y sodalicio -y por tanto fascista- Javier Len, en torno al destino de la infraestructura del Centro de Educación Especial Nuestra Sra. del Pilar. El prepotente Len ya había, con sus cómplices sodálites, hasta puesto una oficina en este inmenso local para apoderarse de él, hecho que parece, según todos los indicios haberse frustrado por la intercesión directa y valerosa de la Medina. De cualquier manera en esta oportunidad, los fascistas sodálites se quedaron con los crespos hechos porque ninguna de sus gestiones, todas subrepticias e ilegales, tuvieron éxito, porque la Medina se enfrentó abiertamente al designio mafioso que estos sujetos exhiben en Arequipa del modo más descarado. Me tocó advertir sobre la maniobra cuya historia completa es de acceso público en internet en ¡Arequipa: sodalicios fascistas con los crespos hechos! > con el número 30052 de Yahoo Groups Chimú: lista cultural de peruanos alrededor del mundo.
El salvaje se mira en el espejo
Otro detalle que merece ser destacado es cómo el Sodalitium, que se autodenominaba un grupo que reclamaba y ejercía la radicalidad, que mediante Emilio Garreaud publicaba en la prensa con todo desparpajo que ellos son los llamados a ser signo de contradicción, que admitía abierta y orgullosamente que se les etiquetaba de fanáticos, que el Señor no ha venido a traer la paz sino la división, que ha venido a prender fuego en el mundo y que ojalá estuviera ardiendo, que si bien ello es doloroso también es necesario, que habrá violencia y no paz, que el joven debe dar muerte al hombre viejo, que la pareja -o la pareja y los hijos- deben “desplegarse” (desintegrarse-disgregarse-separarse) apostólicamente, que solamente se entrará en el reino de los cielos esforzándose con violencia... hoy se hunde en el silencio.
Ahora, ante la locura del ataque terrorista a Estados Unidos por parte de unos fanáticos religiosos, el Sodalitium inmediatamente ha acallado sus discursos fanatizados, habla de perdón y de paz, marca distancias con sus congéneres fundamentalistas islámicos temiendo ser estigmatizados con los mismos epítetos, y se cuida muy bien de ser señalado precisamente en estos momentos como un grupo religioso de intolerantes, destructivos y antisociales.
Un poco tarde.
Emilio Garreaud, paradójica e inexplicablemente Director del Instituto para el Matrimonio y la Familia (???) de la Universidad San Pablo, dice que el Sodalitium quiere convertir a este mundo de salvaje en humano y de humano en divino. Pero con su accionar lo que ha logrado hasta ahora... ¡es exactamente lo contrario!. Si la secta se mirase en el espejo vería a sus huestes como los talibanes peruanos: salvajes que van “a Dios rogando y con el mazo dando”.
La juventud consciente
Un elemento adicional gratificante ha sido el observar la respuesta de parte del alumnado del Instituto del Sur y de la Universidad San Pablo, bastiones del Sodalitium, quienes mediante un volante formulan una denuncia acerca de la corrupción de este grupo en el ámbito del Poder Judicial y en el aspecto económico financiero de la secta. Para ello han utilizado iconografía que alude al control mental que ejercen en los jóvenes y su agresión contra el núcleo familiar y presentan la fotografía del administrador de las cuentas de la organización en Arequipa, Javier Len Álvarez, llamándolo “mercader”.
El volante-denuncia tiene un mensaje de alerta: “Alumno: defiende tus derechos. Tú puedes ser la próxima víctima”. Al mencionar la consecución irregular de bienes inmuebles alude también indirectamente las palabras de Emilio Garreaud: “El donar nuestros bienes y nuestro tiempo (nuestra vida) por los más pobres (no a los más pobres) nos dará alegría”. Claro... ¡qué mayor alegría para el Sodalitium!
Y aunque inocentemente los alumnos piden la intervención del Arzobispado la denuncia constituye una seria y contundente prueba de la rebeldía en la clase estudiantil ante el dogmatismo fanático y de su alarma ante los abusos y la corrupción solapados por parte de este grupo totalitario que conoce perfectamente las ventajas que le ofrece el inefable Concordato al declararse parte integrante de la Iglesia Católica y organizarse y protegerse dentro de ella. No es casualidad que Figari, Doig y Garreaud, cabezas visibles del Sodalitium, también sean abogados de profesión y conociesen, por tanto, los oscuros laberintos leguleyos.
Normas laxas
Puede decirse con certeza que el Sodalitium tiene dentro de sí el germen de su autodestrucción. Su clandestina metodología de captación de adeptos es a todas luces ilícita y provoca en ellos reacciones violentas que conducen a que las víctimas desvaloricen a su propia familia en beneficio de la secta. Esto genera un gran rechazo social que la organización está, por ahora, preparada para resistir. Pero su crecimiento explosivo tiene necesariamente un límite natural. Esta forma de progresión es esencialmente antisocial e intolerable. Por cada adepto que el grupo capta también se gana de tres a cinco enemigos empezando por los miembros de la familia afectada. Si su crecimiento en adeptos es aritmético el de sus opositores es exponencial. Y si sus líderes no lo entienden así y no se moderan, al Sodalitium le queda poco tiempo de supervivencia.
Y por instinto de supervivencia la moderación se está dando. La laxitud y flexibilidad de las normas disciplinarias, el simulado mayor respeto a la inviolabilidad de la correspondencia de los adeptos (simulado porque los correos electrónicos de los adeptos van a un “inbox” corporativo antes de su emisión), la autorización para que algunos de sus adeptos incondicionales usen celular, la aparente disminución de los maltratos físicos a los confinados en San Bartolo, el permitir que algunos de sus miembros estudien carreras profesionales manteniéndose dentro de la organización, el aceptar con artificial alegría la visita de familiares de los adeptos en las casas de formación, el permitir al adepto realizar algunas visitas familiares sin una compañía vigilante son evidencias de que el Sodalitium quiere lograr aceptación social y estabilidad interna. Como dijo un adepto: “Aprendemos de nuestros errores”.
Los disidentes
Por otro lado, la salida el último año de conspicuos y representativos miembros del Sodalitium luego de varios años de permanencia dentro de la secta es otro síntoma inequívoco de su pérdida de influencia y de la disconformidad y desencanto de los miembros dentro de la organización. Es muy probable que la pérdida del intelectualoide Doig le haya restado carisma al grupo disminuyéndole el potencial creador de literatura pseudocientífica y anulando gran parte del atractivo para las generaciones captadas y las otras por captar. Fueron patéticos los casos de una promoción del Colegio Max Uhle en la que 8 de sus miembros se consagraron sodálites y el de otra promoción del Colegio Santa María en la que seis alumnos corrieron igual suerte. ¿Simple coincidencia? ¿Vocaciones de santidad? ¡No seamos ingenuos. Ya conocemos las técnicas de control mental!
Evidentemente, ante la falta de consciencia social y de información médica del problema sectario, muchos de estos ex miembros viven lo que en la secta sodálite llaman “vocación para el matrimonio” procreando más adeptos sin control de natalidad y continuando con el elogio a sus ex-captores en un estado de secta-dependencia que, al igual como sucede con el Síndrome de Estocolmo, solamente podrán superar con una rehabilitación psicológica cuya gran necesidad ignoran. Algunos nombres son Pedro Salinas Chacaltana, José Enrique Escardó Steck, Armando Llaza, Luis Fernando Odiaga Arispe, Verónica Bustamante Rey de Castro, los hermanos Antonio y Nicolás Ramírez Mejía, y más recientemente Andrés Orams Bustamante, Gustavo Cesti, Luis Graña, Juan Andrés Maura Pessagno y José Sam, entre muchos otros.
La figura y el destino del “fundador”
Finalmente, hay que prestar mucha atención a la figura del fundador.
Se puede, sin problemas, hacer un paralelo entre Luis Fernando Figari y Vladimiro Montesinos: Son dos personajes coincidentes. Existen sorprendentes similitudes en sus personalidades megalómanas, su influencia marcadamente inhibitoria, su narcisismo maligno, su carácter de tipo autoritario, sus tendencias sadomasoquistas, su personalidad paranoide, su carencia de todo sentido moral y de consciencia, su creencia de ser dueños de la verdad absoluta, su pretensión de ejercer un poder superior, su figura perversa, fanática, intolerante y frustrada, su verborrea y aparente erudición en los temas que abordan.
Llama poderosamente la atención cómo un cuestionado y oscuro personaje que no es sacerdote -un simple laico- puede congregar y presidir en eventos religiosos sodálites a gran parte de la jerarquía del clero peruano, latinoamericano y a veces romano, constituirse en el anfitrión y en el orador central, ser reconocido y venerado por las autoridades eclesiásticas católicas y merecer un trato cordial, deferente y casi familiar de parte del actual cardenal del Perú Juan Luis Cipriani.
Lo mismo sucedió con Vladimiro Montesinos -un simple ex capitán y despreciable traidor a la patria- y la cúpula militar a la cual él dominaba y utilizaba para sus fines protervos; Montesinos recibió magnos honores por parte de las Fuerzas Armadas del Perú, las cuales manejó a su antojo y las aprovechó para apropiarse de los recursos económicos del país en su beneficio. Por otro lado recibió un trato tolerante y extremadamente preferencial del ex presidente Fujimori.
¿Será que Figari conoce demasiado bien de la corrupción de la Iglesia Católica y utiliza esos elementos y esa información para ventaja particular de su organización? ¿Será Figari otro “humilde” y oculto super-asesor de la alta jerarquía clerical? ¿Terminarán también por cansarse de tanto abuso los adeptos o los religiosos de base que en un inicio aparentan actuar como sus incondicionales? ¿Así como ambos personajes han tenido como objetivos el hacerse de poder y de dinero, tendrán Figari y Montesinos un final común? ¿Acabarán ambos sujetos en una celda de alta seguridad?
La salud del fundador no es de las óptimas y debe preverse su desaparición a no muy largo plazo, pero sentarnos tranquilos a esperar otro hecho fortuito e ignorar los recursos de Figari sería un grave error. Confiar pasivamente en el desarrollo de la historia natural de la secta también. Sin embargo, a pesar de la frustrante indiferencia social, ante la andanada de evidencias que se dan, tenemos la convicción de que la razón y la justicia se impondrán sobre el fanatismo.
Ya lo dijo César Hildebrandt, en un genial, premonitor y crudo editorial:
“Detrás de toda dictadura hay, en el fondo, una apropiación ilícita” (-y el totalitarismo sodálite se apodera de las mentes de nuestros hijos-). En efecto, cada sátrapa que en el mundo ha sido -de izquierda o de derecha- ha creído siempre que el mundo donde nació le pertenece y que sus prójimos nacieron para súbditos y su propia voz sólo para dar órdenes. ¿De dónde vienen esa visión demente y esa voracidad? ¿Cómo se puede ser tan ridículo? ¿De qué fibra están hechos esos egos elefantiásicos? Primero se promete el paraíso. Después se apela al infierno para construir el paraíso. Y como se apela al infierno, los enemigos, que nunca fueron pocos, aumentan. Y como aumentan, crece el infierno. Y al crecer el infierno la hostilidad amenaza al tirano cada vez más. Por lo que ya no es posible salir en paz del poder que se capturó como a una presa.”.
“Al final -como le pasó a Franco, como le sucedió a Pinochet- el sátrapa creerá que su obra es inamovible y su contrato social insuperable. ¡Pobres diablos! Lo primero que les pasa cuando mueren es que hay un suspiro de alivio. Luego viene el olvido sañudo y el justiprecio. Y ellos que se creían mega valores, terminan costando lo que fueron, abortos de la voluntad, casos psiquiátricos, un surtido de vicios. Todos terminan, metafóricamente, en aquel palacio patriarcal donde las vacas se pasean entre cortinas desgarradas. Todos tienen un Macondo en el alma y una bananera en el designio. En resumen, no hay nada peor que alguien que se tome demasiado en serio. De allí al crimen solo media una utopía, un sueño de felicidad para los otros, un carisma.”
Revelador2
12-07-2003, 07:28 PM
De:
http://sectas.catholic.net/Fichas/ficha26.htm
AEMINPU
Denominación:Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal
Nuevo Pacto Universal
Israel del Nuevo Pacto Universal
Clasificación:Grupo sincrético de origen católico
Fundador:Ezequiel Ataucusi Gamoal
Lugar de Origen:Perú
Fecha:1955
Síntesis DoctrinalSu doctrina es un sincretismo que toma elementos de
las tradiciones incaicas, la fe católica y otras fuentes cristianas, a
la vez que muestra una tendencia claramente judaizante.
Afirma que la Iglesia Católica abandonó el verdadero camino tras la
firma del edicto de Constantino, con lo que la humanidad habría
ingresado en un período de oscuridad hasta 1955, cuando Ezequiel Atacusi
recibió de Dios la revelación de sus planes para restaurar la Alianza
con el hombre.
Perú es el escenario del Nuevo Pacto y del Nuevo Pueblo elegido de la
Alianza.
Sostienen que la dinastía cuzqueña y la incaica habrían recibido la
revelación de la verdad, por lo que habrían practicado un cristianismo
camuflado de religión solar.
También ellos habrían recibido su propio Decálogo, que estaría guardado
en Huayna Picchu.
Creen en Jesucristo como Hijo de Dios, y que Ezequiel Atacusi es su
reencarnación, lo que hace al líder objeto de un culto y adoración
particulares. Él sería la epifanía del Espíritu Santo.
Sostienen que Aracusi morirá crucificado luego de predicar 1260 días
como Cristo, y resucitará de modo irrefutable. Habrá un paraíso de 1000
años. Luego del milenio serían llevados en carros de fuego a otros
planetas.
Para prepararse para esa persecución final migran semanalmente en
pequeños grupos para internarse en la selva amazónica peruana. La
peregrinación final será hacia un lugar sólo conocido por Atacusi.
Hacen voto de no cortarse el pelo, visten túnicas, y tienden a
desempeñar profesiones liberales. Tienen un calendario festivo propio.
No consumen alcohol,. tabaco o alimentos "impuros".
DifusiónPerú - Argentina - Bolivia - Brasil - Chile - Colombia - Costa
Rica - Ecuador
Grupos derivadosFrente Popular Agrícola del Perú (Partido Político)
Jacobitas o Israel Espiritual
Congregación de Jehová o Pueblo de Dios
Chileno avisor
12-08-2003, 05:49 PM
Gurú bajo sospecha
Luis Fernando Figari es el "Fundador" del Sodalicio, un movimiento
católico peruano reconocido por la Santa Sede, que comienza a hacerse
notar en Chile. Pero los seguidores ignoran su pasado y las denuncias en
su contra por destrucción de familias.
Ana María Cortez
El creador de Sodalicio, Luis Fernando Figari, durante su
último encuentro con el Papa Juan Pablo II.
(Foto: Agencias)
Los laicos Alessandro Moroni y José Salazar en la construcción
de la capilla Madre de los Apóstoles, en Maipú.
(Foto: Susan Lasen)
Los rostros del movimiento
Movimiento de vida cristiana: Agrupación nacida en 1985 y
fundada por Luis Figari. Se define como un espacio de
encuentro en el que se busca experimentar una auténtica y
comprometida vida cristiana.
Siervas del Plan de Dios: Comunidad de religiosas consagradas
creada en 1998 por Figari. A Chile llegaron dos religiosas
hace sólo unos meses, y colaboran en la Fundación Las Rosas.
Encuentros Juveniles: Se trata de congresos internacionales de
estudiantes católicos, que se realizan cada año en diversas
ciudades del subcontinente.
Fraternidad Mariana de la Reconciliación: Asociación religiosa
femenina cuyas integrantes están consagradas al apostolado. No
usan hábito pero, tal como las Siervas del Plan de Dios, son
célibes y viven en comunidad.
Familia de Nazaret: Grupo formado por parejas de diversas
edades que desean profundizar en la vivencia de su matrimonio
como un camino de santidad. Se reúnen semanalmente y "forman a
sus hijos en respeto y libertad".
Emaús: Agrupación de hombres adultos, quienes se juntan a
vivir "más intensamente el aprendizaje de la vida cristiana".
Escuchan la Palabra y discuten acerca de Ella.
Agrupaciones Marianas: Son grupos de jóvenes, hombres y
mujeres, que desean madurar en su compromiso con Dios. En cada
una participan entre 5 y 12 jóvenes, que con un guía, se
forman en las verdades de la fe.
Coordinadora Universitaria: Se encarga de vincular grupos
universitarios del Movimiento de Vida Cristiana. Se trata de
jóvenes que generan actividades que promuevan su fe en las
universidades y en el mundo de la cultura.
Betania: Grupos de mujeres adultas que se reúnen a profundizar
en la fe y a orar. Tienen a su cargo actividades apostólicas y
de acción social.
Solidaridad en Marcha: Se trata de grupos de personas que
trabajan con los pobres y necesitados de las ciudades en que
viven, muchos de ellos compartiendo sus entornos sociales y
económicos.
Es un movimiento religioso. En Chile está presente en colegios de elite y
realiza un destacado trabajo pastoral y evangelizador en sectores de menos
recursos. Tiene un fundador y cuenta con la aprobación de la Santa Sede.
¿Su nombre? El Sodalicio.
En Perú, de donde es originaria, esta agrupación tiene más de 14 mil
fieles. Otros 10 mil la siguen en Colombia, cinco mil en Argentina y
Brasil, mientras en Ecuador, Estados Unidos y Chile recién hace sus
primeras armas.
Por las calles de Maipú, es ya común ver a sus miembros recorriendo
distintos sectores habitacionales haciendo puerta a puerta e invitando a
la gente a visitar la capilla Madre de los Apóstoles, cuya construcción ha
sido financiada por la misma población del sector. "La gente llegaba con
los 75 pesos que cuesta cada ladrillo a hacer su donación, lo que era muy
emocionante", cuenta Alessandro Moroni, un laico consagrado y superior del
Sodalicio en Santiago. Junto a José Salazar, también laico consagrado, han
debido disputar "en desventaja" un territorio donde la iglesia evangélica
ha crecido ampliamente en los últimos años.
Mientras, en colegios como el Apoquindo Masculino, el Craighouse o el
Liceo Manuel de Salas, el Sodalicio realiza labores catequísticas y
pastorales. Estas últimas tienen su máxima expresión en los encuentros
Convivio, a los que asisten jóvenes de todo el subcontinente, y a los que
los nacionales se plegaron hace unos tres años.
Oficialmente son una sociedad de vida apostólica, cuyo nombre exacto es
Sodalitium Christianae Vitae y que nació en 1971. Su organización es
bastante compleja, pues cuenta con 10 asociaciones dependientes de una
central, el Movimiento de Vida Cristiana (ver recuadro). Tampoco es simple
pertenecer al Sodalicio. Hay que ser invitado y, tras un período de un año
de aspirantazgo, viajar a perfeccionarse a Perú para decidir
posteriormente entre ser laico consagrado (célibe) o sacerdote (diocesano,
pues no son una orden). Todavía no hay chilenos en esas condiciones.
No así, obviamente, en Perú, donde el movimiento genera tanto amor como
desconfianza. Los padres de los postulantes a ser Sodálite se dividen
entre quienes están felices y orgullosos, y los que viven con una gran
tristeza por haber "perdido un hijo". El fundador, Luis Fernando Figari,
es visto como un hombre santo por sus seguidores, mientras sus detractores
e investigaciones periodísticas lo acusan de haber fundado e integrado
grupos de inspiración ultranacionalista.
"Mitad monje, mitad soldado"
El jueves 3 de abril, Figari se reunió por primera vez en Chile con sus
seguidores y otros 500 invitados en CasaPiedra, en un encuentro en que dio
a conocer los postulados de la Familia Sodálite. Según Moroni, fue una
reunión grata, en la que Figari se sintió cómodo y la audiencia recibió de
muy buena forma su exposición sobre la misión del movimiento en la
evangelización de los jóvenes y las familias. De hecho, aseguran que desde
que llegaron a Chile, en 1999, invitados por el arzobispo Francisco Javier
Errázuriz, han sentido en carne propia aquello de que "y sabrás cómo
quieren en Chile al amigo cuando es forastero".
Como no tenían dónde llegar, Moroni cuenta que el Arzobispado les facilitó
una casa que pertenece a la Congregación Preciosa Sangre, en Ñuñoa,
mientras consiguen un lugar definitivo. Desde ahí, coordinan su trabajo
pastoral en los colegios, incluido el ÓHiggins de Maipú. Moroni relata que
fue en el Arzobispado donde les delegaron la misión de trabajar
pastoralmente en el sector poniente de esa comuna, a petición del párroco
Javier Vergara, que no daba abasto frente al crecimiento de la población.
Es allí donde están construyendo su "Casa de consagrados", en un terreno
conseguido gracias a la ayuda del Arzobispado.
Pero si la presencia del Sodalicio en Chile era aún desconocida, el
currículo completo de su fundador es un capítulo ignorado incluso por
varios de sus nuevos seguidores. Para ellos, la figura del laico
consagrado Luis Fernando Figari se asemeja mucho a la de un profeta, que
para todo tiene una visión, un comentario y una lección. Así se puede
comprobar en su página web, donde se ofrece conocer sus escritos: "Uno
para cada día".
Donde el movimiento no es desconocido es en Perú. Allí han recibido el
apelativo de "secta católica" de parte de quienes han integrado sus filas
y se han descolgado de ellas. Diego Fernández-Stoll es un periodista
peruano que investigó las reuniones del movimiento con sus aspirantes, e
intentó grabar y tomar fotografías: "Los seguí hasta un sector que se
llama San Bartolo, donde tienen casas comunitarias fuera del alcance
visual de la gente. Su idea es ser 'mitad monje, mitad soldadó, por lo que
además de los estudios teológicos, siguen un duro entrenamiento físico.
Durante las madrugadas salen a nadar en ese balneario donde pasan uno o
dos años de preparación". Como fue sorprendido mientras captaba las
imágenes, Fernández-Stoll tuvo un incidente con los sodálites.
Según cuenta Luis Eduardo Cisneros, ex alumno del colegio Santa María de
Lima (que alberga a alumnos de la elite peruana) y quien perteneció a las
filas del Sodalicio, Figari era considerado "un ser casi mitificado, capaz
de saber lo que uno pensaba con sólo mirarlo a los ojos... conocerlo a él
era como conocer al Dalai Lama". Cisneros fue captado a los 15 años a
través de un primo. Un día, éste lo pasó a buscar en un auto con otros
amigos y un hombre mayor. Lo invitaban a jugar baby fútbol. Eso se hizo
habitual, y su familia vio con buenos ojos que saliera a pasarlo bien de
manera sana. Pero, lentamente, su vida comenzó a centrarse en ese grupo.
"Se llega a un punto en que uno ya no se siente parte de la familia porque
te das cuenta que tienes vínculos más profundos con el Sodalicio".
"Te vas identificando cada vez más con ellos. Yo recuerdo que en los
retiros se escuchaba la frase de que tu vida, como la habías vivido hasta
antes del Sodalicio, había sido impía, impura y que sólo_Cristo, a través
del Sodalicio, es la salvación. Te hacen renegar de todo lo que creíste y
fuiste antes, de manera que te alejas de tu familia", dice.
Eduardo Alt es padre de Axel, un muchacho al que ve sólo una vez al año,
pues se encuentra en una comunidad Sodálite. Cuenta que, en el caso de su
hijo, la metodología del grupo fue investigar la vida de la familia para
encontrar posibles puntos flacos y utilizarlos como herramienta para
manejar la adaptación del chico al grupo. Como en su caso se trata de una
pareja agnóstica, una vez que Axel fue captado por los Sodálite, comenzó a
cuestionar seriamente a sus padres hasta que se fue a vivir a una
comunidad. Por ello, Eduardo presentó una querella por destrucción de
familia contra la agrupación. Y no es el primero. De hecho hay otras 58
denuncias presentadas en los tribunales peruanos en contra de la
agrupación, desde principios de los '90 y en localidades tan distantes
como Arequipa o Ayacucho. Claro que Alt es el único de los demandantes que
se ha atrevido a aparecer públicamente desafiando el poder de Figari y sus
seguidores. La otra cara visible de la oposición al Sodalicio es la de
Cisneros, quien, aunque fuera de tribunales, ha llevado la voz de quienes
se han descolgado de la agrupación.
Consultado por Qué Pasa sobre este tipo de acusaciones, Moroni explica que
si la familia dice perder a un hijo el problema no es del Sodalicio, sino
de la familia.
Más allá de que aún las acusaciones no hayan tenido avances sustantivos en
la justicia, a nivel público Figari recibió un gran espaldarazo en 1997, a
26 años de la fundación del movimiento, cuando el Sodalicio fue reconocido
oficialmente por la Santa Sede. Según la Congregación para los Institutos
de Vida Consagrada del Vaticano, se trata de una comunidad "cuyos miembros
sin votos religiosos buscan la perfección de la caridad por la observancia
de las constituciones". El problema es, según Florencia Lineros, de la
revista Gente Perú, que "la Iglesia no tomó en cuenta el turbio pasado de
su fundador".
En la página web del movimiento, la biografía de Figari apunta que fue
alumno del Instituto Santa María de Lima y de la Universidad Católica del
Perú, donde cursó Humanidades y Derecho. Se hace un desglose de los grupos
católicos que formó, pero no se menciona siquiera que en 1968 fue fundador
del grupo "Escalones Juveniles Nacionalistas", y que junto a Francisco
Antonio Tudela, vicepresidente de Perú en el gobierno de Alberto Fujimori,
fundó la sede peruana del grupo Tradición, Familia y Propiedad (Fiducia).
De hecho, junto a otros estudiantes de la Católica, creó la revista
"Tradición y Acción", donde llamaban a "rescatar los valores más elevados
de la patria peruana". A pesar del pasado oscuro que se atribuye a Figari
en Perú, Moroni, el máximo representante del Sodalicio en Chile, le resta
importancia y evita hacer cualquier comentario.
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Exsodalite
12-14-2003, 08:02 PM
Los misterios del Sodalicio
Escribe Diego Fernández-Stoll / agenciaperu.com
Para muchas familias creyentes, tener un hijo cura es una
bendición. Pero, ¿qué sentiría usted si su hijo, siendo aún
menor de edad, se acerca a usted a contarle de abandonar el
hogar paterno porque ha tomado la decisión de entregar su vida
a Dios?
El que un adolescente tome una decisión así de importante a
tan temprana edad podría ser considerado como un enorme acto
de fe y coraje. Lo cuestionable del asunto sería la posible
motivación del muchacho, muy común en todo púber: la necesidad
de pertenencia a un grupo.
El grupo bien podría sera el exclusivo Sodalicio de Vida
Cristiana, movimiento apostólico que actúa bajo la tutela del
arzobispado y se dedica a reclutar jóvenes de, usualmente,
alto status social que busquen el camino de la santidad,
convirtiéndose en laicos consagrados o sacerdotes.
INICIOS TURBULENTOS
El Sodalicio de Vida Cristiana fue fundado en Lima por el
laico Luis Felipe Figari en 1971. Se inspiró en la doctrina
del beato fundador de los marianistas Guillermo José
Chaminade, y se basó principalmente en el capítulo 10 del
evangelio según San Mateo. Para su propósito de reunir un
grupo selecto de apóstoles, Figari no tuvo que ir muy lejos.
En el colegio Santa María buscó a los jóvenes con mejor nivel
intelectual y razgos de liderazgo.
Laico Luis Felipe Figari fundó su movimiento de las
canteras del Santa María.
La promoción de 1973 del Santa María vio salir de sus filas a
varios de los actuales líderes de Sodalicio; Emilio Garruad,
Jose Antonio Euguren, Luis Capeletti, y una decena de
adherentes con miras a la santidad. Entre ellos estaba Victor
Zar, ahora retirado del movimiento.
Zar tuvo problemas con el sodalicio desde sus inicios. Fue
separado del movimiento hasta dos veces por negarse a asistir
a un retiro, y fue llamado mal cristiano por no ser capaz de
convertir a su enamorada.
Según Zar, el accionar de Figari, para ese entonces, ya
incomodaba a los marianistas. Para escoger a sus jóvenes
seguidores, que cursaban cuarto y quinto de media, accedió a
los expedientes de notas, escogiendo a los alumnos más
destacados. Después de todo, el movimiento había sido
concebido con altas tendencias intelectuales. Había algunas
lecturas obligatorias aparte de la Biblia, desde "El
Siddharta" de Hesse hasta "La Iglesia y el Orden Temporal" de
Octavio Derisi. Pero no sólo había controles de lectura;
Figari también hacía un control de amigos. Zar fue prohibido
de ver a algunas de sus amistades.
Poco después, el mesianismo, poder de convencimiento y gran
capacidad de levantar vocaciones produejeron un cisma entre
los marianistas y Figari, por lo que este último fue separado
del colegio.
Luis Eduardo Cisnero, ex sodálite: "sus métodos son
psicológicamente poco éticos".
FAMILIAS SEPARADAS
Luis Eduardo Cisneros es un joven ex alumno del Santa María,
egresado en el año 1997, que perteneció a las filas del
sodalicio. Él también tuvo la oportunidad de conocer a Figari.
La percepción que se tiene en el Sodalicio de hoy, acerca de
este personaje, no dista mucho de la que se tenía en los
setenta: un individuo mitificado, casi con poderes mentales,
capaz de saber lo que uno piensa con sólo mirarlo a los ojos.
"Era como conocer al Dalai Lama", explica Cisneros.
Eduardo Alt es un empresario exitoso. Pero siente que su vida
está incompleta. Su hijo Axel fue captado por el sodalicio a
los dieciséis años. Se le acercaron en un balneario del sur,
invitándolo a jugar fulbito. La familia no notó nada extraño
hasta que el joven empezó a cuestionar seriamente el accionar
de la familia, así como su posición ante la religión. Los
padres de Axel son agnósticos y se casaron a una edad muy
joven, dos aspectos que el muchacho empezó a criticar
constantemente.
Así como Axel, Luis Eduardo fue captado a los quince años, por
medio de un primo suyo. Un día, su primo lo pasó a recoger en
un carro, junto a otros dos muchachos adolescentes, que era
conducido por un individuo mayor con barba. Estaban yendo a
jugar fulbito. Así empezó a frecuentarlos. Como todo
adolescente, Luis Eduardo buscaba una identidad, afecto e
independencia de sus padres. El grupo le ofrecía todo esto,
además de un ambiente en el cual se cultivaba el intelecto y
una visión menos superficial de la vida. Lentamente su mundo
empezó a centrarse en este grupo. "Se llega un punto en el
cual ya uno no se siente parte de la familia porque se da
cuenta de que tiene vínculos más profundos con el Sodalicio
que con la familia", afirma.
Eduardo Alt se ha resignado a ver a su hijo Axel,
captado por los sodálites, sólo algunos fines de semana.
Esta situación no es nueva, Victor Zar aseguró a
agenciaperu.com que los problemas en el núcleo familiar han
sido siempre cosa común en el Sodalicio y que su padre, un
católico practicante, se enfrentó abiertamente a Figari por
pretender transgredir la jerarquía dentro del colegio.
Eduardo Alt, por su lado, observó en el caso de su hijo que la
metodología del grupo es investigar cuál ha sido la vida
pasada de la familia para encontrar posibles puntos flacos y
utilizarlos como herramienta para manejar la adaptación de
estos chicos a su grupo.
Luis Eduardo rememora lo que él percibió como la etapa final
de la captación: "Te vas identificando cada vez más con esta
gente y te vas identificando cada vez menos con el mundo (…).
En los retiros, lo que yo me acuerdo que veía mucho era el
discurso de que la vida como la has llevado hasta ese momento
es una vida impía, impura, pecadora; y que solamente Cristo,
que tiene sus representante en el Sodalicio, -porque ellos son
en alguna medida representantes de la verdad- son tu única
salvación." Entonces, se habla de dejar atrás el hombre viejo,
e incluso se lleva a cabo un ritual en los retiros en el que
se quema un muñeco de trapo que representa esa vida dejada
atrás.
En San Bartolo, los jóvenes sodálites pasan uno o dos
años de preparación.
RIGORES FÍSICOS EXTREMOS
Agenciaperu.com confirmó que los sodálites en etapa de
formación se someten a ciertos rigores físicos en las casas
comunitarias con las que cuentan en San Bartolo. Según José
Enrique Escardó, director de la revista Gente y ex adherente
al Sodalitium, que fue entrevistado por Cecilia Valenzuela en
el programa Entre Líneas de Canal N, esto es porque buscan ser
una especie de milicia.
Escardó citó una frase de San Ignacio de Loyola que ellos
utilizan: ser mitad monjes y mitad soldados. Durante las
madrugadas, por ejemplo, salen a nadar en el mar de este
balneario donde generalmente pasan uno o dos años de
preparación.
La confusión y sufrimiento son algo que, según Escardó, serían
frecuentes para los jóvenes que atraviesan la etapa de
formación en las casas comunitarias. El director de Gente ha
descrito, en una serie de artículos de su revista, algunos
maltratos sicológicos y físicos a los que se les sometía.
José Enrique Escardó ha denunciado a los sodálites en
repetidas oportunidades en la revista Gente.
Durante el programa Entre Líneas, Escardó describió en detalle
cómo se le obligó a dormir varias noches en una escalera de
mármol y cómo le hicieron esconderse en el baño cuando su
madre fue a visitarlo. También se le puso una cuchilla al
cuello y se le ordenó que empujase, ante lo que confiesa que
no pudo contener las lágrimas. Luego de esto se le llevó ante
una imagen de la Virgen María y se le cuestionó porque no
confiaba en sus superiores.
Cuando todo esto se volvió insoportable, Escardó decidió
escapar. Preparó su maleta, dijo que iba a lavar los platos, y
esperó a que todos durmiesen, para subirse a un taxi y
regresar a Lima, llorando durante todo el trayecto.
CUESTIONABLES MÉTODOS
Los sodalites muestran rasgos de fanatismo hasta el
extremo en que todos se visten muy parecido.
Luis Eduardo Cisneros se retiró del Sodalicio luego de darse
cuenta de que no tenía una vocación y percibir lo que el
describe como "un método psicológicamente poco ético de
captación". En una oportunidad, poco después de retirarse, fue
invitado por unos amigos de barrio a una fiesta. Era un
momento en el que se hallaba muy confundido, por lo que la
situación le pareció sumamente incómoda. Luis Eduardo recuerd
que al día siguiente, abrió los ojos y vio lo que al principio
pensó que era una alucinación paranoica, producto de la
resaca: tenía enfrente a un sodálite. Un joven amigo suyo,
vestido con camisa y pantalón de tela -casi un uniforme en el
Sodalicio- lo estaba mirando al pie de su cama.
Todos aquellos que brindaron su testimonio para este artículo,
consideran que en el Sodalicio hay gente con verdadera
vocación por una vida sacerdotal. No obstante, agenciaperu.com
conoce el caso de varias familias que, como los Alt,
consideran que sus hijos les fueron arrebatados a una edad
demasiado temprana como para tomar tan importante decisión.
Muchas de ellas prefieren mantenerse en reserva por tratarse
de católicos que no quieren entrar en mayor conflicto con la
Iglesia.
Los misterios del Sodalicio
CRÓNICA DE LA CULPA, una aclaración
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Anonymous
12-18-2003, 08:49 PM
CÓMO DETERMINAR SI UN GRUPO ES UN CULTO DESTRUCTIVO
Traducido por David García
P) Cualquiera puede atacar injustamente a un grupo con el cual ellos discrepen llamándolos un culto o diciendo que ellos están usando el control mental coercitivo. ¿Cómo FACTNet previenen este tipo de problema y justamente determina si el grupo es o no un culto?
R) FACTNet usa unos criterios específicos para determinar si un sistema de control mental se ha usado, y no sugiere que tales organizaciones sean un culto destructivo o peligroso sin una investigación cuidadosa y una determinación cual la evidencia encaje al criterio definido. Éstos criterios son triple.
La primera serie de criterios viene del grupo' el uso específico de una serie de tácticas de control mental. Por favor vea en inglés "A technical overview of mind control tactics" [" Una apreciación completa de las tácticas de control mental"] en: http://www.factnet.org/rancho1.htm para detalles o vea para una versión más corta: http://www.factnet.org/coercivemindcontrol.html Estos dos documentos se derivan del trabajo de la Dra. Margaret Singer profesora emérita en la Universidad de California en Berkeley la autoridad principal reconocida en el mundo en el control mental y los cultos.
La segunda serie de criterios tiene que ver con definir otros elementos comúnes del sistema de control mental, como es definido por Robert Jay Lifton en el modelo de ocho puntos de la reformación del pensamiento. Por favor también vea "Robert Jay Lifton's Eight Point Model of Thought Reform" ["Modelo de Ocho Puntos de Reformación del Pensamiento"] en: http://www.factnet.org/rancho1.htm Si la mayoría de los puntos en este modelo están usándose en una organización tipo culto, es muy probable que es un culto peligroso y destructivo.
La tercera serie de criterio tiene que ver con definir elementos comúnes de cultos destructivos y peligrosos. La sección siguiente ayudará a clarificar lo que algunos de esos elementos específicos y criterio son.
Las Propiedades comúnes de Cultos Potencialmente Destructivos y Peligrosos
El culto es autoritario en su estructura de poder. El líder es considerado como la autoridad suprema. Él o ella pueden delegar cierto poder a unos cuantos subordinados con el propósito de que estos vean que los miembros se adhieren a los deseos y las prácticas del líder. No hay ningún sistema de apelación fuera de ellos a un sistema superior de justicia. Por ejemplo, sí un maestro escolar siente que ha sido tratado injustamente por el principal, puede hacer una apelación. En un culto, el líder reclama tener la única y final decisión en todos los asuntos.
Los líderes del culto tienden a ser carismáticos, determinados, y dominantes. Ellos persuaden a sus seguidores a abandonar sus familiares, trabajos, carreras, y amigos para seguirlos. Ellos (no el individuo) entonces toman control sobre las posesiones, el dinero, y las vidas de sus seguidores.
Los líderes de los cultos son personas que sé auto-eligen, mesiánicos que reclaman tener una misión especial en la vida. Por ejemplo, los líderes de cultos sobre platillos voladores reclaman que las personas del espacio exterior los han comisionado para llevar a las personas a lugares especiales a esperar una nave espacial.
Los líderes de los cultos centran la veneración de los miembros en ellos. Los Sacerdotes, rabinos, ministros, los líderes democráticos, y los líderes de movimientos genuinamente altruistas mantienen la veneración de los seguidores enfocada en Dios, los principios abstractos, y los propósitos de grupo. En contraste, los líderes de un culto, mantienen el enfoque de amor, la devoción, y obediencia sobre ellos.
El culto tiende a ser totalitario en el control de la conducta de sus miembros. Es muy probable que los cultos dicten en gran detalle qué sus miembros comen, cómo se visten, cuándo y dónde ellos trabajan, duerma, se bañan y también qué creer, pensar, y decir.
El culto tiende a tener un doble juego de éticas. Se le instan a los miembros que sean abiertos y honrado dentro del grupo, y confiesen todo a sus líderes. Por otro lado, les animan engañar y manipular a los de afuera o que no son miembros. Las religiones establecidas les enseñan a sus miembros a ser honrados y verídicos con todos, y mantenerse en una sola postura ética.
Los cultos básicamente tienen sólo dos propósitos, reclutar nuevos miembros y el recaudar fondos. Las religiones establecidas y los movimientos altruistas pueden reclutar nuevos miembros y recaudar fondos. Sin embargo, su único propósito no es el crecer más; sino que estos grupos tienen como metas mejorar las vidas de sus miembros y de la humanidad en general. Los cultos pueden reclamar que hacen contribuciones sociales, pero en la realidad éstas siguen siendo sólo meras reclamaciones, o gestos nada más. Su enfoque siempre se domina por el reclutamiento de nuevos miembros y las recaudaciones de fondos.
Los cultos aparentan ser innovadores y exclusivos. El líder reclama que está rompiendo con la tradición, ofreciendo algo innovador, e instituyendo el único sistema viable para cambios que resolverá los problemas de vida o las heridas del mundo. Mientras reclaman esto, el culto entonces usa sus sistemas de coerción psicológica sobre los miembros para inhibir su habilidad para examinar la validez real de las demandas del líder y del culto.
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